GOBIERNO DE LA PROVINCIA DE SALTA

 

______________________

 

 

 

Boletín del

 

Instituto Güemesiano

 

de Salta

 

 

Nº 32

 

Año 2007

 

______

 

 

 

 

DIRECTOR DE PUBLICACIONES

MPN Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL

 

 

 

 

 

 

SALTA

REPÚBLICA ARGENTINA

2008

 

 

 

 

INSTITUTO GÜEMESIANO DE SALTA

España 730 (ex casa del general D. Martín Miguel de Güemes)

Teléfono 054 – 0387 – 4215568

(A4400ANR) Salta, Capital · República Argentina

www.institutoguemesiano.gov.ar

 

Dirección y Coordinación General: Rodolfo Leandro Plaza Navamuel

 

Selección de textos: Ercilia Navamuel

 

 

Impreso en Argentina / Printed in Argentina

 

 

 

 

 

 

GENERAL D. MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

HÉROE DE LA NACIÓN ARGENTINA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AUTORIDADES DE LA

PROVINCIA DE SALTA

 

 

 

I

 

Gobernador

Juan Manuel URTUBEY

 

Vicegobernador

Miguel Andrés ZOTTOS

 

Vicepresidente 1º de la Cámara de Senadores

Mashur LAPAD

 

Presidente de la Cámara de Diputados

Santiago Manuel GODOY

 

Presidente de la Corte de Justicia

Guillermo Alberto POSADAS

 

Ministro de Gobierno

Antonio MAROCCO

 

Ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos

Nicolás JUÁREZ CAMPOS

 

Ministro de Desarrollo Económico

Julio César LOUTAYF

 

Ministro de Educación

Marta Elena TORINO

 

Ministro de Trabajo y Previsión Social

Nora GIMÉNEZ

 

Ministro de Turismo

Horacio CORNEJO

 

Secretario de Cultura

Gregorio CARO FIGUEROA

 

 

 

INSTITUTO GÜEMESIANO DE SALTA

(Creado el 17-6-72. Decreto Nº 5042/1972)

 

 

 

I

 

CONSEJO DIRECTIVO

(2008 – 2012) ·

 

 

Presidente

Ercilia NAVAMUEL

 

Vicepresidente

Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL

 

Tesorero

Víctor FERNÁNDEZ ESTEBAN

 

Secretario

José Alejandro CAÑIZARES

 

Prosecretario

Margarita GONZÁLEZ

 

Vocales

Raymundo GARCÍA PINTO

Jorge SÁENZ

Álvaro CORNEJO FLEMING

Félix Rodrigo BRAVO HERRERA

Narciso Ángel FABBRONI

Darío WAYAR NÚÑEZ

 

 

Director de Publicaciones

Rodolfo Leandro PLAZA NAVAMUEL

 

 

 

 

 

 

            El Consejo Directivo del Instituto Güemesiano en su reunión del mes de julio de 2003 resolvió instituir un Reglamento de Publicaciones. Solo se publicarán las disertaciones y artículos inéditos vinculados a los objetivos del Instituto, el ambiente socio cultural e histórico durante la gesta güemesiana; a la vida y obra del general Martín Miguel de Güemes y de quienes lo acompañaron en la lucha por la emancipación americana. Asimismo, el Consejo Directivo seleccionará el material a publicarse, sin que ello libere a cada autor de su responsabilidad intelectual y científica. La extensión de los trabajos no debe superar las 25 páginas en papel A4, letra Times New Roman, en cuerpo 11, escritos en procesador de texto Word 6.0 o compatible. Los mismos se deberán entregar en tiempo y forma, y se acompañarán en una copia impresa y en diskette o CD. Deben contener fuente documental y/o bibliografía, citas y notas al pie de página, numerándoselas en el texto.

            Nota: La sola presentación de los trabajos queda a exclusiva consideración del Consejo Directivo y no obliga su publicación.

 

 

 

PRÓLOGO

 

 

            Como es sabido, el Instituto Güemesiano de Salta fue fundado por el Poder Ejecutivo de la Provincia el 17 de junio de 1972, mediante el decreto Nº 5042. Recién en 1977 su Consejo Directivo resolvió publicar un Boletín. No imaginaba en aquel momento la periodicidad con que se publicaría, pero ansiaba que sus números salieran con frecuencia, conteniendo siempre trabajos de investigación a fin de contribuir al conocimiento de la epopeya güemesiana. Gracias al esfuerzo de aquellos primeros directores de publicaciones: Atilio Cornejo y Luis Oscar Colmenares, el Boletín del Instituto siguió apareciendo una vez por año. Hoy, a menos de tres para cumplirse en 2010, el Bicentenario de la Revolución de Mayo, es justo recordar el valioso trabajo realizado por quienes nos precedieron.

            La difusión de la gesta güemesiana es actualmente extensa. La página web de la institución dependiente de la Cámara de Diputados de la Provincia: www.institutoguemesiano.gov.ar es otro medio del que dispone el Instituto para transmitir la vida y obra de nuestro Héroe Nacional, general don Martín Miguel de Güemes y de quienes lo acompañaron en la lucha por la emancipación americana.

            Intervinieron en las páginas de la presente publicación, más de veinte autores entre académicos, socios y colaboradores. Como es de rigor, se incluyen las actividades, actos académicos, homenajes y la Ley 26.125 que declara a Güemes Héroe Nacional. Entre las conferencias y discursos de sesiones públicas del Instituto, se incluye “El espíritu güemesiano en la Antártida”, de Pablo Pérez; “Güemes y el paisaje salteño”, de Margarita González; “Güemes herido de muerte”, de Mirian Violeta Gutiérrez; “El arte en la iconografía del general Martín Miguel de Güemes”, de Darío Wayar Núñez; “Historia institucional de la escuela Nº 4.007 Gral. Martín Miguel de Güemes”, por María Elena Almirón de Ugarte; “La transmisión de los bienes dotales: el caso de las familias de Salta (Segunda mitad del siglo XVIII y principios del siglo XIX)”, de Daniel Medardo Ontivero. “Campanadas de patria para la amistad de Manuel Belgrano y Martín Güemes”, de María Cristina Fernández; “Símbolos patrios. Ceremonial y protocolo, heráldica y vexilología. Plástica de la bandera nacional”, de Raúl Medina Alvarado, y “La bandera de Iruya”, de María Inés Garrido de Solá.

            En la sección de Investigaciones y Artículos se suman siete colaboraciones, iniciándose con “Tarijeños, altoperuanos y salteños, consustanciados con la causa de Mayo”, de Rodolfo Leandro Plaza Navamuel; “¿Cuándo nació nuestra Patria?”, de Ignacio G. Tejerina Carreras; “La gesta güemesiana en el Valle de Lerma”, de Ercilia Navamuel; “Recursos económicos y guerra revolucionaria en la Salta güemesiana (1810-1821)”, de Luis O. Cossio; “El secreto militar del general Güemes”, de Jorge Sáenz; “Crónica de una derrota anunciada”, de José de Guardia de Ponté, y “Patrimonio güemesiano”, de Ercilia Navamuel y Mirian Violeta Gutiérrez. El capítulo Notas y Discursos, cuenta con una variada compilación, como la “Presentación del CD Salta”, por Rodolfo Leandro Plaza Navamuel; “Güemes”, por Mariano Coll Mónico; “Juana Gabriela Moro Díaz de López. Una dama patricia”, por Macaria R. Choque; “Inauguración de un busto del héroe de la Nación Argentina, general Martín Miguel de Güemes”, por Alberto Ramón Barros Blanzaris; “Poema al héroe nacional general Martín Miguel de Güemes y la bandera de Salta”, por María Luisa Russo de Borelli; “Martín Miguel de Güemes”, por Betty Alicia Russo de Echazú, y “Comisión Permanente de Homenaje Guardia Bajo las Estrellas 1956-Quebrada de la Horqueta- 2007”, por Narciso Ángel Fabbroni. Se concluye este número, con la “Memoria anual 2007”, que firma la presidente Ercilia Navamuel.

            El actual Consejo Directivo (2005-2008) tiene también una profunda satisfacción de poder ofrecer este copioso Nº 32 correspondiente al período 2007. Fue un honor dirigir y coordinar en este periodo las publicaciones del Instituto y, aún más, poder completar los objetivos. Con esfuerzo, y como si fuera una verdadera recompensa, en estos cuatro años se han publicado todos los números atrasados, desde la segunda edición del Nº 27-28 hasta el Nº 32 que se fueron perfeccionando en cada edición, alcanzando desarrollar un libro que hoy puede compararse con  las más acreditadas ediciones análogas de otras instituciones del país. Esperemos, pues, que el próximo Boletín llegue con la misma fuerza que estos seis últimos números.

 

Salta, 20 de octubre de 2007

 

 

                                                                       Rodolfo Leandro Plaza Navamuel

                                                                                 Director de Publicaciones

 

 

 

 

 

LEY 26.125

GÜEMES HÉROE NACIONAL

 

 

            El 22 de agosto de 2006 se promulgó la Ley Nº 26.125 que declara a Güemes Héroe Nacional. El texto de la Ley expresa:

            El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso (…), sancionan con fuerza de Ley:

 

Artículo 1º- Declárase Héroe Nacional a D. Martín Miguel de Güemes, único general argentino muerto en acción de guerra el 17 de junio de 1821, en la histórica epopeya de la emancipación del continente americano.

           

            Artículo 2º- Comuníquese al Poder Ejecutivo.

Dada en la Sala de sesiones del Congreso Argentino, en Buenos Aires, a los dos días del mes de agosto del año dos mil seis.

            Registrado bajo el Nº 26.125

            Alberto Balestrini - José B. Pampuro - Enrique Hidalgo - Juan H. Estrada.

            Decreto Nº 1082/2006

            Buenos Aires, 22/8/2006

 

            Por tanto:

 

Téngase por Ley de la Nación Nº 26.125 cúmplase, comuníquese, publíquese, dése a la Dirección Nacional del Registro Oficial y archívese.

            Kirchner - Alberto A. Fernández - Nilda Garré

 

           

 

 

 

 

Nº 32

 

AÑO 2007

 

(PRESIDENCIA ERCILIA NAVAMUEL)

 

 

 

HOMENAJES

 

DE LA

 

ACADEMIA GÜEMESIANA

 

 

 

 

 

I

 

 

SESIÓN PÚBLICA DE LA ACADEMIA GÜEMESIANA

 

 

El 8 de febrero de 2007

 

            El Instituto Güemesiano de Salta adhiere a los actos organizados por el aniversario del natalicio del general don Martín Miguel de Güemes. Está presente en la misa que se efectúa a las 11,30 en la Catedral Basílica y en el responso por el padre Federico Prémoli en el Panteón de las Glorias del Norte.

            A las 19,00, el Instituto Güemesiano realizó su sesión pública en la sede de España 730. La apertura del acto académico estuvo a cargo de la presidente, profesora Ercilia Navamuel. Se entonó el Himno Nacional y Ercilia Navamuel presentó la cartilla con la biografía del general Güemes y la Ley Nacional Nº 26.125, titulada “Gral. Martín Miguel de Güemes Héroe Nacional. Ley Nacional Nº 26.125 del 2 de Agosto de 2006” de su autoría. La edición de dicha cartilla de 5.000 ejemplares, es una donación de Editorial MILOR.

            Prosiguió el director de publicaciones MPN Rodolfo Leandro Plaza Navamuel, quién presentó el Boletín Nº 31 del Instituto Güemesiano de Salta, de 221 páginas, resaltando, entre otros aspectos, los cambios de diagramación y de formato que ha tenido el Boletín y recordó que “la tapa como el lomo del libro, cuenta desde el número anterior con el rostro del general Güemes”. Señaló asimismo, que “Nuestro Héroe Nacional, general don Martín Miguel de Güemes, trasciende el tiempo y el espacio convirtiéndose en la historia misma de la Argentina y de América durante la fragosa lucha por la Independencia”. Agregando que “Su ejemplo de integridad al servicio de la Patria es estudiado desde hace más de tres décadas por el Instituto Güemesiano de Salta, que hoy, fruto de su constante esfuerzo y continuando con la difusión de investigaciones científicas y homenajes, presenta el Boletín Nº 31 correspondiente al período 2006”, al que consideró “de interés tanto para los investigadores como para los estudiantes e interesados en general”. Recordando las palabras de un estudioso, consideró que “Algunos hechos y personajes fueron anteriormente tratados en diferentes textos por otros especialistas, pero es necesario evocarlos de tiempo en tiempo con el fruto de nuevas investigaciones, evitando así el corrosivo olvido de sus gestas seculares”. Hizo referencia a la página web del Instituto, que depende de la Cámara de Diputados de la Provincia, concluyendo con la invitación formal “a los güemesianos a colaborar en la web con sus producciones historiográficas, para un mejor conocimiento de la gesta que ha dejado el surco de una Patria Grande”.

            A continuación, disertaron con la presentación de cada conferencista a cargo de la presidente profesora Ercilia Navamuel, el comandante general de Gendarmería Nacional Pablo Pérez que habló sobre “El espíritu güemesiano y la Antártida”; la profesora Margarita González disertó sobre “Güemes y el paisaje salteño”, y la profesora Nora Palacio sobre “El gobierno de Güemes”. Se completó con la actuación de la coplera María del Carmen Lobo. Luego la presidente, invitó a visitar la exposición de reliquias güemesianas que se montó en la misma sede del Instituto.

            Se cierra el acto con la distribución del siguiente material bibliográfico: “Boletín Nº 31”, la cartilla “Gral. Martín Miguel de Güemes Héroe Nacional. Ley Nacional Nº 26.125 del 2 de Agosto de 2006” de Ercilia Navamuel, la separata “Protagonistas de una gesta incomparable” de Rodolfo Leandro Plaza Navamuel, y el folleto con la conferencia de Pablo Pérez “El Espíritu Güemesiano en la Antártida”.

 

 

 

EL ESPÍRITU GÜEMESIANO

EN LA ANTÁRTIDA

 

 

Pablo PÉREZ ·

 

 

            1. Un largo viaje

 

El 22 de octubre de 1976 zarpaba desde el puerto de Buenos Aires a bordo del buque de transporte Bahía Aguirre de la Armada Argentina con destino al continente antártico. Ese gigante blanco de 14 millones de kilómetros cuadrados que se encuentra al sur del paralelo 60º. Allí donde no crecen árboles, donde no hay población autóctona ni estable. La Antártida es la región más fría e inhóspita del planeta, la que más ha demorado en incorporarse a los conocimientos geográficos de la humanidad y la que mayor resistencia sigue ofreciendo a la inquietud investigadora del hombre.

 

 

El interés internacional por su conocimiento comenzó a tomar impulso a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX. Fue en este último siglo que se emprendieron y concretaron importantes acciones por parte de los países con pretensión soberana y/o intereses sobre el continente, a los que se han ido sumando paulatinamente otros estados. Estas acciones se concretaron en expediciones organizadas para llegar con personal y medios técnicos-científicos para la exploración y la investigación. A tal fin se instalaron bases (construcciones adecuadas para la supervivencia del hombre en aquellas inhóspitas regiones).

Hacia una de ellas, la Base de Ejército Esperanza, situada en el extremo de la península antártica, iba destinado a pasar un largo año y en la que iba a ser protagonista de un hecho histórico trascendente. La República Argentina ha demostrado siempre una marcada y definida vocación antártica jalonada por importantes hechos de esfuerzos, sacrificios, espíritu solidario y heroísmo.

Después de seis días de navegación llegamos a Ushuaia, último punto del continente americano antes de internarnos a los mares de abismales profundidades que rodean a la Antártida. Luego de completar la carga de combustibles y otros elementos para la provisión de las bases antárticas zarpamos junto con el rompehielos General San Martín en dirección a las Islas Sandwichs. Este rompehielos fue adquirido en Alemania en 1954, siendo en ese momento uno de los dos más modernos y poderosos del mundo.

 

 

2. El sector antártico argentino

 

Nuestra pretendida soberanía sobre el sector antártico comprendido entre los meridianos 25º y 74º de longitud oeste y 60º de latitud sur tiene como límite Este las Islas Thules del grupo de las Sandwichs del Sur y cuya ocupación el gobierno argentino había decidido materializar durante ésa campaña de verano.

Nuestro país en base a indiscutibles títulos jurídicos, legítimos e imprescriptibles derechos territoriales y por razones históricas, geográficas, geológicas y administrativas-legales ha establecido por Decreto-Ley Nro. 2101 del 28 de febrero de 1957 el sector, que ya había sido definido por la Comisión Nacional del Antártico el 12 de marzo de 1947.

Ese sector, sobre el que reclamamos reconocimiento de soberanía se encuentra totalmente comprendido dentro del sector pretendido por el Reino Unido (20º y 80º long oeste) y parcialmente por el sector que reclama la República de Chile (53º y 73º long oeste). El único país que reconoce soberanía argentina sobre la parte que excluye sus pretensiones es Chile.

Luego de siete días de navegación, no sin algunas dificultades, por averías y condiciones meteorológicas («campos de hielo», formados por témpanos que se desprenden en verano desde los glaciares antárticos y barreras de hielo), arribamos a las Islas Sandwichs donde se procedió a desembarcar el personal y los elementos transportados para la construcción de la base «Corbeta Uruguay».

