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Historia de la Medicina en Salta

Antecedentes Precolombinos:

Sobre la medicina prehispánica del Noroeste argentino, se ha trabajado mucho desde el campo de la antropología, existiendo una rama especial llamada etnomedicina y constituyendo en la actualidad un patrimonio cultural muy importante. Este patrimonio se lo concibe con el nombre de “Medicina Tradicional de los Pueblos Preexistentes”.
Si bien estuvo  ligada a prácticas religiosas y mágicas, pero fuertemente sustentada sobre el saber empírico, manejada  por los shamanes y curadores, con un amplio conocimiento de la herboristería local. En general, no existe una separación entre naturaleza y cultura, orden natural y orden social, individuo y sociedad. Numerosas enfermedades del cuerpo serían el resultado de desequilibrios en lo sobrenatural y de un deterioro en la relación entre el individuo y la naturaleza. Los pueblos indígenas no solo pensaban el mundo, lo sentían; y hasta hoy estas culturas consideran al mundo como un organismo, con componentes relacionados que se necesitan unos a otros.
Según Daniel López Hernández 1. La Medicina tradicional de los pueblos indígenas de Sudamérica gozaban de muy buena salud gracias a la práctica de la medicina preventiva. Fundamentalmente el cuidado de la higiene y la buena alimentación.
Un ejemplo es el uso de plantas conocidas desde generaciones anteriores, muchas veces no sólo en su concepción bioquímica, sino por su poder energético vital. Como ejemplos concretos citaremos la hoja del eucalipto que se usaba en problemas respiratorios; el “pelo” del maíz tierno, como diurético en los casos que se deben eliminar líquidos; los pétalos de flores, en infusiones para relajación e incluso para regulaciones orgánicas.
La hoja de coca es milenaria y la podemos encontrar presente en todas las culturas americanas dando energía y vitalidad.
Conocían las propiedades del JENGIBRE que se usaba en estas culturas como analgésico/antiinflamatorio, además de acabar con las náuseas, gracias a la presencia de fenoles y gingeroles en su raíz.
Tenían conocimiento de la TELA DE ARAÑA: que se usa en los pueblos indígenas como coagulante. Al producirse una herida o corte, se aplica un pedazo de esta sustancia resistente y pegajosa sobre la zona de sangrado, coagulando la sangre y acelerando el proceso de cicatrización. Está demostrado también que posee propiedades antibióticas.
Entre otras fuentes naturales tenemos a la CHIRIMOYA: esta fruta que está presente en las culturas del Norte Argentino, y su nombre significa ¨semillas frías¨, ya que germina a elevadas altitudes. Tiene una infinidad de propiedades beneficiosas para la salud: refuerza la memoria, reduce el estrés diario, se digiere con facilidad debido a la cantidad de enzimas hidrolíticas que contiene, además de vitamina C, proteínas, azúcares, fósforo, antioxidantes, además con propiedades anticancerígenas.
Entre otros pueden mencionarse: ajenjo, cedrón, cepacaballo, yerba de sapo, paico, molle, barba y chivo, carcamanue, palán, muña muña, rica rica, etc. (Agüero Blanch 2).
No debemos olvidar la QUINUA y las Amarantacias que poseen 7 de los 12 aminoácidos esenciales para la supervivencia humana.

EL INCANATO

Hacia el siglo XV, el NOA fue anexado al Tawantinsuyo, pasando a formar parte del incanato del cual  tenemos mayores datos sobre sus prácticas medicinales, relacionado también a la magia y la religión, las enfermedades se suponían causadas por el "susto" o desprendimiento del espíritu del cuerpo; por un pecado,  un maleficio cometido por un brujo o laycas, etc. Los curanderos o pacos debían primero adivinar la causa del mal para después atacarlo con algazara mágica y yerbas medicinales. (Kaffman Doig). También practicaron ciertas intervenciones quirúrgicas que aún causan admiración, como las trepanaciones de cráneos, tanto para eliminar los fragmentos de hueso en una herida producida por contusión (en las escaramuzas o accidentes), como para liberar al enfermo de un espíritu que se había posesionado de él. Al lado del clásico "TUMI" o cuchillo de bronce en forma de T, se usó también instrumentos de gran dureza construidos con obsidiana. Estas trepanaciones no siempre fueron exitosas, pero en muchos casos es evidente que el paciente sanó después de la operación, ya que se observa un crecimiento óseo. Se supone que se practicó la anestesia echándose mano a la coca u otros vegetales.