Justamente esta nave de nuestra Armada Nacional fue protagonista del espíritu solidario y el heroísmo que caracteriza a la vocación antártica argentina, al concretar en noviembre de 1903 el histórico rescate, que asombró al mundo, de la expedición científica sueca al polo sur a cargo del profesor Otto Nordensköl. Esta expedición había salido de Suecia a fines de 1901 y debía regresar a fines de 1902. Se la dio por perdida a principios de 1903, generando la consecuente y lógica preocupación de la comunidad internacional, por la suerte que habrían corrido aquellos intrépidos viajeros en esas gélidas e inhóspitas latitudes.

Suecia, Francia y nuestro país se ocuparon, sin previo acuerdo, de organizar la búsqueda y el rescate. Difícil tarea, pues en aquel tiempo no se contaba con buques adecuados para navegar en esas regiones. Y le cupo a la Corbeta Uruguay al mando del vicealmirante Julián Irizar (entonces Teniente de Navío) concretar tal hazaña, inscribiendo una página de gloria para la Armada Nacional y logrando el reconocimiento mundial, por la proeza realizada.

Continuando con nuestro viaje llegamos a las Islas Orcadas. Cabe mencionar que con la ocupación del Observatorio meteorológico en este lugar a partir del 22 de febrero de 1904, la República Argentina se constituye en el primer país del mundo en materializar en forma oficial, la presencia permanente e ininterrumpida en la Antártida (constituyendo un hecho de suma importancia para nuestra reclamación de soberanía sobre el sector).

Luego de visitar la base del Reino Unido, en la Isla Signy, del Grupo de las Orcadas, ya que en nuestro sector coexisten bases de los países reclamantes de soberanía en el mismo, arribamos a la Base de Ejército Esperanza, después de 34 días de navegación.

Esta base fue creada en 1952 y fue su primer jefe el entonces capitán D. Jorge Edgard Leal. Este orgulloso salteño, digno hijo de la estirpe güemesiana que en 1965, ya coronel, clavara la bandera de la Patria y dejara una imagen de la Virgen del Milagro, en el mismo Polo Sur, junto a otros nueve integrantes de la expedición. Siendo Jefe de Base en Esperanza en 1953 hizo construir un refugio, inaugurado el 23 de octubre, con el nombre de General D. Martín Miguel de Güemes. En 1957, siendo Jefe de la Base General Belgrano, Leal hizo construir otro refugio al que denominó Salta. Y uno de los vehículos que llegó al Polo Sur en 1965, también llevaba el nombre de la provincia, cuna del General Güemes.

Nuestras bases además de concretar la presencia soberana en el sector, sirven de apoyo a los investigadores científicos que, en el desarrollo de importantes programas, anualmente realizan actividades de campo que se traducen en resultados que se comparten con la comunidad internacional. En este sentido el aporte de los esfuerzos argentinos ha enriquecido a la ciencia universal en una importante cantidad de disciplinas.

 

 

3. El turismo en la Antártida

 

Nuestro país tiene el privilegio de ser el iniciador del turismo antártico, en 1958, con el empleo de dos buques de transporte de la Armada Nacional. Desde entonces se ha ido incrementando esta actividad. Durante mi permanencia existía un buque de turismo que dos veces en verano llegaba a visitar la Base de Ejército Esperanza, procedente de Sudáfrica la primera y de Ushuaia la segunda.

El gobierno Argentino en un acto administrativo soberano creó la delegación de Migraciones en dicha Base en la que Gendarmería Nacional en cumplimiento de las funciones delegadas por la Dirección Nacional de Migraciones efectivizaba el ingreso legal al territorio argentino de los turistas extranjeros que visitaban la Base. También el Oficial de Gendarmería que integraba la dotación de la Base cumplía, entre otras, funciones delegadas por el Registro Nacional de las Personas, en la Oficina de dicho organismo.

 

 

4. El primer antártico es argentino

 

Consecuente con la vocación antártica señalada al comienzo, el gobierno argentino implementó que el personal de relevo de nuestra dotación a fines del año 1977, lo hiciera acompañado de sus respectivos grupos familiares, conformándose así el núcleo poblacional que dio origen al Fortín Sargento Cabral. En el mes de diciembre de aquel año llegó el matrimonio compuesto por el capitán Jorge Emilio Palma, su esposa María Silvia Morello y sus hijos. La esposa del capitán llegaba en avanzado estado de gravidez y a las 08.40 horas del día 7 de enero de 1978 dio a luz al primogénito polar meridional Emilio Marcos Palma. En mi carácter de Jefe del Registro Civil de la Oficina Nro 2506 del Registro Nacional de las Personas suscribí el Acta Nro. 1 del Libro de Nacimientos y expedí el Documento Nacional de Identidad número 26.185.401. De esta manera fui protagonista de este hecho trascendente que constituyó el primer nacimiento ocurrido en el continente blanco. A este sucederían otros siete nacimientos que dieron a nuestro país el mérito de que fueran argentinos los primeros ocho hijos del continente antártico. Recién 6 años después, en 1984 se produce un nacimiento (de otra nacionalidad) en una base chilena.

El alborozo, el júbilo y la emoción nos invadió a todos los que ese día tuvimos el privilegio, de ver y tocar al recién nacido. Mi recuerdo y homenaje a esa madre por su valentía y amor a la Patria, porque si bien un parto es lo más natural del mundo, en caso de complicación no existía siquiera la posibilidad de una urgente evacuación segura.

Al mes siguiente, en febrero de 1978, en un viaje mucho más rápido que el de ida, en un avión Hércules de la Fuerza Aérea regresé a la parte continental americana de nuestro país, con la satisfacción del deber cumplido y agradeciendo a Dios por la experiencia vivida.

Estamos en este solar en que se respira aire de Patria, convocados por la figura emblemática y señera del general Güemes, a quien deseo expresarle: Mi General: Así como Ud luchó, hasta dar la vida por legarnos, esta Nación libre e independiente, quiero decirle que los antárticos, contagiados de ese espíritu de lucha irrenunciable, hemos contribuido con nuestro aporte en la defensa de la soberanía de esa proyección de Patria que late en la Antártida y en la que hubieron quienes ofrendaron sus vidas y algunos quedaron para siempre, entre los hielos, como eternos testigos de nuestros reclamos soberanos. Por eso con el nombre de Salta y Güemes su alma patriótica se siente en la Antártida.

 

 

 

 

 

GÜEMES Y EL PAISAJE SALTEÑO

 

 

Margarita GONZÁLEZ ·

 

Procuraré transitar rápidamente el aspecto geográfico, imaginar cómo sería el paisaje salteño en la época de la Independencia. La epopeya del general Güemes estuvo impregnada de una relación espiritual y misteriosa con la misma naturaleza del medioambiente en el que sus bravos guerreros se destacaron.

Todo el NOA, de un extremo al otro, desde Rosario de la Frontera hasta Tarija, desde la cordillera de los Andes hasta Orán, y el Chaco, todo era un verdadero campamento militar, todos con un mismo entusiasmo y obediencia a la voz de su general. La organización de las milicias fue, una obra maestra, una estrategia militar excelente, donde el general Güemes supo adecuar y aprovechar los recursos de hombres y bagajes a las necesidades circunstanciales y topográficas del terreno.

Por otro lado, el gaucho conocedor de su miedo, baquiano por excelencia, podía por el vuelo de las aves, por el desplazarse de los animales, por el murmullo de la selva, por una y mil voces del monte y la montaña descubrir, toda manifestación ajena a lo acostumbrado, todo aquello que pretendía ocupar sus espacios.

La guerra gaucha o guerra de recurso, fue una guerra que se desarrolló en la montaña, pues el noroeste de nuestro país es el que presenta (al decir de Federico Daus-geógrafo argentino) un aspecto totalmente montañoso, vertebrado por las altas cordilleras del borde oriental de la Puna, que a manera de un espinazo se intercalan entre la Puna y las Sierras Subandinas. Los cursos de aguas, son las vías naturales de la comunicación por medio de la cual se accedía a la práctica comercial, al origen de los establecimientos poblacionales, estos cursos de agua nacen de los cordones montañosos.

Debo aclarar también que los vientos húmedos del sureste y noreste, provocan las precipitaciones que permiten los cultivos de forrajeras y de algunos cereales, a pesar de que la actividad económica mas destacada en aquel entonces era la cría de animales en toda la región, tanto en las partes bajas y húmedas, como en los valles de las sierras y en los lugares muy altos, fríos y secos, donde los camélidos proporcionaban la materia prima para la elaboración de abrigos, ponchos, pasamontañas, etc.

La guerra de recursos se desenvuelve en tres espacios diferentes: en los valles –en las quebradas- y en el despoblao o puna. Según el historiador salteño Bernardo Frías, el despoblao es una “planicie helada extendida desde el confín de la quebrada de Humahuaca hasta Catamarca en Argentina; con alturas que llegan a mas de 3.500 metros sobre el nivel del mar. Presenta un paisaje desolado, triste, monótono, con vegetación de color amarillento que cubre el suelo solo parcialmente, en terreno de característica arenoso y pedregoso.

Hacia el Oeste se levantan cumbres nevadas. El Huaytiquina de mas de 4.000 metros de altura, que en Aymará (tiquina significa pilar por su parte “huay” es una interjección que significa peligro) entonces puede decirse que Huaytiquina, en su idioma pétreo significa ¡cuidado! porque es un pilar inmenso inmóvil. A su vez, en esta montaña se encuentra a 200 metros por debajo de la cima, un paso hacia chile y es el mismo quien da el nombre al famoso ferrocarril Internacional. El ferrocarril se construye sobre el antiguo camino al Perú. Por esta quebrada transportaban el ganado al Potosí y fue esa cultura de arrieros, que entendiendo el sentido de la guerra impedían el paso de los animales que eran utilizados para el abastecimiento del ejército patrio.

Debo aclarar que estos lugares no solo son inhóspitos por lo agreste del terreno, de su relieve, sino también por lo enrarecido que es allí el aire, ya que por la altura a mas de 3.000 metros, provoca un malestar que se conoce comúnmente como “puna” apunarse, o mal de sorocho, esta última palabra es de origen quechua y quiere decir: angustia del corazón, ciertamente este es unos de los síntomas del mal, juntamente con fuerte dolores de cabeza, náuseas y hasta hemorragia en casos mas agudos.

Teniendo en cuenta estas características de la zona, cabe preguntarnos ¿nos enteramos alguna vez de algún gaucho apunao? Pienso que esta fue una de las más sabias estrategias, incorporar a sus milicias a lugareños adaptados al ambiente, los cuales no sufrían los males propios del lugar.

Por ejemplo, después del Abra de Tres Cruces que abre el paso a la Puna, atravesando la hermosísima cuesta de Azul Pampa y Abra Pampa, se llega a la alta planicie de puesto del Marqués; a 3.496 metros de altura, de clima seco, con heladas durante todos los meses del año, donde impresiona la gran luminosidad; hay intensa radiación solar, no se ven ya cordones y, de los animales, solo algunos rebaños de llamas que debieron ser muchos mas numerosos en otros tiempos. Allí, en puesto Grande del Marqués, se va a dar el combate más importante el 14 de abril de 1815. Güemes forma parte de la vanguardia del Ejército Auxiliar del Perú, el conocimiento que tiene del lugar juntamente con su inteligencia y astucia, muestra una acción diferente de todas. Atilio Cornejo dice: “el 14 de Abril de 1815, el Ejército Patriota triunfa en Puesto Grande del Marques sobre las armas realistas… en esta acción, tuvieron una brillante actuación los escuadrones gauchos”.

Pienso que influyó la superioridad no solo de táctica militar güemesiana, sino la superioridad física de los gauchos, aclimatados a esos páramos de atmósfera enardecida. Volviendo a las acciones de estrategias, en realidad los patriotas tratan de impedir el aprovisionamiento de los realistas - de alimento y en ganado de silla y carga. Otro accidente geográfico de borde occidental de la puna, es el majestuoso volcán Llullayllaco, donde se han encontrado restos de vidas pre-hispánicas. Hacia el interior de esta altiplanicie, encontramos inmensos desiertos blancos, son los salares y salinas, como también enormes pampas rodeadas de montañas. Ya acercándonos a la pre cordillera o cordillera oriental, observamos una zona llana desolada, denominada la recta de Tintín, cuyo nombre se debe al ruido que hacía el cencerro que llevaba la yegua madrina, conduciendo la recua o ganado vacuno.

De este modo entramos a las regiones de valles y quebradas. Vuelvo a recalcar que el ambiente geográfico fue el cómplice del hombre, fue la ayuda de los gauchos. En realidad podemos imaginar que todos fueron soldados de esta guerra, los hombres –las mujeres- los ancianos y niños, los ríos, los animales y hasta el viento, que acercando olores, los murmullos de voces y ruidos extraños opusieron resistencia al invasor, que pretendía apoderarse de la sagrada tierra del hogar salteño.

Nuevamente aclaro, que por ser un espacio muy accidentado, por ser un espacio conocido por los gauchos y por tener un guía como Güemes, que supo actuar con rapidez y precisión aprovechando las ventajas que le daba el paisaje. Por lo tanto cada ambiente geográfico, cada característica de terreno fueron aprovechados para la subsistencia, pues se adaptaban a los ambientes, según las necesidades. Por ejemplo, en los valles criaban y engordaban el ganado y también guardaban los animales, se cultivaban cereales y se almacenaban para los momentos críticos.

 

 

El paisaje aprovechado por la guerra

 

Es conocido el caso de un gran árbol que había junto al río Arias que tenía un hueco y era utilizado como buzón para los mensajes por los gauchos. Las quebradas se caracterizan por la presencia de tierras áridas y de cerros tristes y desnudos, sin bosques, salvo las quebradas o pequeños valles.

Tenemos el Valle Calchaquí, con sus valles fértiles, donde se producían cereales y los vinos por excelencia. Sus harinas y sus vinos se destacaban por su calidad, con los cuales se mantenía un activo comercio. Así, encontramos molinos harineros en las casas de las principales familias de toda la zona.

En el Valle de Lerma, zona de valles y quebradas - tenemos los molinos harineros, los cuales eran movidos a golpe de agua que funcionaban si cesar. Ej.: el molino de finca Las Costas - en Alto Molino funcionaban dos molinos (de allí el nombre). El molino de la finca de Tejada, actual INTA. En las faldas de Ceibalito, antes de San Agustín. Otro dato curioso, en el actual mercado artesanal que era la sala de las Costas, existía una curtiembre, también en la finca El Paraíso que era de la familia Güemes, donde hoy es una escuela, también funcionaba una curtiembre; toda esta actividad económica y esa incipiente industria, también fue aprovechada en la guerra. También había un molino en la Bodeguita... y así en todo el paisaje salteño, que data de los siglos XVII, XVIII y XIX, que algunos siguen en uso.

También existe un molino harinero en un lugar denominado Tintín en Rosario de Lerma, donde desemboca el camino de herradura, que venía del Valle Calchaquí. Bueno, diré que la palabra “Calchaquí”, tiene un discutido origen; para algunos es un término “Aymarᔠcalichaña, que significa recoger maíz y “qui” solamente, pero este primer significado no se opone a una de las características típicas de la región. Otros encuentran su origen en vocablos quichuas - Kala o Kal al que traducen como desnudo, y empobrecido y Chaqui, árido, seco, también en este caso existe una semejanza real con la geografía de los Valles Calchaquíes.

La región Calchaquí comprende la parte sur de la Poma, que etimológicamente, también existen interpretaciones diferentes. El doctor Atilio Cornejo sostiene que el vocablo, viene de Puma, León. Sin embargo, para don José Vicente Solá, podría provenir de pómez, lo que de ninguna manera desmiente el origen volcánico de la región y la existencia de dicha piedra.

La región Calchaquí continúa hacia el sur con los departamentos de Cachi, Molinos, San Carlos y Cafayate. Se inicia en la cuesta de Acay, donde nace el río Calchaquí, corredor o entrada muy importante para el abastecimiento del ejército patrio. Toda esta zona de la quebrada, se usa con una estrategia táctica increíble, se utiliza para vigilar los movimientos del enemigo, se esconden los animales y se intercepta la correspondencia.

Ahora bien, en las acciones militares por la independencia, el general José de San Martín, remplaza a Belgrano en el mando del Ejército del Norte (denominado Ejército Auxiliar del Perú) y nombra a don Martín Miguel de Güemes, comandante de las avanzadas de Salta por el lado del río Pasaje, un 28 de enero de 1814, en el lugar que fuera conocido como parada de Yatasto.

Güemes establece el cuartel en Concha, cerca de media legua al norte de Metán. Estamos transitando ya las sierras Subandinas. Las precipitaciones propias de esta zona originan una vegetación tupida, que podía albergar, resguardar y cobijar a los gauchos y sus caballos. Las sierras occidentales de la cuenca de Metán, reciben lluvias que alimentan los ríos y favorecen el crecimiento de pastizales para la cría e invernada de ganado. Desde la Concha, cruzando cerros y ríos, Güemes se dirige a defender Salta. Al amanecer del 28 de marzo de 1814, baja la Cuesta de Pradera, cerca de la ciudad, que estaba ocupada por la tropas realistas de Ramírez. La acción victoriosa para los gauchos de Güemes, se libra en el lugar denominado el Tuscal de Velarde, distante a una legua de Salta, el 29 de marzo de 1814. El Tuscal de Velarde era un campo abierto, con un monte espeso y estrecho, pero no continuo, que dejaba espacios, y en otros, estrechaba el camino.

Hoy se puede observar e imaginar aquel monte, cuando el viajero pasa por el camino que lleva a la Isla. Bernardo Frías describiendo este espacio dice: las ramas y espinas rozaban el cuerpo del caminante. Era este el lugar más temeroso y de espanto, por que ya sea el monte matorral o la selva espesa y elevada daba abrigo en su seno misterioso y sombrío, a las partidas de gauchos que sin ser vistos en la espesura, aguardaban el paso de la columna real.

Probablemente el combate se realizó en terrenos cercanos a la escuela Agrícola Martín Miguel de Güemes, o en un lugar llamado la Lonja, frente a la finca el Aybal. De ese modo, las fuerzas realistas de Lima siguen siendo combatidas, con acciones breves, imposibles de destruir. Según Atillo Cornejo, Güemes tiene un gran conocimientote de la región, por haber vivido seis años de su carrera militar en Salta. Se puede citar al respeto lo siguiente: como Salta es el centro de los caminos (del) al alto Perú, a Chile, al paraguay y al Paraná y a Buenos Aires, el joven Güemes lo conoce palmo a palmo.

Como ya se expresó anteriormente, no era solamente Güemes el conocedor profundo de su tierra, también para los gauchos eran familiares todas las quebradas y las abras, los montes y las ciénagas, los valles y las cumbres. En la obra Güemes Documentado, tomo I, 1979, Luis Güemes afirma y explica de cómo el paisaje erizado de peligros, sirvió a los campesinos lugareños (gauchos), para su acción de los más curiosos episodios, como el de las Lomas de Medeiros, después del combate de Velarde.

Las Lomas de Medeiros están próximas a la ciudad de Salta por el lado oeste y con rumbo N. S. a lo largo de 12Km. Se levantan desde el río Vaquero por el N, hasta los ríos San Lorenzo por el oeste y el río Arias por el sur, con una altura media de 35 metros desde el suelo.

En los tiempos de Güemes debieron estar cubiertas de vegetación, lo cual permitía a los gauchos ubicarse en las cimas dejando subir a los realistas montados en sus caballos, a los cuales arrojaban boleadoras, haciéndoles rodar en la tierra, lomas abajo.

En las serranías bajas que limitan la provincia de Salta y Jujuy, como le Cresta de Gallo, allí también se produjo un curioso encuentro realista, que al decir de Luis Güemes en su obra Güemes Documentado, tomo II, página 141, 142 “que la división enemiga de 400 hombres que salió al río del Valle en busca de caballos y ganado vacuno, huyó vergonzosamente luego que supo que era perseguida por nuestras bizarras tropas de gauchos, pues su partida de retaguardia fue destrozada en la subida a la Cuesta Nueva, despeñándose por los desfiladeros y se logró quitarles toda la caballería que habían recogido.

Bueno, de este modo he pretendido o tratado de exponer de un modo muy reducido y sintético las características generales de esta bendita tierra, que albergó figuras que supieron jugarse por la patria y por el prójimo que necesitaba ser libre, que quería identificarse con su tierra, que se enorgullecía de sus costumbres, de su cultura, que quería ser respetado, que quería tener una patria, una nación, reconocida por el concierto de todas las naciones del mundo. Toda esta geografía que modeló esta cultura criolla y que hizo posible la Independencia.

            El bosque, selva y la maraña del oriente salteño, guardan todavía, como entre suaves brisas de los atardeceres el grito de los gauchos, y el crepitar de los guardamontes que estremecieron un día a este suelo salteño.

 

 

 

II

 

 

HOMENAJE AL GENERAL GÜEMES

EN EL LUGAR DONDE FUE HERIDO

 

 

El 7 de junio de 2007

 

 

            Como todos los años, el Instituto Güemesiano de Salta organizó los actos en conmemoración de la fecha y lugar en que fue herido el general Güemes. A las 10,00 de la mañana, en el monolito de plaza Belgrano se puso una ofrenda floral donada por Darío Wayar, encargándose de ofrecerlas la profesora Ercilia Navamuel y Arminda Tapia.

            Luego, expuso palabras alusivas a la fecha, la profesora Mirian Violeta Gutiérrez, cerrándose el acto con el retiro de las banderas. Asistieron autoridades provinciales, miembros del Consejo Directivo del Instituto Güemesiano, fortines gauchos, maestros, alumnos y público en general.

 

 

 

GÜEMES HERIDO DE MUERTE

 

 

Mirian Violeta GUTIÉRREZ ·

 

            Estamos reunidos en este espacio glorioso de recuerdo para evocar una vez más aquel nefasto suceso ocurrido el 7 de junio de 1821, donde el general Martín Miguel de Güemes es herido de muerte por una bala traicionera.... A partir de allí, los sucesos se tornan irremediables, dada la magnitud de la situación. Son sus gauchos que intentan dar un giro desesperado en auxilio a quien los supo conducir en numerosas batallas trasmitiéndole su firmeza y convicción. Así empieza el angustioso peregrinar por la inmensidad de la noche fría, atravesando zanjas, malezas, empedrados y montañas, sosteniendo el catre improvisado de su general herido, hasta llegar al sitio conocido como la Cañada de la Horqueta, donde fallece diez días después.

            En estos momentos de reflexión, hago mención a la heroica hazaña del general Martín Miguel de Güemes, digno merecedor de la gratitud nacional, porque supo desempeñar el primero de todos los deberes: La defensa de la Patria, más aún, en su accionar militar se demuestra la trascendencia histórica que tuvo en la guerra independista destacando consecuencia muy importante, esto es:

            - El fracaso del plan realista.

            - La consolidación del Plan Continental Sanmartiniano

            - La pronunciación de la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, declarada en Tucumán el 9 de julio de 1816.

 

            Hoy vivimos y sentimos el espíritu güemesiano, festejamos con gran júbilo la declaración de Héroe Nacional. Una reinvocación justa y digna para nuestro héroe gaucho. Que todos sepan y conozcan esta tierra salteña, que con un gran patriotismo mezclado entre militares de rango y el gauchaje, damas distinguidas y chinitas, todos juntos sin distinción, levantaron la bandera de la Patria. Pero no debemos olvidar aquellos valores que forjaron éstos hombres:

            -- Sabiduría para luchar con tenacidad

            -- Solidaridad para mantener unida a la tropa y

            -- Coraje para no desfallecer ante la adversidad

 

            Digno ejemplo para imitar, señores presentes, porque así se construye la Patria, porque así es el legado que nos dejó el Gral. Martín Miguel de Güemes.

            Muchas Gracias

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

ACTAS PRIMER CONGRESO ARGENTINO “Güemes Héroe Nacional”. Ed. 2005.

Cornejo, Atilio. “Historia de Güemes”. 3 Ed.

 

 

 

III

 

 

SESIÓN PÚBLICA DE LA ACADEMIA GÜEMESIANA

 

 

El 7 de junio de 2007

 

            A las 19,00, en la sede del Instituto Güemesiano se cumplió el acto académico. La apertura estuvo a cargo de la presidente Ercilia Navamuel. Se presentaron las banderas, el Himno Nacional y el Himno a Güemes cantado por el tenor Romero Ismael. Acto continuo, se expusieron las siguientes conferencias: “El arte en la iconografía del general Martín Miguel de Güemes” a cargo del vocal del Instituto Darío Wayar Núñez; “Historia institucional de la escuela Nº 4.007 Gral. Martín Miguel de Güemes” por la socia activa María Elena Almirón de Ugarte, finalizando el profesor Daniel Medardo Ontivero, con “La transmisión de los bienes dotales: el caso de las familias de Salta (Segunda mitad del siglo XVIII y principios del siglo XIX)”.

            El acto terminó con el retiro de las banderas. Posteriormente un grupo de folcloristas, entre ellos, don Fermín Torres con su violín del Chaco, y don Román Guamante el violín mayor de Anta, cantaron antiguas canciones y coplas de contenidos patrios.

 

 

 

EL ARTE EN LA ICONOGRAFÍA DEL

GENERAL MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

 

 

Darío WAYAR NÚÑEZ ·

 

            Convocado en esta oportunidad por el Instituto Güemesino de Salta para ocupar este sitio que otros han cubierto antes año tras año, y haciendo honor a ese proyecto que naciese hace treinta y cinco años, espero estar pues, a la altura de quienes me precedieron conciente de que mucho es lo dicho sobre la personalidad del Gral. Güemes, y más, lo que permanentemente es el esfuerzo de los investigadores por traer a luz sus estudios, para nuestra ilustración.

            Estoy profundamente honrado y agradecido a los señores miembros del Instituto, por la oportunidad que me brinda para rendir, junto a ustedes, este homenaje patriótico al héroe gaucho. No pretendo traer novedades, sino recrear este humilde ensayo.

 

 

            El presente trabajo que pongo a vuestra disposición se refiere como su título lo indica a El arte en la iconografía del Gral. Martín Miguel de Güemes. La mística y el lirismo plástico y poético que inspiraron e inspiran hoy la vida y la figura del Gral. Güemes es muy prolifera.

            No encuentro mejor manera de iniciar esta exposición con la primer parte de los dieciséis romances del libro “Güemes y otros Cantares” escrito en 1964 por aquel mítico poeta, Julio César Luzzato.

 

 

Güemes sin retrato

 

Aquí donde el libro se abre,

debió estar, como se impone,

con el negror de sus barbas

y el oro de sus galones.

No está porque su figura

entró con él a la noche.

Partió sin dejar retrato,

por lo cual no es menos prócer.

Se descuidó de su luz,

de su imán y de su porte.

¿El incendio y el torrente

suenan en ser medallones?

Para dibujar la estampa

del Güemes que hoy se conoce,

los pinceles escucharon

la voz antigua del monte.

Orillaron la memoria

del cerro que fue su molde,

la de los fuegos agrestes

y las guitarras insomnes.

Alguna lanza olvidada

también arrimó sus voces,

y el viento que anda sin rostro,

sin edad y sin colores.

Se olvidó de su retrato,

pero dejó sus acciones,

donde se lo ve como era

al resplandor de su nombre.

Trajinante como el río,

que hasta duerme en el galope,

la guerra no le dio tiempo

de posar ante pintores[1].

 

            Los estudios de la plástica de nuestra tierra se preguntan aún hoy cual es la fisonomía que la identifica resultando realmente difícil lograr una caracterización concreta. Algunos autores llegan a decir que nos encontramos ante “un internacionalismo estilizante” dadas las escuelas traídas por nuestros precursores y la permanente formación casi siempre europeas de los pioneros de la plástica Argentina.

            No obstante las permanentes influencias estéticas externas, podemos advertir en muchos autores una atmósfera muy especial plagada de vidas pretéritas, vigentes en los rostros morenos de los seres que conforman gran parte de nuestro pueblo, en sus cuentos, sus mitos, sus leyendas y tradiciones ancestrales.

            Podemos advertir rasgos característicos en los plásticos de la provincia del noroeste argentino, especialmente en Salta, Jujuy, Catamarca y la Rioja; viendo ellos calidez en el cromatismo, a veces muy saturado, grises transparentes, agudeza en la fisonomía de los personajes que traducen el origen de nuestra gente, grandes espacios bidimensionales que a veces, aún en la más pura de las abstracciones, parece que quisiera trasladar al contemplador a un mundo trascendente casi metafísico, al silencio, la soledad, la luz, las inmensidades y la crudeza de nuestra puna[2].

            La función de los primeros artistas criollos: Debido a los inmigrantes del sur y norte de Europa, algunos solo fueron artistas de tránsito y otros al arraigarse, se convirtieron en pioneros, enjuiciando sus influencias en la formación de los primeros plásticos. Estos artistas autóctonos surgieron casi cien años después de producida la expulsión de los jesuitas, porque se había roto el único germen que hubiera posibilitado el comienzo de un sincretismo auténtico, de un entronque cultural.

            El artista flota sucesos, flota así entre dos mundos, es un trasplantado en lo más autentico de sí mismo. Es Europa continuándose en un retoño de Europa. He allí la terrible consecuencia. De haber sido otra la historia, tendríamos quizás una tradición que hoy nos falta, una escuela de la que se ha malogrado[3].

            El arte de Sudamérica ha recibido de fuentes europeas, españolas, italianas y flamencas, significativas influencias. Entre las influencias de mayor significado ubicamos a las estampas flamencas, grabados que sirvieron de modelo y en muchos casos de puntos de partida a infinidad de obras pictóricas.

            La invención del daguerrotipo, seguido de inmediato por la fotografía, desde mediados del siglo XIX, tanto por su mayor facilidad de concreción y menores costos redujeron aún más la posibilidad retratista, agravada también por las costumbres de los familiares e instituciones pudientes, encargaron a artistas europeos de renombre como Sorolla, Bonnat, Cortazzo, Daumos, Coután y otros más, la realización de pinturas y esculturas. En el caso del Gral. Güemes el aporte familiar ha sido fundamental para llevarnos a buen término la labor iconográfica. La natural pasión sobre la figura del prócer comienza a manifestarse casi medio siglo después de su muerte, cuando los hijos del Gral. Güemes, huérfanos desde muy niños, llegan a la adultez, ocupando cargos políticos trascendentes en su provincia[4].

            La carencia de artistas consagrados, o aunque solo hubieran sido aficionados al dibujo, hizo que la iconografía salteña de personajes de la primera época o aún de paisajes y tipos costumbristas, no existieran desde la revolución en 1810 hasta la muerte de Güemes. Aquel permanente guerrear, aquel reclamo de recursos, que postergó largamente este territorio norteño, donde la paz provinciana y el bienestar del descanso, no existía para nadie en aquellos años de revolución libertaria.

            Fueron pocas propicias para suponer bien, de que Güemes, por su carácter no debió sentirse afectado a sentarse como modelo e hizo que ningún artista retratara al natural la recia figura del Héroe. “Un guerrero alto, esbelto y de admirable apostura. Una magnífica cabellera, negra de largos bucles, y una barba rizada y brillante cuadraban su hermoso rostro de perfil griego y de expresión dulce y benigna. Vestía un elegante dorman azul sobre un pantalón mameluco del mismo color; y una graciosa gorra de cuartel hacía ondular su flotante manta a lo largo de su hombro. A su lado pendiente de largos tiros, una espada fina y corva semejante a un alfanje, brillaba a los rayos del sol como orgullosa de pertenecer a tan hermoso dueño. Montaba éste con gracia infinita un fogoso caballo negro como el ébano, cuyas largas crines acariciaba distraídamente mientras inclinado hacia su compañero, hablaba con él en una actitud admirable de abandono”[5]. Nos pintaba así con su pluma imaginaria la no menos legendaria Juana Manuela Gorriti, digo imaginaria pluma, pues ella a la muerte del general solo contaba tres años de vida.

            Bernardo Frías decía en sus escritos: “Tenía Güemes un cuerpo esbelto y desarrollado, de talla erguida y alzada estatura, cuyo conjunto le daba una imponente presencia. No sobresalía por la hermosura de su fisonomía, que eran de un blanco pálido, pero tenía no pocos rasgos de indiscutible belleza. Así, eran sus perfiles delicados; su nariz alta, larga, ligeramente curva, casi recta. El corte de su boca de notabilísima perfección, los ojos de color pardo, con los párpados superiores llenos, notándose en uno de ellos la antigua ligera cicatriz de cuando niño, que le dejara una caída sufrida del caballo. Tenía una espaciosa frente. Su barba era renegrida y brillante, cuadrando varonilmente su rostro de expresión agradable y bondadosa, a quien daba mayor atracción y vida, la profunda animación de sus ojos cuya mirada expresaba la firmeza del guerrero y la benevolencia del filósofo. Como su barba era igualmente negro su cabello abundante, el cuál lo llevaba de la misma manera que sus gauchos, peinado hacia atrás y proporcionalmente largo, el que le cubría, la cabeza en ondas graciosas y ligeras, arreglándose en la parte de la nuca en una hermosa melena, sobre largo y elegante cuello, y cayendo cuando escribía o meditaba, en una guedeza por sobre su frente[6].

            Joaquín Carrillo diría “Su persona era interesante; erguido, de talle esbelto de perfil delicado, espaciosa frente, su boca era delineada con perfección; el cabello y la barba negra cuadraban el óvalo de su fisonomía, en la que resaltaban sus ojos llenos de animación. A caballo era una figura sin tacha y ostentaba con vanidad su gallardía”[7].