Tumis Incaicos y objetos quirúrgicos

Vendas y gasas fueron conocidas desde el 300 de nuestra era. Las amputaciones se practicaban mucho por necesidad médica. Acomodaban los huesos fracturados con tablillas recubiertas con plumas y seda del fruto del "tasi" o "doca". Conocían los efectos de epidemias autóctonas como el paludismo, al que llamaban "ucho", que combatían empleando la corteza de la quina y quebracho blanco. (Kaffman Doig). No obstante, y pese a la negación de las culturas americanas, muchas prácticas y conocimientos de la medicina indígena mantienen hoy su pervivencia dentro de lo que se llama medicina popular o folclórica, entre curanderos y remedieras. Estas últimas, por lo general son mujeres y su afectuoso calificativo vino a reemplazar al de "Machi" o bruja, término empleado en algunos lugares hasta principios de siglo. Estos, para diagnosticar el "mal" lo hacen por observación directa al paciente, por fotos o mediante una ropa que haya sido usada por aquél, aunque también recurren a las "aguas", consistente en ver, a través de la orina la enfermedad que aqueja al enfermo. También puede mencionarse la "cura de palabra", la cura por ingestión de distintos productos vegetales, animales o minerales a los que se les atribuyen propiedades curativas consagradas por la tradición y que en la actualidad están siendo estudiadas científicamente, debido a sus probados efectos.

LA COLONIA

Con la conquista y los cambios de hábitos alimentarios es posible advertir en los documentos de las “pocas enfermedades como apoplejía y `gota'”, mientras que la cura se hacía alternando las recetas europeas y las subyacentes americanas. Los mismos hospitales solían contar con una huerta donde sembraban "yerbas medicinales para el alivio de los pobres enfermos".
Las Ordenanzas de Indias preveían "... que cuando se fundare o poblare alguna ciudad, villa o lugar, se pongan a los hospitales para pobres y enfermos de enfermedades que no sean contagiosas junto a las iglesias y por claustro de ellas y para enfermedades contagiosas en lugares levantados, y partes que ningún viento dañoso, pasando por los hospitales vaya a herir a las poblaciones…”3
Con el correr de los años entre los siglos XVI y XVII España orientó las raíces de la medicina general, instituida en base a los ensayos que sorprendieron  por su arrojo. A ello le valió el descubrimiento del Nuevo Mundo al conocer algunas drogas que se utilizaba en el Perú como: la jalapa, que servía de purgante; el bálsamo, como expectorante y cicatrizante y la quina para las fiebres.
El primer “hospitalito” que comenzó a funcionar en el actual territorio argentino fue en Santiago del Estero –“la madre de ciudades”- en 1555 a dos años de su fundación que funcionaba en un rancho de adobe crudo techado con paja como hospital.
En  el  año de la Fundación de Salta,  se menciona al primer médico español: Andrés Arteaga quien, en 1581, integró la caravana de vecinos de Santiago del Estero, sede de la Intendencia del Tucumán, que acompañó al Licenciado Hernando de Lerma para concretar el mandato de Toledo que se cristalizó el 16 de abril de 1582 de fundar una ciudad, fecha en quien el primer galeno comenzó a ejercer la medicina en Salta. Al año siguiente de la instalación de este poblado el maese Andrés –como se lo llamaba a los médicos práctico, idóneos- recibió del propio Lerma algunos solares, debió abandonar la región y exiliarse en Lima o Charcas perseguido por el conquistador.
Recién 12 de febrero de 1653 el Cabildo de Salta, a 71 años de la fundación dio cumplimiento a una disposición de Carlos V de octubre de 1541, mediante la cual se ordenaba “que en todos los pueblos españoles e indios… se funden hospitales donde sean curados los pobres enfermos y se ejercite la caridad cristiana”. De esta manera se instalaba una suerte de casucha que servía a tales fines atendido por dos mujeres y tres hombres de buena fe cristiana. A esta instancia, el historiador monseñor Miguel Ángel Vergara nos dice: “apareció un forastero que se titulaba de médico, el cual curaba a los enfermos cobrando elevados aranceles; pero lo que más había impresionado a los salteños de esa época fue que algunos quedaron peor después de las curaciones”.
Hasta 1750 las crónicas hablan de algunos médicos como Guillermo Aymar, Antonio Corbella, Juan Constans y el jesuita Mayr.
Vergara también comenta que en una visita canónica al Hospital de Salta (1726) por parte del Obispo Saricolea y Olea encuentra la documentación oficial sobre su administración “en pésimas condiciones” y que “el auto de visita –afirma Vergara- corrían rumores en Salta sobre que poseía en bienes y dinero hasta ochenta mil pesos; pero entonces apenas si llegaría a ocho mil”. A esta instancia no se pudo hacer un arqueo en razón que el Mayordomo del Hospital “San Andrés” se encontraba de viaje. Pero sí el prelado pudo constatar que los administradores distribuían los bienes a los pobres enfermos a domicilio y en provecho de sus allegados. Ante estas anomalías el Prelado suspendió tales donaciones, no siempre justas. Las irregularidades detectadas en Salta se repiten en todos los hospitales del Tucumán, situación que se informó al rey.