            Una carta de Dionisio de Puch, fechada en Lima, en 1847, dice. “Güemes con su palabra vertida con fe tan viva, inflamaba los corazones; su talla era esbelta, perfecto en sus formas, cabellera negra de largos bucles, barba entera, rizada y brillantes, ojos pardos, frente despejada, color blanco pálido, expresión dulce, rostro griego; elegante en sus movimientos: vestía siempre un uniforme de un gusto severo y exquisito. Era imposible verle y oírle sin sentirle dominado por el ardor de su patriotismo”. Como lo escrito por Félix Lajune en Buenos Aires, en 1894. “En la noche algunos jóvenes que habían asistido a la fiesta teatral y salieron juntos a la calle permanecieron reunidos comentando la alarma y proyectando planes imaginarios de defensa. En el grupo más numeroso. Prestábase atención especial a la palabra de uno de elevada estatura y simpatía presencia que por sus maneras mostraba no sólo pertenecer a la distinguida clase social sino haber adquirido entre militares la corrección y seriedad que caracteriza a soldados de buen busto. Este joven a quien hemos de encontrar más de una vez llamábase Martín Miguel de Güemes, tenía entonces 21 años, había entrado a servir en el Batallón Fixo de Línea 1799 y pertenencia a una de las más esclarecidas familias de la ciudad de Salta. Su padre era allí Tesorero General del Rey de las Españas”[8].

Una acertada decisión política, llevó que el 15 de Junio de 1965, dos días antes de recordarse el centésimo cuadragésimo cuarto aniversario de la muerte del Prócer, el gobierno de la provincia de Salta, con la firma de Dr. Ricardo J. Durand y Guillermo Villegas, gobernador y ministro de gobierno, respectivamente, emitieron un singular decreto en el cuál se disponía la certificación y la legalización del Retrato del Gral. Güemes realizado por Eduardo Schiaffino, a principio de siglo[9]. Este documento no deja de ser interesante ya que creemos que es el único documento oficial argentino que reconoce iconográficamente la autenticidad de un retrato realizado muchos años después de la muerte del modelo, revelando uno de los aspectos más apasionantes que guían a la investigación histórica.

            El dibujo de Schiaffino, dibujo en carbonilla, sobre papel, sirvió de base para el retrato más difundido del Gral. Güemes. Representándolo de medio cuerpo, de pie y vestido con su uniforme militar. Abajo a la derecha, se lee: “Schiaffino 1902- alto 95,5cm, ancho 48,5cm.

            Una feliz culminación a una larga iniciativa fue en el año 1973, apoyada por Dn. Luis Güemes, bisnieto del héroe y del Dr. Atilio Cornejo dando el aporte científico brindado por la superioridad de la Policía Federal Argentina. El tema de análisis fue de un mechón de cabello del Gral. Güemes, prestado generosamente por sus descendientes (Hoy conservado en el Panteón de las Glorias del Norte en la Catedral Basílica de Salta). El resultado del análisis realizado, estableció lo siguiente, que “El cuadro pintado por Eduardo Schiaffino en 1902, que la dignidad nobleza y pureza artística es la versión más auténtica e indiscutible del héroe. Que mediante estudios osteológicos comparativo usado hoy en la Medicina Legal, permiten llegar a la conclusión de que su talla oscilaría en 1,83 metros o más”.

            En 1910 una obra hacia la inmortalidad como una de las representaciones pictóricas más importantes de América, la obra de Antonio Alice, titulada “La Muerte de Güemes”, ubicado en la legislatura de la Provincia de Salta, hoy en proceso de restauración. Esta pintura que representa las últimas horas del héroe salteño acostado en su catre, en la Quebrada de la Horqueta rodeado por sus fieles gauchos, merece en la exposición del Salón del Centenario, Buenos Aires, la medalla de oro. Si bien, tanto el paisaje como los uniformes de los gauchos y de sus capitanes no son los indicados, es tanto la belleza plástica que parece revivirse aquellos tristes momentos en que va a apagarse la vida de uno de los grandes de la historia de América[10].

            El modelo utilizado, no ha sido otro que uno de los Güemes Castro. Antonio Alice nace en la Capital de la Argentina, 1886 y muere en ella 1943, de apenas doce años un hermano mayor lo lleva al taller del maestro, Decoroso Bonifanti, permanece junto a este pintor seis años, así en 1904, toma parte del concurso Nacional y gana el premio Roma, esto lo premia para trasladarse a Europa[11]. Así se traslada en 1904 con solo 18 años, ya en Italia se establece en Turín, ingresando en la Real Academia Albertina. Sus maestros son Gibardi, Grosso y Tavernier. Conquista en su estadía tres Medallas de Oro. Conquista galardones en París y en los Estados Unidos. Desde Milán se comunicará con la patria con el deseo de tomar parte en el concurso de cuadros históricos, de temas Históricos Nacionales en el Primer Centenario de nuestra Independencia.

            Esta pintura de gran tamaño de alto 240cm y 397cm sobre tela, narra con sabio lenguaje pictórico y rigor histórico el momento de la muerte del Héroe Salteño. Esta obra sufrió una restauración, que hace evidente en varias partes sobre todo, por la modificación de los empastes y de la pincelada, así como por las diferencias de intensidad de tonos, que pasaron a ser muy violentos al lado de los más suaves del original[12].

            El Cuadro titulado “Güemes” de Lorenzo Gigli pintado en 1943, actualmente está en el Museo de la Ciudad en Salta Capital en una sala no muy feliz para poder apreciar en su verdadera dimensión plástica. “La figura del héroe salteño montado en su caballo negro levantando la espada en ademán de detener las tropas, aparece tal como lo describe don Vicente Fidel López: “Güemes, vestido igual que sus oficiales, distinguiéndose por su capa corta y flotante de color grana (...) y como era el oficial más lujoso del ejército, llevaba el pecho cruzado por alamares vistosos y el caballo todo adornado con ricas prendas de oro y plata”[13]. Miguel Solá, en una publicación realizada en 1946, nos ilustra acerca de los sucesivos proyectos que culminaron con este cuadro, partiendo de un boceto iniciado en 1943.          Lorenzo Gigli Nació en Recanati, Italia en 1896, se nacionalizó argentino, estudio en nuestra Academia Nacional de Bellas Artes, se destaco como grabador, obtuvo importantes premios en los Salones oficiales, viajó y participó en exposiciones en gran parte de Europa[14].

            La obra de Aristene Papi fue muy fecunda en nuestra tierra, nació en Pergola, Urbino Italia en 1877 y muere en Salta en 1950. Sus primeras clases las tomó en Roma, protegido por monseñor Zanni Caprali, siendo su maestro Braggi, trabajando en obras como La Porta Pía del Vaticano, Sacristía de la Iglesia de San Carlo en Roma. En 1899 llega a Salta contratado por el Padre José Inojosa, como profesor de pintura en el asilo de huérfanos, el colegio León XIII. Al llegar a Salta encontró que el asilo-colegio no estaba construido, no hablaba castellano y era tímido. Para sobrevivir se dedicó a realizar numerosos diseños, pinturas y ornamentaciones en diferentes domicilios particulares de Salta.

            En 1928 el Ministro de Gobierno Ing. P. Sosa creó la Escuela de Dibujo y Pintura en el Consejo de Educación, siendo designado Director de la misma que funcionó hasta 1933. Siendo este el primer semillero donde se formaron los primeros maestros de dibujo y pintura de la provincia de Salta[15]. El Director del Museo Histórico Nacional, Dr. Adolfo Carranza le encarga ubicar y pintar el lugar donde falleció el Gral. Güemes para realizar un cuadro, documento de los últimos momentos del héroe que respondiera a la geografía del lugar de los hechos. La búsqueda se hizo con la colaboración de los descendientes del Gral. Güemes. El museo le encarga que pinte la muerte del Gral. Papi tarda muchos años en pintarlo y cuando lo finaliza ya había fallecido el Dr. Adolfo Carranza director del Museo por lo que el cuadro pasó a integrar su colección personal.

            Papi en sus memorias hace notar que el cuadro de la muerte de Güemes pintado por Antonio Alice “el Gral. Güemes está acostado bajo una higuera cubierta de hojas, hecho que no corresponde, pues en el invierno del mes de Junio, las higueras no tienen hojas. Según Papi la confusión se origina porque el Gral. herido, desde Finca la Cruz lo llevaron en un catre de tiento hasta el sitio “La Higuerilla”, esto ocasionó confusiones”.

            Medallón de Güemes óleo sobre tabla 31,5x34cm., pintado a pedido del Dr. Adolfo Güemes Gobernador de Salta en ese momento, es así como realiza este medallón en 1924, donde se representa al Gral. Gaucho en actitud de avance al frente de sus tropas, suavizada por una policromía llena de luz y movimiento.

            De propiedad de la Sra. Hortensia Arroyo. Ola Gaucha Óleo sobre tela 44cm x 54cm. Composición llena de dinamismo empleada en ella los diagonales en la que se desplaza el Gral. Güemes al frente de sus tropas de gauchos con el sable en alto, vestido de traje gaucho y el típico ensillado norteño.

            Una tela de grandes dimensiones 2m 80cm por 2m ubicada en la sala Güemes de la Planta baja del Cabildo Histórico de Salta, pintado por el catalán A. Estruch en 1912. Obra donde el Gral. Güemes es presentado junto a sus gauchos vestidos con trajes típicos de nuestra zona. Esta obra es trabajada en diagonales perfectamente equilibrada, sostenida por su vigorosa composición, armonizando con la suavidad del tratamiento del paisaje norteño.

            En 1900 es pintado un gran lienzo que supera 2m 50cm por 3m por el francés Franz Voltmer donde el artista representa al Gral. Güemes vistiendo uniforme de Húsar blanco princesa con sombrero de gala de género blanco, al más puro estilo de las cortes europeas.

            Un óleo de singular belleza que representa al Gral. Gaucho de medio cuerpo con esa firmeza clásica de los retratos.

            Tela finamente concebida en armonía de colores por el artista M. Coll pintado en los años 60 y hoy en el aeropuerto de Salta.

            Pero la mágica y espléndida obra inaugurada el 20 de Febrero 1931, que coronó un sueño de salteñidad al pie del Cerro San Bernardo, fue lograda magistralmente su interpretación en toda su dimensión por el artista Víctor Juan Garino, afamado artista de su tiempo, nacido en Bs. As. en 1879, becado nacional a Europa, luego catedrático de la Universidad Nacional de Buenos Aires, viajó, conoció, vivió entre las costumbres norteñas para plasmar su magistral obra. Murió el 2 de Enero 1958.

            La escultura en bronce del Gral. Martín Miguel de Güemes, inaugurado en 1985 en la plaza de Madrid España, del maestro Roberto Maehashi por especial encargo del entonces cónsul de España en Salta Sr. José Lastra González.

            Numerosa es la obra artística que se desarrolló y se desarrolla aún a lo largo y ancho de nuestra patria, inspirado en la vida y en la figura de ese hombre que con mayúsculas ha enriquecido la mente de aquellos que buscaron retratar su impronta en el bronce del pincel.

            Esas Palabras nacidas hace siglos para designar las imágenes, icono. Cuando remontándonos hacia los primeros años de la era cristiana donde cuenta la historia que San Lucas retrató a nuestra Madre Santísima, la Virgen María en una tabla quedando así como la esencia más mística en el aire conventual ortodoxo. Hoy luego de un rápido recorrido a lo largo de una galería donde en el misterio de la noche, de una como aquella, la del 17 de Junio de 1821, cuando se apagó la estrella más fulgente de este suelo. Pero esa estrella como sabemos es eterna y sobrevive a lo largo de los años, inspirando a músicos, poetas, y pintores que quisieron y quieren dejar estampada su noble figura.

            Cuando transitemos nuestros valles, nuestra quebradas, nuestros montes y cumbres, cuando observemos al noble jornalero, censillo, silencioso, de frentes cobrizas y ceñosas, manos callosas y cansadas, estamos mirando sin lugar a dudas a nuestra herencia, esa herencia que nos dejara el Gral. Martín Miguel de Güemes.

            Para finalizar quiero dejar expresada que numerosas obras quedan todavía por analizar y recordar que a la luz de los tiempos modernos las figuras de ese Gran Hombre aún no reconocido, ni retratado en su auténtica dimensión, deuda, no solo de argentinos sino también de América. No puedo ni quiero dejar de expresar mi homenaje a quienes fueron mis padres, maestros y formadores en esta batalla por el reconocimiento de aquellos que formaron nuestra historia. Me refiero al Dr. Atilio Cornejo, a la Prof. Maria Teresa C. de Hessling, y al Lic. Luis Oscar Colmenares.

            Sres. muchas gracias.

 

 

 

 

 

HISTORIA INSTITUCIONAL DE LA ESCUELA Nº 4.007

GENERAL MARTÍN MIGUEL DE GÜEMES

 

 

María Elena ALMIRÓN de UGARTE ·

 

 

                Este trabajo está dedicado

                Al personal docente de la Escuela Güemes con quién comparto el desafío de volver atrás y

                traer prestado desde allí una identidad para el presente tejiendo utopías que marcan rumbos

                A quiénes son nuestra razón de ser; los pequeños artesanos de la palabra y arquitectos de ideas:

                nuestros alumnos y alumnas. Y a la memoria de la niña Yanet Camila Cabrera Otero

                que partió hacia su nueva escuela celestial el pasado 5/5/07

 

 

Introducción

 

             A veces hay frases que caen tan bien al contexto del cual se habla que es imposible no recordarlas: “tenemos, en la actualidad en el ámbito educativo, alumnos del siglo XXI, maestros del siglo XX y escuelas del siglo XIX”. Esta idea, de alguna manera, viene a poner énfasis al tema que nos convoca.

            Si tendría que personalizar esta frase diría que mis alumnos son claros referentes del momento actual (S. XXI); yo, nacida y educada en la mitad del siglo anterior (XX) y mi escuela (la escuela donde trabajo) se constituye, como tantas otras, en los albores del siglo XX desde su etapa fundacional pero con un arranque que data del siglo anterior (XIX) por su construcción y características de edificación, por su razón de ser y el nombre que lleva.

            Tomando los aportes de Lidia Fernández diré que el conocimiento de la historia particular de un establecimiento es una pieza clave y todavía no suficientemente destacada en la literatura específica sobre el análisis institucional, sin embargo cualquier “rasgo” de un establecimiento adquiere nueva dimensión de sentido ante la luz de su historia institucional.

             “La historia institucional tanto como testimonio oral o escrito, o como producción material o simbólica da cuenta de sucesos, acontecimientos, experiencias vividas o contadas, colaborando de una u otra forma a la transmisión y circulación de unos a otros…es a su vez historia que intenta describir, explicar e interpretar una trama de relaciones y acontecimientos, a los que significa y da sentido en una narración que implícitamente advierte acerca de los vínculos, las pertenencias, los modelos, las concepciones”[16].

 

 

Presentación

 

Hablar de la historia de la escuela Güemes es cabalgar por el tiempo a través de 86 años de existencia. Nada poco para una institución escolar. Por tal motivo se hace imprescindible recortar el tratamiento de la investigación, presentando en esta oportunidad lo que refiere, de manera relevante, a su etapa fundacional y sus primeros diez años (circunstancias que rodean y conforman el momento del origen, de su fundación y aquellas que configuran y se relacionan con el nombre que lleva la institución y el edificio que ocupa para hacer efectiva su función educadora); dejando para otras instancias un abanico de nuevas posibilidades de abordaje.

 

 

            1. Datos actuales de la escuela

           

            Enclavada en el corazón de la ciudad Capital de Salta, la escuela Nº 4.007 “Gral. Martín Miguel de Güemes”, está ubicada en la avenida Belgrano 666 y actualmente tiene las siguientes características:

Tipo: Primaria común, jornada simple, diurna, dos turnos.

Modalidad: Pública de 1º categoría.

Gestión: estatal.

Zona: Urbana (micro centro).

Dependencia oficial: Ministerio de Educación de la Provincia de Salta.

Nivel de Educación: Inicial (NI), Educación General Básica (EGB) 1º y 2º ciclo.

Cantidad de grados: cuatro secciones de NI: 2 a la mañana y 2 a la tarde, cuatro secciones de grado A, B, C y D desde 1º a 6º repartidos entre mañana y tarde de manera equitativa, constituyéndose en 24 grados de EGB 1 y 2, más los jardines: 28 en total.

Cantidad de educandos: 734 (entre varones y mujeres).

Matrícula potencial: Decreciente (se cerraron las cuatro secciones de 7º grado a partir del año en curso).

Planta funcional: dos directoras (de EGB y NI) dos vice directoras de EGB (de turno mañana y tarde respectivamente), cuatro profesoras de NI, veinticuatro profesores de EGB, cinco profesores de áreas especiales (música, educación física, religión, inglés, plástica), tres celadoras, trece auxiliares de dirección y cuatro ordenanzas.

Actividades conmemorativas relevantes para la Institución

Junio: Mes Güemesiano. Se despliegan variadas acciones para honrar la memoria de nuestro héroe gaucho y valorar su legado.

Agosto 25: Acto en conmemoración del aniversario de la República Oriental del Uruguay por ser este establecimiento depositario y custodio de la bandera del país hermano.

Edificio: Compartido con el Núcleo Educativo Nº 7.086 B.S.P.A (Bachillerato Superior para Adultos) que funciona en turno noche.

            Fue declarado Monumento Histórico Provincial por el entonces Gobernador de la Provincia Sr. Hernán Cornejo según consta en Decreto Nº 1787 del 28 de agosto de 1990 donde se inscribe: “Visto el pedido formulado por el Consejo Gral de Educación de la Provincia en el sentido de declarar Monumento Histórico Provincial al edificio de la escuela Nº 016 Gral. Don Martín Miguel de Güemes, Salta Capital (catastro Nº 1159) y considerando: Que el edificio en cuestión fue construido entre los años 1.815 y 1.820 para vivienda de Don Francisco Martínez de Tineo; que el edificio que tuvo como función original la de vivienda, responde a la tipología de casona colonial, levantada a orillas del antiguo tagarete de Tineo; que desde el punto de vista arquitectónico, histórico y cultural a juicio de la Comisión del Patrimonio Cultural y Natural de la Provincia merece ser declarado Monumento Histórico Provincial; que por lo expuesto corresponde acoger favorablemente la petición formulada en tal sentido”. Este documento fue refrendado por la Sra. Ministra de Educación prof. María Ester Altube y firmado por el Secretario General de la Gobernación Sr. Laureano Almirón.

            Como vemos, el edificio que ocupa la escuela que perteneció a Francisco de Tineo y que pasó luego a ser propiedad de la familia Güemes, porque el mencionado se casó con doña Magdalena Goyechea y La Corte, madre de Martín Güemes y viuda del tesorero don Gabriel de Güemes Montero; tiene un importante reconocimiento por las Autoridades de gobierno, educativas e institucionales y es valorado por toda la comunidad de la escuela (personal docente y no docente, padres, alumnos y amigos de la misma).

 

 

            2. El por qué del nombre

 

            También desde sus inicios, la escuela Güemes, estuvo signada por su nombre y ha pretendido, con mayor o menor éxito, a través de los protagonistas de su historia institucional ser fiel acreedora de tal honor.

            En el primer libro del Historial de la Escuela (años 1923-1972) dice así:

            “Cuando las superiores autoridades de la provincia, resolvieron crear una escuela con el nombre del Gral. Martín Miguel de Güemes, en homenaje al héroe que sintetiza las virtudes guerreras y el espíritu de trabajo, de abnegación y de lealtad que ha sido el sello de la estirpe, era lógico que destinaran a tal fin el edificio que perteneció a la familia del mismo, el que fue comprado por el Consejo de Educación en 1928, siendo presidente el ingeniero Rafael Sosa”. Por lo que se sabe, desde tiempo atrás, en este local estaba instalada la escuela “Nicolás Avellaneda”. Una vez suspendido su funcionamiento fue ocupado por la nueva escuela en donde funciona hasta hoy con algunas modificaciones en su edificación y con permanentes cuidados y acciones de restauración. Aunque fue creada el 17 de abril de 1923, “la gestación de la misma arranca, según documentos que lo atestiguan, desde el año 1921, cuando en ocasión de celebrarse el centenario de la muerte de nuestro héroe, incluyeron entre los números del festejo, el de la creación de una escuela que llevara su nombre como medio de vincularlo con la acción educacional”[17].

 

 

            3. Vinculación de Güemes con el campo educativo

 

            Es curioso observar que a Martín Güemes (como a él le gustaba que lo llamaran) lo conocemos como niño, joven, hombre, gaucho, militar, gobernador, político. Conocemos al Güemes hijo, hermano, esposo, padre. Al Güemes cristiano, estratega, líder. Conocemos su pensamiento, su accionar, su obra emancipadora pero poco nos detenemos ante el Güemes educador.

            Aquel hombre, que sin ser pedagogo, nos deja “escuela” a seguir. Una escuela sin edificio y sin currícula es posible que nos cueste imaginar. Sin embargo el término “escuela” se usa también para aludir a los seguidores de una teoría, una corriente de ideas o a los discípulos de alguna personalidad destacada. Por eso me reconozco en las filas de la escuela güemesiana; por eso digo ¡cómo no vincularlo a la acción educativa si es fuente de ejemplaridad donde sus “alumnos” (hombres y mujeres de ayer y de hoy) bebieron y beben lo que viven!

            Habiendo consultado el Diseño Curricular Jurisdiccional de la Provincia de Salta, no es difícil comparar y encontrar similitudes en muchos de los aspectos que la escuela de hoy pretende formar definiendo un perfil de alumno, padre o educador con el perfil propio de Güemes, aún salvando las distancias de ya casi 200 años; a saber:

·         Poseedor de un sentimiento de confianza de sí mismo y del entorno social significativo.

·         Constructor de su identidad personal, regional, nacional y sudamericana que implique un proyecto de persona, de vida y de país, en el cual se ponga en juego la elección y adopción de un sistema de valores.

·         Generador de felicidad siguiendo los designios de Dios y de la ciudadanía.

·         Coherente entre el juicio, la acción moral y el amor a la Patria.

·         Racional con los medios que dispone para lograr el bien en un marco de justicia y equidad.

·         Participante activo en la formación integral de la gente que le tocó conducir.

·         Promotor de valores morales y cristianos.

·         Razonable, equilibrado emocionalmente, tolerante, respetuoso, honesto, austero, voluntarioso, solidario, sincero, compasivo, colaborador, cooperativo, perseverante, valiente, osado, creativo, entre otros.

 

 

4. Entorno fundacional

 

            Desde un comienzo se dio la dirección de la escuela en formación a la Srta. Emilia Fanny Wierna, en nombramiento firmado por el entonces Ministro de Gobierno Dr. Julio J. Paz y que lleva fecha 3 de junio de 1921. Al enviárselo el entonces Gobernador de la Provincia Dr. Joaquín Castellanos (1919- 1921), expresaba a la Srta. Wierna que entendía realizar un acto de justicia al mérito e inteligencia que le reconocía. No obstante, dos años de afanes le costó a la Srta. Wierna el ver hecho realidad el pro gestado establecimiento que al fin se instaló y empezó a funcionar dos años después, en 1923, siendo para entonces “Gobernador de la Provincia el Dr. Adolfo Güemes, distinguido médico salteño, hijo de Don Luis Güemes y Puch cuyo período de gobierno fue entre 1922 a 1926”[18] ¡Qué merecido galardón le tocó al nieto del Gral. Güemes haber inaugurado la primera escuela pública primaria que lleva el nombre de tan ilustre antepasado defensor de la libertad y con los más altos valores morales!

 

 

            5. Primeras disposiciones ministeriales

           

            Según consta en la circular Nº 4 de fecha Febrero 24 de 1923 proveniente del Ex Consejo de Educación de la Provincia de Salta, de la oficina Inspección General, cuyas primeras líneas que versa el Sr. Jorge Gutiérrez, quien firma al pie, expresan: “Tengo el agrado de dirigirme a Ud (se refiere a la Directora Srta. Emilia Fanny Wierna), para comunicarle que se ha resuelto que la apertura de las Escuelas dependiente de este Consejo tenga lugar el día 5 de Marzo próximo”.

            “Para la fecha de la apertura tendrá preparada convenientemente la organización de la Escuela a su cargo, con los horarios y listas confeccionadas con la anticipación debida, de modo que funcionen sin interrupción ninguna desde el primer momento, llevando los registros de asistencia de maestros y alumnos, libros de clasificaciones, cuadernos de tópicos de las lecciones, etc., en la forma requerida para la buena marcha del establecimiento”. Estas y otras recomendaciones, como así también la notificación de disposiciones vienen a configurar el marco de “indispensable aplicación y estricto cumplimiento para el mejor funcionamiento de la escuela”. También presenta el horario y la distribución de las clases. Así mismo recomienda que la distribución de las materias sea lógica y racional, de acuerdo al trabajo mental que requiere, de manera que la labor de maestros y alumnos resulte fácil y agradable.

            Además llama especialmente la atención sobre prescripciones higiénicas que deben observarse en conservar perfectamente aseado el edificio y el mobiliario, y asegurar exigencias para que los niños mantengan en perfecto estado su persona y vestidos; de manera que la limpieza se haga un hábito.

 

 

            6. Su primera directora

 

            Cabe, por los hechos demostrados, hacer una breve referencia a la persona de la primera directora de la institución educativa Srta. Emilia F. Wierna. Con tal motivo la obra “Mujeres Salteñas” de Roberto Vitry viene a ofrecer los siguientes aportes:

            “Docente, historiadora, escritora, periodista. Nació el 1 de setiembre de 1889 en El Carril (Chicoana- Salta)…Su educación primaria la recibió en el pueblo de Rosario de Lerma…Posteriormente, radicada en Salta Capital, inició sus estudios secundarios en la Escuela Normal, de donde egresó con el título de maestra…La biografiada reconoció de todo corazón los grandes méritos adquiridos por el insigne conductor de la bien denominada Epopeya de la Patria, desde 1815 hasta 1821. Por este motivo, con todo fervor, inició la valiente y patriótica campaña, como también toda la acción decidida que, entre otros salteños, cumplieron en vísperas del centenario de la muerte de Güemes con verdadero sentido reivindicatorio sus comprovincianos Joaquín Castellanos, Benita Campos y José María Romero Escobar, entre otros. En ese aspecto, Emilia Wierna colaboró al lado de estas personas para obtener que se colocara un monolito en el propio lugar donde el Gral. Güemes fue herido en la ciudad de Salta en la noche fatídica del sábado 7 de junio, como también en las gestiones condiscentes para que se enriqueciese con un busto del propio Güemes el solar de la casa donde vivió la Sra. madre del prócer”[19].

            Cabe acotar que vivió largos años después de haber desarrollado una fructífera obra educativa y cultural. Falleció en Salta el 14 de setiembre de 1964.

 

 

            7. Planta funcional en la época fundacional

 

            Con respecto a la inauguración de la escuela, abrió sus puertas con la siguiente organización que consta en el Historial de la escuela.

            Directora: Emilia Fanny Wierna.

            Maestras de Grado: Concepción de Juárez, Teresa Saravia, María Josefa Gutiérrez, Dora Pérez Linares, Carmen Rosa Leguizamón, Clementina Saravia, Candelaria Pipino, Delicia Escobar.

            Profesora de Educación Física: Blanca Eckhart.

            Profesora de labores: Carmen de Corbalán.

            Profesora de música y canto: Fanny Arias de Alemán.

            Profesora de dibujos: María Inés Pérez.

            Celadora: María Elena López Sanabria.

            Ordenanza: Milagro Tejada.

 

            Contaba con un total de ocho grados de 1º a 4º, o sea tres secciones de 1º inferior, una de 1º superior, una de 2º inferior, una de 2º superior, una de 3º y una de 4º; que reunían un total de 240 alumnas.

            La diligencia de la Srta. Wierna, permitió el pronto desarrollo del establecimiento a su cargo. Al año siguiente, 1924, un 2º inferior y un 5º grado; y ese mismo año, en mayo, se provee la escuela de la primera Vice Directora, cuyo nombramiento recayó en la Srta. Sofía Alderete, quien demostró ser digna y eficaz colaboradora de la Dirección.

            Al iniciarse el año 1925, la escuela contó ya con 6º grado y correspondiendo al crecimiento se creó el cargo de Secretaria, que desempeñó la Sra. María Mendoza de Oribe. El 25 de abril del mismo año se realizó una fiesta organizada con motivo de la colocación de un busto en bronce del Gral. Güemes en el patio central de la escuela (que hasta la actualidad se encuentra en el lugar); donado por la Sociedad Pro Patria, presidida con alto espíritu patriótico por la Srta. Benita Campos quien fuera autora de esta iniciativa y recibido por la Directora del establecimiento, la Srta. Wierna.

            La actuación de la Srta. Wierna terminó el 23 de marzo de 1933, fecha en que se designó para reemplazarla en la Dirección de la Escuela a la Sra. Lucinda B. de Guzmán, quien tuvo como Vice Directora a la Srta. Hermelinda Casale. Entonces la escuela contaba con 19 grados y una inscripción de 639 alumnas, 7 profesoras especiales, 2 celadoras y 2 ordenanzas.

            Actualmente la escuela Güemes recibe en su seno a cientos de alumnos y alumnas que entre sus gruesas paredes, antiguas tejas, añejas maderas y misteriosa resonancia de su campana aprenden, entre otras cosas, a conocer y valorar la vida y obra del Gral. Güemes; quien compartió el mismo espacio y similar paisaje; en un tiempo diferente y lejano que las sociedades siempre rememoran.

 

 

            Algunas conclusiones

 

            La Historia Institucional de la escuela es fuente de conocimiento y un elemento fortalecedor de la identidad. Por eso la comunidad debe conocerla y asimilarla para elaborar y sostener sentido de pertenencia, fortalecer valores y encarar positivamente los problemas del presente buscando las soluciones más acertadas. Ya que las nuevas generaciones son operantes de una cultura que fluye, necesita ser rescatada por los responsables de la educación acercando un pasado digno de ser conocido y valorado.

            Y esto no significa que debamos quedarnos con identidades atávicas porque, como dice Ariel Denkberg “la historia se presenta hoy como una disciplina que busca comprender el presente como producto histórico y no como destino inexorable, tratando de conocer su construcción”[20]. Quizás allí, donde los seres humanos se constituyan no en objetos sino en sujetos de su propio devenir, encontremos de donde asirnos ante la fuerte crisis de valores que sufren las sociedades del presente.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

ARCHIVOS

 

Archivo y Biblioteca Históricos de Salta

Archivo de la Dirección Gral. de Inmuebles

Archivo y Patrimonio del Ministerio de Educación

 

 

BIBLIOTECAS

 

Biblioteca de Archivo y Biblioteca Históricos de Salta

Biblioteca de la Universidad Católica de Salta “Raúl Macchi”

Biblioteca Agrupación Docente Provincial

Biblioteca de la Escuela Martín M. de Güemes

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BOLETÍN DEL INSTITUTO GÜEMESIANO DE SALTA Nº 29- 30

CADENA DE HESSLING, María Teresa. Historia de Salta. Enciclonoa (Enciclopedia Ilustrada del Noroeste). “Historia de Salta”. Ediciones Puna. Salta. 1984.

CORNEJO, Atilio, “Propiedad Inmobiliaria de Salta en la época colonial”

DENKBERG, Ariel. “Que hay que saber hoy sobre historia. Una ciencia para comprender el presente”. Revista El Monitor de la Educación. Nº10. 5ª Época. 2007. Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología. Pág. 52

DICCIONARIO Enciclopédico Ilustrado “Larousse Moderno”. Editorial Printer. Bs. As. 1989

DISEÑO Curricular Jurisdiccional de la Provincia de Salta

DOSSIER de la Cátedra Seminario de Tesis de la Diplomatura en Gestión de Valores y Responsabilidad Social

FERNÁNDEZ, Lidia M. “El análisis de lo institucional en la escuela”. Ed. Paidós. 2001

HISTORIAL de la Escuela Nº 016 “Gral. Martín M. de Güemes”. Años 1923-1972

NICASTRO, Sandra. “La historia institucional y el director en la escuela”. Ed. Paidós. 1997

PROYECTO Educativo Institucional de la Escuela Nº 4.007 “Gral. Martín M. de Güemes”

VITRY, Roberto G. “Mujeres salteñas”. Editorial Hanne. Salta. Año 2000

 

 

 

 

 

LA TRANSMISIÓN DE LOS BIENES DOTALES: EL CASO DE

LAS FAMILIAS DE SALTA (SEGUNDA MITAD DEL

SIGLO XVIII Y PRINCIPIOS DEL SIGLO XIX)

 

 

Daniel Medardo ONTIVERO ·

 

Para las familias de élite de Hispanoamérica colonial y de los primeros tiempos del período republicano, las prácticas que permitieron la reproducción social fueron un factor importante, en tanto de esta manera aseguraban su permanencia en el nivel más alto de la jerarquía social. Además de la conservación de los bienes patrimoniales -vista como necesaria para el mantenimiento del prestigio social-, la permanencia de las familias encumbradas socialmente dependió del honor y del reconocimiento del mismo por la sociedad en su conjunto, así como de sus capacidades para ejercer control en las esferas del poder político y económico.

La reproducción social de las familias de élite se tradujo en un conjunto de estrategias que respondieron a la notabilidad, a la calidad de las relaciones construidas en el marco de las redes sociales y a la manipulación de las relaciones de género al interior de las familias. Este último punto resulta de importancia ya que las mujeres fueron las más afectadas por el carácter patriarcal que caracterizaba a las relaciones familiares, en las que los hombres se apropiaron de la sexualidad y del cuerpo de las mujeres, regulando así su capacidad reproductiva. Esta relación dominación masculina/subordinación femenina se estableció en todos los niveles de la sociedad.

A fines del período colonial y a principios del republicano, las dotes matrimoniales (dos o res exoriae) evidenciaron, junto a otras prácticas sociales, esa relación de dominación masculina/subordinación e inferioridad femenina. Estas actuaron como un dispositivo de poder masculino que ha terminado posicionado a las mujeres en un segundo plano en lo relativo a la toma de decisiones respecto a la orientación de los bienes patrimoniales. También estos dispositivos de poder estuvieron relacionados con el control que los hombres tuvieron sobre el linaje, cuyos símbolos fueron los apellidos, la historia genealógica, etc. Al respecto, a través de la documentación se advierte como los hombres, desde el marco jurídico y desde sus prácticas sociales, fueron haciendo uso de políticas de acción que legitimaban los que ellos naturalmente consideraban era su derecho. Ello nos lleva a pensar que el capital presente en las escrituras de dotes, ya fuera este material o simbólico, no representaban a las mujeres -en tanto sujetos sociales-, sino a un linaje familiar pensado y construido por y para los hombres. De acuerdo a lo dicho anteriormente, pensamos que a través de las dotes –como mecanismo de transferencia de bienes familiares- es posible encontrar evidencias de cómo operaban aquellas prácticas que tenían como propósito conservar el patrimonio androcéntrico y familiar, como así también, expresiones de poder que desde la hegemonía de los hombres terminaban definiendo el rol de las mujeres dentro del contexto familiar.