Entre 1765 a 1768 el Obispo Abad y Llana se dirigió al Monarca donde denuncia “la descomposición política en las Colonias en todas las regiones de América”.
Con respecto al nombre del Hospital el Procurador de la ciudad don Nicolás León de Ojeda afirma que en 1586 existía “con la advocación del Señor San Andrés en el paraje de la ermita vieja de nuestro Patrón San Bernardo con camas para hombres y mujeres…”.

Entre 1750 a 1810 en Salta se destacaban varios médicos que ejercitaban su ciencia de curar, cuyas biografías han sido publicadas por René Joaquín Lávaque:

  1. El Dr. Miguel García y García, médico y filósofo nacido en Murcia se radicó en Salta en 1776. Casó con Jerónima Castellanos Frías y tuvo cuatro hijos. En su biblioteca se encontraban además de textos de medicina, otros sobre química, física y ciencias naturales que da cuenta de su afección a la lectura y de su saber científico. Murió en 1799 y fue enterrado en la iglesia de la Merced.
  2. El Dr. Diego Beltrán Ladrón de Guevara Estaquero y Cuadrado, originario de Andalucía, residió en Salta desde 1785 hasta 1799, año en que murió soltero a los 50 años y fue enterrado en el convento de La Merced. Este caballero era médico y profesor de medicina.
  3. El Dr. Carlos Hurtado de Mendoza, licenciado, doctor y profesor de medicina, que tuvo importante actuación como facultativo.
  4. El Dr. Manuel Díaz de Corcuera que parece haber sido uno de los primeros en suministrar la vacuna contra la viruela y que actuó en Salta entre 1779 y 1808. Siguiendo con médicos, pero en este caso no originarios de España, se habían radicado en Salta en 1805 otros dos facultativos que figuraban como nacidos en Boston pero que en realidad se sabe hoy eran escoceses. Se trata de los doctores Robert Martín Miln4 y Joseph Todd5.

Otros Médicos que ejercieron en Salta durante el siglo XVIII

  1. Hermano Mayr, Jesuíta (médico y farmacéutico,  primera mitad del 1700).
  2. Serinsour, Alejandro Pablo (médico escocés, entre 1730 -1733).
  3. Lozano, Pedro (nació en Madrid el 16/09/1687 y falleció en Humahuaca el 8/02/1752).
  4. Corbella, Antonio (médico español, con breve estadía en nuestra Provincia).
  5. Constans, Juan (1773 al 1775).
  6. Aymar, Guillermo (médico español, entre 1780 - 1785).
  7. Vargas, Bernabe (indígena curandero desde 1780 a 1790).
  8. Estaguero, Diego (cirujano madrileño, llegó a Salta en 1787).
  9. Reynoso, Felipe (médico italiano,  1799 -1800).

Al parecer el único y verdadero científico de la Salta colonial fue el médico y naturalista inglés Joseph James Thomas Redhead (1767-1847), quien llegó a Buenos Aires en 1803 y más tarde, en 1809, se trasladó a nuestra provincia. Redhead había nacido en Antigua -según algunos autores- pero es más probable que haya nacido en Escocia. Lo cierto es que se había graduado en Edimburgo, aunque al llegar a Buenos Aires, para no denunciar su origen británico dijo que era originario de Connecticut (Estados Unidos). Antes de su arribo al país había realizado estudios en la célebre universidad alemana de Göttingen. En 1812 se trasladó a Tucumán donde fue médico de Belgrano a quién acompañó victorioso en la batalla de Salta en 1813, así como también en las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. Fue el médico que asistió a Belgrano en su lecho de muerte. Fue Redhead quién coleccionó los primeros papeles para la historia de Güemes por un encargo que le hiciera Manuel Puch. Su valiosa biblioteca fue heredada por Luciano Tejada, el esposo de Macacha Güemes. El centenario de su muerte fue ampliamente conmemorado en Buenos Aires, en especial en la cátedra de Historia de la Medicina de la UBA en un acto que contó con la presencia de autoridades universitarias y académicas y también con representantes de la embajada de Estados Unidos. El eminente historiador Arnold Toynbee, en su visita a Salta en 1966, formuló a su vez conceptos de recordación para el insigne médico que sirvió a la causa de la emancipación de América del Sur.