En la presente investigación nos proponemos el análisis de la transmisión de bienes patrimoniales realizada a través de las dotes matrimoniales en la segunda mitad del siglo XVIII y en las primeras décadas del siglo XIX. Se considera que dicha investigación se justifica debido a: 1) que se logrará demostrar que a través de éstas, las familias salteñas lograron aplicar el marco legal de la “herencia castellana” –reparto igualitario entre los herederos forzosos varones y mujeres- sin eludirla, pero también repartir los bienes de acuerdo a una racionalidad –adelanto de la legítima- que garantizaba la reproducción social de las familias de élite; 2) que se abre otra forma de concebir a las dotes, esto significa estudiar a las mismas no sólo como aquellas destinadas a las cargas de la nueva pareja constituida (ad sustinenda onera matrimonii) -es decir como un simple mecanismo de transferencia de bienes- sino, como un dispositivo de poder masculino que –junto a la herencia- sirvió de referencia para la construcción y el reforzamiento de las identidades de género[21] y 3) que permitirá establecer los cambios y las permanencias en las prácticas de transmisión de bienes dotales en este período analizado con el propósito de determinar el impacto de las “reformas borbónicas” en el área de estudio, como así también introducirnos en un tema aún poco estudiado que son los efectos de las guerras por la independencia en el patrimonio de las familias de élite.

 

 

            Aspectos preliminares

            A partir de una investigación sobre dotes matrimoniales (Siglo XVIII)

 

Todavía no se ha realizado ningún trabajo de investigación sistemático sobre las dotes matrimoniales en Salta ni para el período colonial, ni para el período republicano. Aunque en estos últimos años hemos realizado algunos avances sobre el tema, todavía no existe un panorama secular sobre las prácticas sociales en Salta que giraban alrededor de los matrimonios y la transferencia de bienes por la vía dotal. Las investigaciones que existen siguen siendo parciales y están centradas en un período específico[22].

Entre los antecedentes de investigaciones que trabajan sobre el tema de las dotes matrimoniales en Salta en el período colonial, por ejemplo, figura la ponencia realizada por Alfonsina Barraza[23]. En ella se analiza algunos aspectos de la conformación de la élite salteña y sus estrategias de conservación de bienes a través del estudio de las dotes matrimoniales. Al parecer la intencionalidad de la autora es establecer los cambios y las permanencias en las formas de reproducción social, es decir lo que le interesa estudiar son las prácticas sociales de las familias de élite en el período de la segunda mitad del siglo XVIII. En este sentido, para la autora, los cambios estarían asociados a los procesos de secularización de los mecanismos de reproducción social regulados por la Real Pragmática de fines del XVIII y por la Novísima Recopilación de principios del XIX. Ambos marcos regulatorios de las prácticas matrimoniales condicionarían, desde esta perspectiva, la condición de las mujeres en relación con las prácticas de interacción con los hombres.

Según Barraza, hay una serie de dificultades metodológicas que se debe tener en cuenta a la hora de estudiar las dotes matrimoniales en Salta y que son destacables en la medida que se quiera advertir sobre los alcances y los límites de investigaciones que pretendan una mirada secular de las prácticas de transmisión de bienes patrimoniales (herencia y dotes matrimoniales). Una de ellas, es la ausencia de un número homogéneo de registros que permita realizar una serie completa para el período. Para ella, los grandes vacíos en las distintas décadas pueden distorsionar el panorama estudiado; sin embargo, hay que agregar que si bien esto es cierto, no implica que se puedan obtener series de datos. Ello dependerá de lo que se quiera de la información. Al respecto, no es difícil construir series, lo difícil es rastrear y sistematizar la información en bases de datos que permitan conclusiones próximas a la realidad social. Otra de las dificultades que ella menciona -y que es válida para aquellos que hacen estudio de precios y no para los que trabajan sobre las prácticas sociales-, es que los mismos no son precios de mercado dado que fueron producto de tasaciones que seguramente han respondido a la experiencia de los tasadores que a los efectos del mercado. Empero a lo dicho, se piensa que ello es de importancia secundaria para aquellos estudios que sólo pretendan establecer la distribución y la composición de los bienes en las cartas dotales. Si bien, como lo menciona la autora, algunos bienes (esclavos, ganado, plata) efectivamente estuvieron condicionados por el mercado local o regional por el grado de monetización, etc.; esta variación nos sirve de referencia para establecer sólo los cambios dados a nivel económico y social en el espacio.

Una de las dificultades que se advierte y que no menciona Barraza, dado que su interés es diferente al trabajo propuesto en este artículo, es que en muchas ocasiones no hay coincidencias entre la suma a entregar estipulada por los tasadores y la real -aquella obtenida de la sistematización en nuestra base de datos-. Ello, sin embargo, no nos impide establecer la calidad y la cantidad de los bienes transferidos por vía dotal.

En el mencionado trabajo, por otra parte, ella sostiene que en la segunda mitad del siglo XVIII asistimos a un conjunto de cambios que transformarán a esta sociedad de características estamentales a una sociedad mercantilizada. Si bien, podría considerarse como una sociedad que adquirió rasgos modernos, pensamos que ello no es cierto dado que ésta no abandonó del todo su antiguo universo mental, asociado al uso de monopolios materiales como base de prestigio social.

De análisis de esta investigación surge una necesidad de seguir profundizando aspectos de las prácticas sociales que se tratan muy superficialmente y que seguro nos permitirán establecer conclusiones reveladoras de una realidad con connotaciones de cambios. Al respecto, éstos tienen relación con los efectos provocados por las “Reformas Borbónicas”, con los marcos jurídicos impuestos desde la “Real Pragmática” y la “Novísima Recopilación” y con aquellos que se manifestaron en virtud de las guerras por la independencia que afectaron al espacio.

 

 

            1. Reproducción social, patrimonio y género en las familias de élite[24]

 

La posición de privilegio de los vecinos notables no sólo se debió a las capacidades individuales y las políticas de los pater familias para establecer el control en las esferas de poder sino, además, al manejo estratégico de las relaciones de género al interior de las familias[25]. Esto último comprendía todas aquellas decisiones dirigidas a ampliar o a conservar los ámbitos de influencia de las familias notables y tenían una doble finalidad: por un lado, a través del matrimonio se establecían alianzas que integraban a las familias a la red de familias notables; por otro lado, estas estrategias se relacionaban con el rol o roles asignados a sus miembros, sean hombres o mujeres, con el propósito de controlar a los diferentes ámbitos de poder[26]. De esta manera, tanto hombres como mujeres se acomodaron a una jerarquía de género delineada por las estrategias familiares[27].

En lo que se refiere a la conservación de los bienes patrimoniales, por ejemplo, ésta era considerada necesaria para el mantenimiento de lugares estratégicos en las esferas de poder y para asegurar la distinción y supremacía frente a las demás familias notables. En este sentido, el proceso de formación de los patrimonios dependió de las estrategias de reproducción; éstas estuvieron a cargo de los miembros masculinos -debido a la capacidad social de acumular- quiénes fueron, a excepción de algunas vecinas notables dada su posición de únicas herederas o viudas, los que manejaron los aspectos vinculados con el tráfico mular, el comercio regional e interregional, el mercado de crédito y las actividades agrícolas y ganaderas[28].

La maximización de las ventajas matrimoniales y el manejo estratégico de las normas sobre herencia, asumidos como una tarea legítima por los hombres, permitieron también el aumento y/o la conservación del patrimonio. La concentración patrimonial bajo el liderazgo de los miembros masculinos de las familias notables y a través de las generaciones, dependió del éxito de una correcta elección matrimonial para sus miembros femeninos y de una inteligente distribución de los bienes en las dotes y en la herencia[29]. Así, por ejemplo, las mujeres fueron controladas y sometidas por los pater familias, en función de lograr reforzar los lazos de solidaridad con otras familias notables, sin perder la estructura de los patrimonios familiares. En este sentido, el papel que se les otorgaba a las mujeres de las familias notables de Salta era el fomento de la religiosidad doméstica y la consolidación del modelo de vida familiar, es decir, la reproducción cultural de los patrones sociales del grupo de los notables. Vemos entonces que las mujeres tuvieron una importante responsabilidad en el mantenimiento de las estructuras sociales, dado que las familias eran el ámbito de socialización por excelencia.

Siendo que el papel de la reproducción biológica recaía en las mujeres, la preocupación de los hombres fue el control sobre la conducta sexual de las mujeres, en tanto de esa manera se garantizaba la conservación del honor, la perpetuación del linaje y la legitimidad de la descendencia. A pesar de la función irremplazable de las mujeres en la reproducción del grupo notable, éstas no tuvieron una participación directa como vector de la organización social, condición resultante de las circunstancias históricas generadas en un ordenamiento patriarcal, que ligaba a las mujeres solamente a la función de reproductoras de la descendencia.

Sin embargo, a la asignación de estos papeles -correspondiente a la esfera de lo doméstico- es posible contraponer el papel activo que tuvieron algunas de ellas en la vida pública, ya sea con mediación de un representante varón o por su condición de notabilidad. Entre las familias notables salteñas, encontramos algunos ejemplos sobre mujeres que, en su condición de únicas herederas o de viudez, tuvieron una mayor capacidad social de negociación en la jerarquía de género, lo que no implicaba que de todas maneras estuvieran supeditadas a su condición de inferioridad frente a los varones. Si bien el papel de los hombres en la tarea de reproducción social es el que sobresale en la documentación -debido sobre todo a su participación en la esfera pública- algunas mujeres notables también tuvieron una participación directa en la preservación y conservación del patrimonio familiar.

 

 

       2. Las dotes matrimoniales: sus características generales

 

La dote representaba una parte del patrimonio familiar destinado a ser entregado como anticipo de herencia a las contrayentes, convirtiéndose en una plataforma de seguridad en caso de que éstas quedasen solas, viudas o abandonadas[30]. De acuerdo a lo señalado por José de la Peña, tenía una doble función: por un lado, otorgaba a los maridos el acceso a una cantidad significativa de bienes; por el otro, representaba el capital inicial destinado a mantener a la nueva pareja constituida[31]. Tanto Kicza como Lavrín, por otra parte, reconocían en las dotes matrimoniales un carácter de trousseau (ajuar) más que otra cosa, pues estaban compuestas en su mayor parte por ropa, alhajas y muebles y muchas veces con un muy reducido capital líquido. Para ellos, las dotes matrimoniales cumplían con una tradición social que era la ayuda para “poner la nueva casa”, en este sentido, no significaba más que un mecanismo de transferencia de capital[32].

Como institución la dote también reflejaba la condición de inferioridad jurídica de las mujeres, puesto que los hombres poseían las prerrogativas para disponer de los bienes dotales y para establecer las transacciones matrimoniales; con ello se evidencia claramente que las mujeres no fueron vistas como sujetos, sino como “bienes de intercambio”. Dicha condición refleja, además, la situación de inferioridad legal de la mujer, que no tenía capacidad civil, en tanto siempre estaba bajo la patria potestad de un hombre, sea el padre o el marido, lo que le quitaba la posibilidad de decidir respecto a la reproducción social. Una opinión similar es la de Emma Mannarelli, para ella el funcionamiento del sistema dotal implicaba una escasa valoración de lo femenino, puesto que necesitaba de un valor agregado, la dote, para poder formar un nuevo grupo familiar[33].

La institución dotal –si es considerada como uno de los mecanismos de transferencia de riqueza- llegó a otorgar a muchos esposos la facultad de iniciar, expandir o apuntalar sus patrimonios o sus actividades financieras[34]. Si bien los maridos estaban autorizados a utilizar las dotes de sus mujeres para generar beneficios, los bienes dotales debían ser restituidos al momento de la muerte de la esposa o a la disolución del matrimonio[35].

Podemos señalar en lo referido a la función de la dote matrimonial que la transferencia de bienes por esta vía fue un mecanismo que contribuyó económicamente a la nueva pareja constituida; asimismo, en algunas ocasiones permitió la unificación de los patrimonios familiares de los notables, aunque también ocasionó el desmembramiento de parte de la riqueza de los núcleos patrimoniales. Otras funciones de las dotes matrimoniales estuvieron relacionadas con el reforzamiento de la identidad femenina. También, las dotes aparecen como un mecanismo asociado a la virginidad y a la virtuosidad, es decir, relacionado con la sexualidad de las mujeres de estatus[36].

La concesión de dotes dependió de los intereses de las familias notables y, por ende, respondió a una política de reproducción social netamente patriarcal. Con esta política los hombres de las familias notables lograron consolidarse en el espacio social, a partir de la maximización de los beneficios que se podían obtener de las uniones matrimoniales, del intercambio de sus mujeres y de los bienes materiales y simbólicos.

Por lo que se observa a nivel general, las familias salteñas transfirieron parte del núcleo patrimonial mediante las dotes matrimoniales. Los montos de las dotes fueron heterogéneos y, al parecer, dependieron del volumen y de la estructura del patrimonio de los padres o parientes colaterales de la contrayente.

 

 

       3. Composición y distribución de los bienes dotales (1751-1826)

 

A partir de una muestra de 54 cartas de dotes –las que fueron protocolarizadas entre 1750 y 1826-, se ha logrado establecer la composición de las dotes matrimoniales, para tal fin se ha creado un cuadro (ver Cuadro nº 1), en el que se utilizaron básicamente dos variables: “bienes inmuebles” y “bienes muebles”. Dichas variables nos permitió aproximarnos a la composición y al valor de las dotes matrimoniales de las hijas de lo/as notables salteños.

Para la variable "bienes inmuebles" hemos definido dos indicadores. Por un lado, "bienes inmuebles urbanos", que fue desagregado en las siguientes categorías: "casas", "tiendas", "aposentos" y "solares". Por otro lado, al indicador "bienes inmuebles rurales" le correspondió las siguientes categorías: "estancias", "chacras" y "tierras".

Respecto a la variable "bienes muebles", los "menajes de uso diario" y "ganado" constituyeron los indicadores, a partir de los cuáles sistematizamos la información proveniente de las dotes matrimoniales. Al indicador "menaje de uso diario" se le asignó las siguientes categorías: "plata y joyas", "vestimentas", "muebles", "imaginería", "esclavos", "dinero", “instrumentos de débito” y “otros” en donde se incluyen, por ejemplo, aquellos objetos relacionados con menajes de producción. Al indicador "ganado" le correspondió las siguientes categorías: "ganado mular", "ganado vacuno", "ganado caballar" y “ganado ovejuno”.

En general, se observa que la dote matrimonial de los y las notables no era un vehículo prioritario para la transferencia de la riqueza familiar (Ver cuadro nº 1 y gráfico nº 1 y nº 2). Si bien mediante las dotes se transferían una cantidad significativa de bienes, éstos no poseían un valor económico (productivo) y social importante; a excepción de algunos casos que se consideran como dotes particulares debido a la condición de sus poseedoras como únicas herederas o viudas.

De acuerdo a los bienes que componían las dotes, advertimos que hay un claro predominio de los bienes o menajes de uso diario (“ajuar de la novia”) por sobre los medios de producción, tales como bienes inmuebles rurales: “chacras”, “estancias”, “haciendas”, “potreros”, etc. A partir de esta referencia, el análisis de la composición de las dotes matrimoniales nos sugiere que la función esencial de éstas podría ser el sostenimiento de las cargas matrimoniales de la nueva pareja constituida. Sin embargo, si lo analizamos desde la perspectiva de género, pensamos que los bienes transferidos a través de las dotes tuvo el propósito diferente que era el de reforzar la identidad de género de las contrayentes como subordinadas. Los vestidos en sus diversas hechuras y calidades, la ropa de dormir, los enseres domésticos, las casas, los esclavos, la platería y las joyas e inclusive el dinero, además de servir para el sustento de las cargas matrimoniales contribuyeron a la naturalización de los roles asociados a las mujeres. Ello significa que las dotes (al igual que la herencia) deben ser vistas como un dispositivo más de la dominación masculina en donde a través de la transferencia de determinados bienes (“ajuar de la novia”) se reforzó socialmente la idea de lo que debían ser los hombres y las mujeres. De esa manera, a través de las dotes matrimoniales se confirmaba la situación de las mujeres en relación de subordinación, lo que traía como consecuencia estar separada del principal factor de producción que era la tierra (en nuestro caso entiéndase como: “estancias, chacras, tierras”). En otros términos, además de contribuir “supuestamente” con las cargas matrimoniales, las dotes -a través de bienes asociados a lo femenino- sirvieron a los fines del proceso de simbolización de la diferencia sexual que consolidaron la desigualdad de poder a favor de los hombres.

Las dotes entregadas a las contrayentes por los y las notables de Salta estuvieron compuestas principalmente por “dinero”, “casas” y “vestimentas”, respectivamente. El rubro “dinero”, a diferencia de lo visto en una investigación anterior en donde las vestimentas predominaban, es el más significativo puesto que representa el 23 % del total de la sumatoria de las dotes entregadas en el período que ascendía a 257.716 pesos[37]. Respecto al rubro “casas”, estas representan un valor del 18 % respecto del total de bienes transferidos mediante las dotes. En lo que atañe a las vestimentas, se ubica en tercer lugar con el 11 %, es decir 30.447 pesos (Ver Gráfico nº 1 y nº 2). Otros dos rubros significativos son los compuestos por los “esclavos” y “plata y joyas” con el 10 % y el 8 %, respectivamente. El rubro que no nos arrojó ninguna referencia estadística es la que corresponde a “tierras” con el 0 %, ello se corresponde con los valores bajos relacionados con los bienes considerados como productivos, es decir aquellos que podían brindar a las familias una renta diferencial como lo fueron: “estancias” y “chacras”. Si consideramos el total porcentual del rubro “bienes inmuebles rurales” tenemos que este representa tan sólo el 4 % del total de los bienes transferidos vía dotes. Esta tendencia, si la comparamos con la realidad de la primera mitad del siglo XVIII (Ver Cuadro nº 3), se mantiene casi entre los mismos valores porcentuales (3%).

La dote que recibió una mayor cantidad de bienes también fue la de Doña Lorenza de la Cámara, viuda y vecina de Salta, quien en segundas nupcias contrajo matrimonio con Don Francisco de Sinde, natural de Galicia. La misma ascendió a 44.203 pesos. De acuerdo a lo dicho por Doña Lorenza en la dote que ella misma se entregara, dicho capital fue producto de la herencia que recibiera de sus padres el Maestre de Campo Don Antonio de la Cámara y de Doña Gregoria Ruiz de Elizondo. Entre los bienes que más se destacan de la mencionada dote podemos encontrar: a la casa de su morada (11.000 pesos), a los instrumentos de débito (10.011 pesos), al dinero (5.272 pesos), a los esclavos (5.125 pesos) y a las vestimentas (4.419 pesos)[38].

Otra dote que se puede considerar como significativa debido a la naturaleza de los bienes transferidos fue la que le correspondió a Doña María Ygnacia Torres –hija de Don Gabriel de Torres y de Doña Petronila García Barela y casada con Don José de Otero- por el valor de 12.000 en “plata zellada moneda doble”[39]. Las dotes que le siguen en importancia, de acuerdo a los datos relevados (ver Cuadro nº 1), fueron las de Doña Mónica López, casada con Don José María de Llarramendi, de Doña María Josepha Texada y Blanco, hija de Don Manuel de Texada y de Doña Gregoria Blanco y, por último, la de Doña Catalina Arias Rengel (hija del Maestre de Campo Joseph Arias Rengel, Alférez Real, y de Doña María Peñalva), que sumó 11.968 pesos[40].

Otra dote cuyo monto resulta significativo para el período analizado, es la de Doña María Luisa de la Quintas, hija de Don Cayetano de las Quintas (difunto) y de Doña María Josepha Fernández. Entre los 10.540 pesos que se le entregara por su casamiento con el Sargento Mayor Don Pedro de Elejalde, natural de Vizcaya, se destacan los 4.100 pesos que se le entregaran por el valor de una casa[41]. También es oportuno mencionar la dote que recibiera Doña María Josepha de Isasmendi, hija del General Don Domingo de Isasmendi y de Doña Josepha Gertrudis Echalar, por el monto de 10.928 pesos[42].

Estos montos resultan de importancia para los fines comparativos con otras regiones de manera tal de poder ponderar la importancia de los patrimonios de las familias salteñas en este período analizado. Otra referencia de importancia para establecer comparaciones es el promedio del total de las dotes estudiadas en el período que es de 4.772 pesos. En relación al promedio obtenido para la primera mitad del siglo (2.862 pesos) tenemos que casi lo duplica, aunque cabe destacar que el número de dotes también es superior (54 contra 39 cartas de dotes).

Como ya lo hemos mencionado anteriormente, uno de los rubros que componían las dotes fueron las “propiedades urbanas”. Del análisis general de este rubro se puede establecer que en muy pocos casos se han transferido “bienes urbanos” a las contrayentes. Así, de un total de 54 casos analizados, sólo 16 recibieron “casas de morada” en su carta dotal. En lo referido a “tiendas y trastiendas”, por ejemplo, fue Doña Antonia de Saravia –hija del Maestre de Campo Don Joseph Saravia- una de las tres mujeres que recibieron este tipo de inmueble urbano cuyo valor ascendió a 1.550 pesos[43]. En otros rubros, tales como “aposentos” y “solares” la tendencia sigue siendo similar. Entre las más representativas se encuentran los “aposentos” entregados a Doña María Francisca de Aguirre tasados en 2.361 pesos[44].

En lo que respecta a los “bienes inmuebles rurales” y haciendo particular referencia a las “estancias”, tenemos que del conjunto de las cartas analizadas tan sólo seis casos recibieron este tipo de propiedad. Uno de ellos corresponde a la dote entregada a Doña María del Carmen Costas y Gauna, casada con Don Juan Antonio Santibáñez. El valor de la estancia transferida por vía dotal ascendía a 2.300 pesos[45]. Otro caso es el de Doña Manuela Polo, quien recibió una estancia valuada en 2.100 pesos[46]. La chacra valuada en 2.500 pesos y que fuera otorgada a Doña Lorenza de la Cámara, resulta la más significativa en ese rubro puesto que es el único caso.

Del análisis de la variable “bienes inmuebles” tenemos que tan sólo representa el 26% del total de bienes distribuidos por vía dotal, mientras que el 74% estuvo conformado por bienes considerados muebles. De los porcentajes que se pueden establecer entre los indicadores “menajes de uso diario” y “ganado” tenemos que: el 70% se corresponde con el primer indicador y tan sólo un 4% con el segundo. Ello nos lleva a analizar el 70% de los bienes que comprenden el rubro “menajes de uso diario”. De conjunto de bienes sólo se destacan dos “Dinero” con 23% y “Vestimentas” con 12% del total de los bienes dotales. Como ya lo dijimos, de las “vestimentas” que habían sido predominantes en el medio siglo anterior (Ver cuadro nº 3) se pasa al “dinero” como un bien que aparece aparentemente en mayor proporción en las dotes. Las explicaciones de este cambio podrían ser tres: a) las transformaciones producidas en el espacio regional debido a las reformas borbónicas produjeron una reactivación económica que permitió una mayor liquidez entre los patrimonios familiares. Ello queda corroborado en el hecho de que de un total de 54 dotes el dinero aparece en un 72 %, mientras que en tan sólo un 13% está representado por instrumentos de débito que serían indicativos de falta de liquidez, ; b) debido a una mayor apertura comercial hacia la década del ’70 se produjo una mayor oferta de vestimentas y otros bienes destinados al uso doméstico, lo que hizo que estos bienes fueran perdiendo las características de capital acumulable frente a otros tipos de bienes como el dinero, los esclavos o la plata y las joyas y, 3) el flujo migratorio de comerciantes, la reactivación mercantil, la necesidad de forjar alianzas entre peninsulares y las familias notables, etc. produjeron efectos en el que el “dinero” se transformó en el bien más valorado para los intercambios materiales y simbólicos.

            Con lo sostenido anteriormente y a partir de los índices porcentuales, queda demostrado que las dotes entregadas entre 1751 y 1826 no constituyen un mecanismo de transferencia de bienes económicamente productivos (estancias, chacras, haciendas, etc.), sino que tuvo como propósitos: a) la de mantener a la nueva pareja constituida, b) la de ofrecer mayores ventajas en las alianzas entre los notables, mediante mecanismos de reciprocidad que se proyectaron a largo plazo en función de beneficiarse de una red social y c) la de contribuir, a través de determinados bienes, al reforzamiento de las identidades de género. Con ello, queremos decir que la concesión de dotes dependió de los intereses de los miembros masculinos de las familias notables, en tanto respondieron a una política matrimonial tendiente a la formación de alianzas de familias. Con esta política, las familias notables lograron consolidarse en el espacio, a partir de la maximización de los beneficios que se podía obtener de las uniones matrimoniales y del intercambio de bienes materiales y simbólicos.

Del análisis realizado sobre los indicadores y categorías correspondientes a los “bienes muebles”, es posible establecer algunas aproximaciones que nos permite relativizar lo dicho respecto al rubro “dinero” de las contrayentes en este período (Ver cuadro nº 1). Si sumamos los porcentajes correspondientes a “plata y joyas”, “vestimentas”, “muebles”, “imaginería” y “esclavos” frente al correspondiente a “dinero”, tenemos que representan un total del 31% del total de los bienes transferidos por vía dotal frente a los 23% que habíamos señalado como significativo para el rubro monetario. Este porcentaje obtenido de la suma de los bienes que componen el denominado “ajuar de la novia”, nos permite demostrar que a pesar del evidente incremento en proporción del rubro “dinero”, motivado por las tres explicaciones citadas con anterioridad, fueron los bienes asociados con la feminidad los que siguieron predominando.

Del total de las 54 dotes estudiadas (Ver Cuadro nº 2), en 41 de ellas presentaron “plata y joyas”, “vestimentas” y “muebles”, en 32 “esclavos” y en 12 “imaginería”. En lo referido a la frecuencia de aparición del dinero en las dotes, por otra parte, los indicadores arrojan que aparece en 39 del total de dotes, lo que significa un 72%.

Estos índices resultan significativos y permiten establecer cambios y continuidades entre las dotes en la primera mitad del siglo XVIII -en donde no se hallan manifestados ni dinero ni instrumentos de débito- y aquellas que se otorgaron en la segunda mitad del siglo y principios del XIX[47]. En que respecta a los cambios, podemos mencionar el cambio en la distribución de los bienes debido al notable incremento del “dinero” en las dotes. Como ya lo explicamos, tiene relación con los cambios en la producción y circulación manifestados en el espacio debido a la reactivación de la producción minera en el Alto Perú, que motivó una mayor liquidez monetaria. En consecuencia, la presencia de una mayor cantidad de dinero en las dotes estaría denotando una mayor presencia del mismo en los patrimonios familiares. De acuerdo a la situación planteada anteriormente de reactivación de la producción, es posible explicar el porque no se han transferido “bienes inmuebles rurales” en las dotes. Dados que éstos eran destinados a la explotación económica por los miembros de las familias notables, no resultaba oportuno el desmembramiento de los mismos, puesto que la reactivación mencionada les permitía beneficios. En lo que se refiere a las continuidades, se observa a través de los indicadores que hubo una hegemonía de los bienes que formaban parte de “ajuar de la novia”, lo que corrobora lo dicho respecto a las dotes como mecanismo destinado a reforzar las diferencias entre los sexos y por ende, la exclusión de las mujeres.

Una realidad contrapuesta fueron las dotes entregadas por la nobleza limeña del siglo XVIII, en las que se observa una mayor presencia de propiedades inmuebles -casas en la ciudad, quintas, huertas, chacras o haciendas-, alhajas y mobiliario. Al respecto, Rizo Patrón señala que la elevada presencia de ropa en las dotes fue una característica de las élites provinciales sin mucha fortuna[48]. Esto se comprueba con los datos referidos a la sociedad sanjuanina colonial -provincia de Cuyo-, en la que se observan similares características a las señaladas por Rizo Patrón para el caso limeño; según Fanchin, a excepción de las mujeres de élites -que predominantemente recibían propiedades inmuebles, alhajas y esclavos-, la mayoría de las mujeres sanjuaninas recibieron sólo la ropa de su uso[49]. Una situación similar a la indicada por Fanchín y Rizo Patrón, es la que observó López Beltrán en La Paz del siglo XVII. Allí, no hubo grandes concesiones de tierra entre los bienes dotales y tampoco se hizo con frecuencia, sólo una tercera parte de los documentos estudiados se cedió inmuebles rurales. Ello se podría atribuir, como en el caso de las familias notables de Salta, al hecho de que las propiedades productivas como las haciendas, los obrajes o las minas fueron de preferencia conservadas para los hombres[50].

Como lo hemos visto, las dotes otorgadas por las familias notables estuvieron compuestas principalmente por una elevada presencia del “ajuar de la novia” (31%). Esta característica corrobora las opiniones de Rizo Patrón, respecto a la composición de las dotes otorgadas en las provincias de interior y nos indica sobre la modestia de los patrimonios de las familias salteñas; esto se explica, por un lado, por su condición periférica y de frontera de los centros administrativos y económicos y, por otro lado, por la base económica -agrícola/ganadera-, cuya renta diferencial no se comparaba a las obtenidas en la esfera de producción minera o del comercio monopólico limeño o mexicano.

Como ya se dijo con anterioridad, queda claro en los casos analizados entre 1751 y 1826 que la función de la dote no sólo era la de aportar un capital inicial a la nueva pareja, que era reducido sólo al “trousseau ”, sino de reforzar una identidad de género femenino ya construida por procesos previos de socialización. En consecuencia, lo conveniente es agregar que la presencia mayoritaria de bienes que correspondían al “ajuar” de la novia nos indican que:

a) las familias incluyeron en las dotes objetos improductivos posiblemente de manera estratégica, puesto que los bienes económicamente importantes –aquellos que permitían una renta diferencial como la tierra- eran los que les permitirían salvaguardar su patrimonio y, en consecuencia, el linaje;

b) el hecho de que el gran porcentaje de bienes que componían las dotes estaban relacionados con el “ajuar de la novia” nos indica respecto a la condición de inferioridad jurídica de las mujeres, quiénes fueron vistas con fines de establecer alianzas de tipo familiar que terminaban beneficiando a los hombres de las familias. Desde esta perspectiva, las mujeres no fueron vistas como actores sino como parte del núcleo patrimonial que permitiría a largo plazo beneficios materiales. De allí que se explica la necesidad de moldear actitudes, comportamientos, sexualidad y cuerpo de las mismas, que se construyen en función de las expectativas de la dominación masculina y;

c) las dotes contribuyeron a forjar las identidades de género. Ello significa lo siguiente: la gran proporción de bienes correspondientes al “ajuar de la novia” transferidos en las dotes tuvo relación con estrategias de reproducción de las familias de élite, pero además con un modo de establecer identidades de género a partir de referencias como los bienes que permitieron establecer diferencias sexuales. Así, por ejemplo, mientras que a las mujeres les correspondió aquellos bienes relacionados con la feminidad, a los varones, en cambio, les tocaba aquellos bienes productivos que transferidos mediante herencia reforzaban su masculinidad. De esa manera, a través de la transferencia de bienes mediante las dotes y la herencia, se impuso una jerarquía genérica.

 

 

            4. De los efectos de la guerra por la independencia en las dotes matrimoniales: una aproximación

 

            Para fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX, otros serán los elementos que definirán la distinción entre los miembros de la sociedad. Debido a las modificaciones operadas en el esquema de la administración borbónica, se comienza a vislumbrar una serie de cambios particularmente en el sector de la élite debido al ascenso al poder local de los comerciantes peninsulares y al proceso de reconversión del capital por el cual atravesaron algunas familias tradicionales de Salta[51]. Es en este período, en donde comienza a privilegiarse la riqueza de los comerciantes, quienes por medio de las alianzas por matrimonio lograron acceder a los cuadros del poder político local (Cabildo) y a las ventajas de pertenecer a una red social compuestas por los vecinos tradicionales y por los nuevos comerciantes[52].

            En relación a las transformaciones operadas a nivel de las interacciones entre los sexos, se puede argüir que dada la Real Pragmática y la Novísima Recopilación de principios del XIX, se construyó un marco jurídico que hizo más autoritario el control que se tenía de las mujeres a través del matrimonio y de las prácticas de transmisión de bienes a través de las dotes, particularmente aquellas normas que regulaban el monto de las mismas. Con este ordenamiento jurídico, las mujeres pasaron a jugar un rol totalmente marginal acentuando aún más la posición de exclusión ya ocupada en el siglo anterior. En consecuencia, la posición de las mujeres en este período se vio sumergida en una condición de sometimiento más profundo, la que se convirtió en severa frente a los efectos de la guerra por la independencia, puesto que quedaron prácticamente “invisibilizadas” frente a las necesidades de recursos para sostener las operaciones en el teatro bélico.

      En lo referido a la transmisión de bienes dotales, por ejemplo, la guerra por la independencia tuvo repercusiones sobre la dinámica de la transferencia de bienes a través de las dotes –habría que analizar también los testamentos de la época- entregadas por las familias más encumbradas de Salta.