Médicos en el Ejército del Norte (1810)
El cuerpo de sanidad del primer Ejército de la Patria, ligado al General Martín Miguel de Güemes, estuvo formado de la siguiente manera:

  1. Dr. Juan D. Madera (Primer Cirujano).
  2. Dr. Manuel A. Casal (Segundo Cirujano)
  3. Sixto Moluoni (Boticario)
  4. Francisco García (Practicante)
  5. Nicolás Moreno (Enfermero amputador)
  6. Lorenzo Pastrana (Sangradores)
  7. Diego Torres (Sangradores).

Otros médicos que se desempeñaron de forma brillante en el Ejército del Norte, fueron:
1) Dr. Pedro B. Carrasco
2) Dr. Francisco Cosme Argerich
3) Dr. Robert M. Miln
4) Dr. Baltazar Tejerina
5) Dr. Matías Riveros
6) Dr. Antonio Castellanos Saravia (su atención en Vilcapugio se hizo pública en populares versos, como:
"Si en medio del entrevero de la guerra en Vilcapugio, quieres hallar un refugio bien seguro y calentito, dile al Dr. salteñito que te esconda en tu flacura cual bajo poncho peruano;y Castellanos sin duda, al paso o al trotecito ha de hacer de Tata Cura".

Recién 1783 se dispuso la construcción del Hospital de San Andrés, al lado de la capilla de San Bernardo aunque recién se terminó y habilitó en 1805. En él se atendieron a muchos heridos del Ejército del Norte en 1812 y, en ese mismo año, Belgrano ordenó el traslado de su botica al Hospital de Tucumán, comenzando a decaer a partir de 1819, donde se  desempeñaba como médico del mismo el doctor Antonio Castellanos, el farmacéutico y cirujano fray Juan José de la Concepción y un enfermero de apellido Mendoza. (Vergara). Luego de su clausura, se habilitó en 1849 el primitivo Hospital de la Caridad en la esquina de lo que hoy es la Avda. Belgrano y Balcarce, en una vieja casona del siglo XVIII, que fuera donada por el presbítero Pío Hoyos; quedando a cargo de la Sociedad de Beneficencia, la que desde 1876 comenzó a luchar por un nuevo edificio, inaugurándose éste en 1895 en la actual avenida Sarmiento con el nombre de Hospital del Milagro.

Cuerpos de Médicos del Hospital del Milagro:

  1. Dres.: Vicente Arias, Francisco Eguren y Manuel Arias.
  2. Dres.: Ezequiel Colombres, Manuel W. Serrey, Carlos Costas, Joaquín Díaz de Bedoya e Ignacio Ortíz.
  3. Dres.: Pedro Pardo, Cleto Aguirre, José M. Cabezón, Adolfo Castro y Tomás M. Maldonado.
  4. Dres.: Hilario Tedín, Juan B. Cross, Pedro José Frías y Juan P. Arias.

En la segunda mitad del siglo XIX, el cólera, la tuberculosis, el paludismo, la fiebre amarilla y la viruela hicieron verdaderos estragos, para estos casos cabe destacar la actuación de médicos salteños como: Pedro Pardo, en las epidemias de 1867, 1868 y 1871; la de Cleto Aguirre en 1871 con la epidemia de fiebre amarilla; la de Carlos Costas en la epidemia del cólera en 1888, entre otros.
A partir de la epidemia del cólera de 1886 se estableció la Oficina Química y la Junta de Sanidad compuesta por los doctores Tamayo, Tedín y Frías y se comenzó la construcción de un hospital municipal en el sitio que hoy ocupa el Colegio Belgrano; mientras que, a partir de la peste bubónica de 1906, surgió el Consejo de Higiene bajo la dirección del doctor Francisco Cabrera, y para protección de las madres no pudientes se habilitó la Maternidad en un solar donado por Luisa Bernal de Villar.
 Hacia principios de siglo XX, también se construyó el edificio para la Defensa Antipalúdica, a partir de la donación de un terreno para tal fin, realizada por el doctor Luis Güemes. Las guerras mundiales, tremendas por una parte, dieron muchas veces lugar, por otro lado, al avance en la cirugía, y hacia mediados del siglo XX la penicilina y las ya descubiertas vacunas aliviaron muchas enfermedades que, en otros tiempos, eran irreversiblemente mortales.
 El siglo XXI se inició con el descubrimiento del genoma humano que abre, sin dudas, una esperanza aún mayor. Largo fue el camino que recorrió la medicina. En él muchos hombres lucharon y pusieron lo mejor de sí para mejorar la salud de la comunidad.

La Medicina en Salta desde 1850 a 1900
1852 - Primera Botica de la Patria "EL AGUILA" (Propietario el irlandés Miguel Fleming)
1855 - Consejo de HIgiene (Primer Presidente: Dr. Ezequiel Colombres)
v 1864 - Sociedad de Beneficencia (Fundada en el gobierno del Dr. Cleto Aguirre)
1886 - El Lazareto (Casa de aislamiento de los leprosos, coléricos y pestosos)
1888 - La Oficina Química (Institución predecesora del Hospital de Niños)
1893 - Buen Pastor
1895 - Actual Hospital del Milagro (que funcionó como Policlínico desde 1895 hasta 1960)

Plantel Médico:
Dr. Carlos Costas
Dr. Francisco Pizarro
Dr. Sidney Tamayo
Dr. Rafael Usandivaras
Dr. José H. Tedín
Dr. Juan B. Cross
Dr. Pedro J. Frías
Dr. Adolfo Martínez
Dr. Juan P. Arias
Dr. Ricardo Aráoz
Dr. Francisco Cabrera
Dr. Juan B. Peñalba
Dr. Manuel Anzoátegui
Dr. Washingtón Alvarez
Dr. Ignacio Ortíz
Dr. Antonio Ortelli

1898 - Centro de Socorros Mutuos (Primer atisbo de mutualismo médico)

Médicos de Salta desde 1850 a 1900
Agois, Mathias
Aguirre, Cleto
Araoz Ormaechea, Benjamín
Araoz, Daniel
Araoz, José S.
Arce Peñalba, Angel
Arias y Arias, Vicente
Arias Sánchez, Manuel
Arias Romero, Juan Pablo
Astigueta, José Mariano
Benítez, Mariano
Colombres, Ezequiel
Cobos, Francisco
Cross, Juan Bautista
Costas, Carlos
Castellanos Figueroa, Francisco
Cabezón, José María
Delgadillo, Valentino D.
Díaz de Bedoya, Joaquín
Durand Chavarría, Carlos
Frisoni, Eusebio
Falp, Antonio
Güemes, Luis
Ibánez, Patricio
Jordán y Cabezón, José G.
Maldonado, Tomás
Mantegazza, Pablo
Maglione, N.
Oliva, Moisés
Ortíz, Ignacio
Pardo, Pedro Antonio
Palau, Antonio
Raven, Luis
Ravellini, Carlos
Serrey, Manuel Mauricio W.
Tamayo, Sidney
Tedín, J. Ilario
Torino Castro, Inocencio
Usandivaras, Rafael
Uriburu Arias, Vicente
Wilde, Eduardo

CITAS

1 LES COSMOVISIONS SOCIALS: LA PEÇA QUE FALTAVA - Daniel López Hernández

2 ANALES DE ARQUEOLOGÍA Y ETNOLOGÍA - VICENTE ORLANDO AGÜERO BLANCH 1957.

3 Ordenanza 122 que constituye la Ley 2ª, libro IV, Título IV de la Recopilación de Indias.

4 Falleció el 22-5-1855. Fue enterrado en San Francisco sin recibir los sacramentos. Estaba casado con Josefa Soler y Torres. Nacido en Escocia. Llegó al Río de la Plata junto a José María Todd. Instaló con este una farmacia en Salta con sucursal en Jujuy. Se dice que fue médico de Güemes y los infernales (Roberto G. Vitry, inédito).

5 Este médico escocés llegó al Río de la Plata junto a Miln. Casó en Salta el 30-11-1808 con Thomasa Toledo Pimentel, hija de Bonifacio Toledo Pimentel y de María Inés Burela. Su hijo José María Todd fue tres veces gobernador de Salta y falleció a los 84 años (Roberto G. Vitry).

 

 

TRABAJO REALIZADO POR GRACIELA LAPAD Y JOSÉ DE GUARDIA DE PONTÉ
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