En la documentación analizada se advierte que los montos de las dotes varían, dependiendo si fueron entregadas antes o durante la guerra gaucha, entre los 500 a 17.000 pesos aproximadamente. Así, por ejemplo, se destacan las dotes que pertenecieron a Doña Mónica López y a Doña María Josepha Texada y Blanco con un valor de 17.357 y 17.296 pesos respectivamente. Ambas fueron protocolarizadas hacia 1804, es decir mucho antes de la coyuntura bélica manifiesta en el espacio debido a la intervención de las tropas güemesianas contra los realistas. Durante la coyuntura de la guerra gaucha sólo hemos podido encontrar registradas en los protocolos tan sólo 5 cartas dotales (2 de 1812 y 3 de 1818). Las de más alto valor fueron las pertenecientes a Doña Manuela Antonio de Rosales -casada con Don Manuel López Brizuela- y a Doña Gregoria Toledo Pimentel -casada con Don Matías Gómez Linares- con 6.000 y 6.447 pesos respectivamente. Del resto de las cartas dotales importa destacar la de Doña Rafaela Carlota González (4.539 pesos), porque las otras dos sólo fueron tasadas por 500 pesos.

Del producto de un análisis más exhaustivo de la documentación distribuida entre 1800 y 1818, hemos podido distinguir los siguientes aspectos:

-          Se ha trabajado sobre la base de 18 cartas dotales.

-          Se registraron dotes en los siguientes años: 1800(1); 1802(1); 1804(3); 1806(2); 1807(2); 1808(4); 1812(2); 1818 (3).

-          No se registran cartas dotales en períodos de conflicto bélico a excepción de 1818, lo que nada nos asegura que no hayan sido protocolarizados o entregadas de palabra debido a ser montos poco significativos. Suponemos que debido a las necesidades de una “economía de guerra”, los bienes familiares debieron ser orientados al financiamiento de la guerra.

-          El monto promedio de las dotes entregadas en el período asciende a 4.254 pesos. Dicho monto es inferior al promedio de los bienes transferidos, obtenido entre el período de 1750-1826 (4.772 pesos) y que incluye el período del que obtuvimos el índice. En relación al promedio correspondiente a la primera mitad del siglo XVIII (2.862 pesos) tenemos que si bien lo duplica, cabe destacar que el número de dotes es inferior: 18 contra las 54 cartas dotales de la segunda mitad y las 39 de la primera mitad del XVIII.

-          El promedio obtenido para 1800-1818 manifiesta una clara tendencia hacia abajo, la que se corresponde con las transformaciones dadas en las primeras décadas del siglo XIX y que guardan relación con la Novísima Recopilación que regulaba el monto de la dote y con la coyuntura bélica que agravará la situación de los patrimonios familiares.

-     En muchas ocasiones, se advierte que si bien se manifestaba la entrega de bienes dotales a los contrayentes, este hecho se hacía efectivo mucho tiempo después debido a las condiciones imperantes por la economía de guerra independentista que afectó al espacio:

 

(…) que era el corriente que en aquella epoca tenian estas especies importante todo la cantidad de doscientos cinqta. Y otro. ps. otro rs. de la que por entonces no le pudo formalizar el competente resguardo por varios motivos que se lo embarazaron y fueron ocasionados por la guerra que se presento (…)[53].

 

Un aspecto sobresaliente es que aquellos bienes que normalmente se transferían a través del mecanismo de la dote, que eran generalmente “ajuar de la novia” y “ganado”, fueron los que más utilidad tenían para los ejércitos patriotas. Así, por ejemplo, el ganado vacuno, mular, ovejuno, el dinero, bienes muebles, platería y joyas, etc. eran destinados al financiamiento de los gastos de la guerra. De acuerdo al análisis realizado, pensamos que la coyuntura bélica independentista afectó de manera relativa a los hombres (aunque estos tuvieron que formar parte de las tropas), puesto que se vieron menos perjudicados en su posición en relación a la conservación de los bienes patrimoniales, dado que tradicionalmente en ellos recaían un gran porcentaje de las propiedades inmuebles. En cambio, se advierte que la posición que ocupaban las mujeres en relación a los bienes patrimoniales se vio directamente afectada porque las familias que de manera forzada o no contribuían con los gastos de la guerra destinaban aquellos bienes que formaban parte de las dotes para el mantenimiento de las tropas. Como resultado de esta práctica advertimos que hubo: a) una reducción del número de dotes entregadas, la que seguramente también se vio condicionada por los efectos de la Novísima Recopilación que regulaba el monto de las mismas hasta dos mil pesos; b) una práctica generalizada de pactar el monto de la dote sin hacer efectiva la misma hasta un mejoramiento de las condiciones patrimoniales de la familia y c) una disminución de registros de cartas de dotes en períodos en donde la coyuntura bélica se hizo más crónica.

En síntesis, la práctica de transferencia de bienes a través de las dotes fue una de las primeras que se vieron afectadas por la coyuntura de las guerras por la independencia, debido a que los bienes que se requerían para costear la guerra eran los mismos que las familias destinaban para cumplir con la transferencia de bienes vía dotal. Empero a lo dicho y del análisis de la documentación protocolarizada obtenemos el siguiente gráfico:

 

                Fuentes: A.B.H.S. Protocolos Notariales, 1800-1818

           

De los bienes que preferentemente se transferían a través de las dotes tenemos que en primer orden están las casas (bienes inmuebles urbanos) (20.5 %), en segundo el dinero (17%), en tercer lugar la platería y joyas (12%). Un índice significativo es el del rubro “otros” (17%) en donde se ubican generalmente instrumentos de producción o bienes que no podían ser relacionados con las categorías creadas a los fines de la sistematización. Parece significativo que el rubro “vestimenta, que había sido importante en la primera mitad del siglo XVIII, ahora representa un 7% del total de los bienes.

Un rasgo interesante a destacar es la situación de las propiedades inmuebles rurales en este período. De las 18 dotes, sólo en dos se registran transferencia de propiedades de este tipo. Ambos casos son las de Doña María del Carmen Costas y Gauna –casada con Don Juan Antonio Santibáñez- y la de Doña Manuela Antonia Costas y Gauna –casada con Don Juan Antonio Murúa-, a quienes se les otorgan dos estancias por un valor de 2.300 y 1.000 pesos respectivamente. Dicha transferencia tan sólo refleja una situación generalizada en el siglo XVIII, que a las mujeres se les concedía todos aquellos bienes “no productivos”.

Del análisis de las frecuencias de aparición tenemos que el “dinero” aparece en 13 de los 18 casos estudiados; mientras que “casas” en tan sólo 5 ocasiones. Este dato es interesante dado que la hegemonía del rubro “casas” por sobre el dinero es posible gracias a la cesión dotal a Doña María Josepha Texada y Blanco de una casa tasada por el valor de 10.500 pesos. Esa suma hace que este rubro aparezca en la gráfica como la más significativa, aunque si miramos la situación desde la frecuencia de aparición advertimos que hay que relativizar los índices, particularmente el de “casas”. En realidad, observamos que el dinero es el rubro con mayor trascendencia en la totalidad de bienes dotales para esta época. Ello no es ajeno a la tendencia advertida desde la segunda mitad del siglo XVIII. Frente a este dato, tanto “esclavos” como “muebles” son lo que siguen en el orden con 11; mientras que “vestimentas” y “plata y joyas” aparecen en 10 oportunidades. Los instrumentos de débito que eran frecuente en el contexto de la mercantilización del espacio en la segunda mitad del siglo XVIII, en este período ya no aparecen con frecuencia.

            Un dato significativo y que estaría mostrando la situación de los patrimonios en este período es que los montos que aparecen asociados a “vestimentas”, por ejemplo, son poco significativos a nivel económico (no superan los 2.000 pesos). En cuanto al dinero, la tendencia es similar puesto que de los 13 casos, 1 es de 6.000 pesos; mientras que el resto se distribuye entre los 300 a 1.700 pesos. Estas referencias sirven como indicadores de la situación por la que atraviesa la sociedad frente a la “Revolución e Insurgencia”. Una situación que afectó tanto a hombres y mujeres, pero fundamentalmente a estas últimas, dado que en virtud al deterioro de los patrimonios, sus posibilidades de acceso a una base patrimonial para sustentarse en vida marital se vieron coartadas frente a la guerra.

            En síntesis, las prácticas sociales de las familias salteñas se vieron profundamente afectadas como consecuencia de las guerras gauchas, debido a las condiciones político-económicas imperantes. Es evidente entonces que, históricamente, fueron los más desvalidos los que padecieron los efectos de la guerra; en este caso y en ausencia de un resguardo jurídico-legal, las mujeres de élite fueron una de las principales damnificadas puesto que su patrimonio se vio recortado y manipulado en función de los intereses masculinos.

 

 

            Conclusión

 

            Lo que en la presente investigación se pretendió fue el análisis de la transmisión de bienes patrimoniales realizada a través de las dotes matrimoniales otorgadas por las familias notables de Salta entre 1751-1826. Con ella, se demuestra que las dotes matrimoniales no fueron el principal mecanismo de transferencia de bienes patrimoniales.

Las familias salteñas del período colonial y de principios del siglo XIX, lograban aplicar el marco legal de la “herencia castellana” –reparto igualitario entre los herederos forzosos varones y mujeres- sin eludirla, pero también repartir los bienes de acuerdo a una racionalidad –adelanto de la legítima- que garantizara la reproducción social de las familias notables de Salta, aún en contexto de deterioro patrimonial frente a situaciones como las luchas independentistas.

De lo dicho anteriormente, se concluye:

-          Que las dotes matrimoniales, además de indicativo respecto al modo de cómo orientaban los bienes patrimoniales, también evidencian la violencia simbólica a la que fueron sometidas las mujeres, en tanto como dominadas naturalizaron y reprodujeron pautas respecto a las condiciones de su matrimonio. Esto significó que ellas se situaran dentro de la sociedad no en relación a ellas mismas, sino a los bienes patrimoniales que se transferían junto con ellas en las dotes. Las mujeres aceptaron y nunca cuestionaron su condición de subordinación, dado que la sociedad impuso pautas culturales que las situaban en condiciones de inequidad de género. Por otra parte, en el período republicano, la violencia simbólica se manifestó en el hecho de que los hombres llegaron a disponer –como consecuencia de la Novísima Recopilación y la coyuntura bélica-, inclusive de las condiciones materiales de existencia de las mujeres, recortándoles parte del patrimonio destinado a las cargas matrimoniales.

-          Que los hombres se valían del sistema legal – Real Pragmática y Novísima Recopilación- para disponer de las mujeres en lo referido a las políticas matrimoniales y patrimoniales. Los hombres fueron los que se autodefinieron, a través de un proceso de construcción social, como los únicos capaces de poder disponer de manera racional de los bienes patrimoniales. De acuerdo a los intereses de corte masculino, ello significó que también podían disponer de las mujeres, en tanto ellas formaban parte del patrimonio familiar. Fueron consideradas como un bien patrimonial más y en consecuencia, posibles de ser intercambiadas sin restricciones. De allí, la necesidad de los hombres de generar diversas prácticas de control sobre su cuerpo, su sexualidad, sus actitudes y sus modos de pensar. En este sentido, las Leyes y la Iglesia actuaron como aquellas instituciones que permitieron regular y controlar las prácticas sociales tanto de hombres (que podían atentar contra ese orden social) como de mujeres (aquellas que escapaban del control de los hombres).

-          En relación a las transformaciones operadas a nivel de las interacciones entre los sexos, se puede argüir que dada la Real Pragmática y la Novísima Recopilación de principios del XIX, se construyó un marco jurídico que hizo más autoritario el control que se tenía de las mujeres a través del matrimonio y de las prácticas de transmisión de bienes a través de las dotes, particularmente aquellas normas que regulaban al monto de las mismas. Con este ordenamiento jurídico, las mujeres pasaron a jugar un rol totalmente marginal en relación a la posición de exclusión que habían tenido y no pudieron mantener respecto del siglo anterior.

-          De acuerdo al análisis realizado, sostenemos que la coyuntura bélica independentista afectó de manera relativa a los hombres (aunque estos tuvieron que formar parte de las tropas), puesto que se vieron menos perjudicados en su posición en relación a la conservación de los bienes patrimoniales, dado que tradicionalmente en ellos recaían un gran porcentaje de las propiedades inmuebles. En cambio, se advierte que la posición que ocupaban las mujeres en relación a los bienes patrimoniales se vio directamente afectada porque las familias que de manera forzada o no contribuían con los gastos de la guerra destinaban aquellos bienes que formaban parte de las dotes para el mantenimiento de las tropas. Como resultado de esta práctica advertimos que hubo: a) una reducción del número de dotes entregadas, la que seguramente también se vio condicionada por los efectos de la Novísima Recopilación que regulaba el monto de las mismas hasta dos mil pesos; b) una práctica generalizada de pactar el monto de la dote sin hacer efectiva la misma hasta un mejoramiento de las condiciones patrimoniales de la familia y c) una disminución de registros de cartas de dotes en períodos en donde la coyuntura bélica se hizo más crónica.

 

Las dotes matrimoniales deben ser vistas como una manera de comprender la compleja red de relaciones que se establecía a través de las diferentes formas de interacción entre los sexos, dado que gracias a ella es posible no sólo corroborar la posición de subordinación y opresión de las mujeres sino además, cómo se aplicaron los mecanismos de dominación masculina en el contexto de la sociedad salteña de fines del XVIII y principios del XIX. Es decir, que a través de las dotes matrimoniales es posible establecer las representaciones múltiples de esa dominación. Los símbolos, los conceptos normativos, sus interpretaciones, las instituciones y las organizaciones familiares fueron elementos constitutivos de un sistema patriarcal que condicionaba las diversas políticas de acción tanto, masculinas como femeninas. En este sentido, las identidades de género fueron estructuradas en torno a un control diferencial que ejercieron los hombres sobre los recursos materiales y simbólicos que conllevaba a una concepción y construcción del poder, aún en tiempo de conflicto bélico.

 

 

           

 

IV

 

 

SESIÓN PÚBLICA DE LA ACADEMIA GÜEMESIANA

 

 

El 17 de junio de 2007

 

 

            El Instituto Güemesiano de Salta representado por miembros del Consejo Directivo y socios, adhirió a los actos efectuados a las 10,00 de la mañana en el Panteón de las Glorias del Norte, y al posterior desfile frente al Monumento a Güemes, en la falda del cerro San Bernardo, sobre avenida Uruguay.

Programó el acto académico a las 19,00 en su sede de España 730. La apertura con palabras alusivas al aniversario del fallecimiento del general Martín Miguel de Güemes, estuvo a cargo de la profesora Ercilia Navamuel. Se cumplió la presentación de banderas y se entonaron las estrofas del Himno Nacional Argentino y el Himno al Gral. Güemes. Luego, la Agrupación VII Salta de Gendarmería Nacional, al mando del comandante mayor Aldo Máximo Monzón, acompañado por el 2º jefe comandante principal Omar Gustavo Pereira y del comandante principal Pedro Alberto Padilla, hicieron entrega formal en carácter de donación para el Instituto Güemesiano de Salta, de una réplica (reducida) del sable del general Martín Miguel de Güemes. Los donantes, como la profesora Ercilia Navamuel expusieron sobre la historia del sable y su significado simbólico.

Acto seguido, la profesora María Cristina Fernández, disertó sobre “Campanadas de patria para la amistad de Manuel Belgrano y Martín Güemes”; el capitán de navío Raúl Medina Alvarado, habló respecto a los “Símbolos patrios. Ceremonial y protocolo, heráldica y vexilología. Plástica de la bandera nacional”, y la profesora María Inés Garrido de Solá expuso sobre “La bandera de Iruya”.

            Finalizó el acto, doña Betina García Geraldyn, quien recitó un poema de su autoría, titulado: “A Martín Miguel de Güemes”. Retiro de las banderas.

 

 

 

CAMPANADAS DE PATRIA PARA LA AMISTAD

DE MANUEL BELGRANO Y MARTÍN GÜEMES

 

 

María Cristina FERNÁNDEZ ·

 

Presentación

 

Martín Miguel Juan de Mata Güemes y Manuel del Corazón de Jesús Belgrano compartieron principios, ideales y estrategias en el ámbito militar, político y social durante el movimiento independentista de nuestra Patria. Esas características, que los unieron en la lucha por la libertad, fructificaron en uno de los sentimientos más nobles y puros que puede unir a los seres humanos: la amistad.

Martín Güemes conoció a Manuel Belgrano en algún momento de su vida que no puedo precisar. Quizás durante las invasiones inglesas en las que ambos participaron defendiendo Buenos Aires o quizás cuando Belgrano arribó a la tierra gaucha al tomar el mando del Ejército Expedicionario al Alto Perú. Lo cierto es que entre los años 1816 y 1819 Martín Güemes y Manuel Belgrano mantuvieron una prolífera correspondencia epistolar cuya lectura nos permite conocerlos interiormente. Sus valiosas plumas registraron las vivencias que originaban los sucesos de los que fueron protagonistas.

En estas simples líneas pretendo evocarlos desde esa humanidad no siempre valorada. Ambos fueron hombres de armas, amaron y sufrieron por la Patria, pero también amaron y sufrieron por ellos mismos y por sus seres queridos. Compartieron la angustia de las intrigas tramadas por enemigos internos y externos, la falta de recursos, de apoyo, el desinterés y la constante acción difamatoria de quienes quisieron cortar el lazo que los unía.

Todo ello se conjuga en este trabajo, basado en las cartas transcriptas en obras documentales e investigaciones de importantes autores con el anhelo de rendir un respetuoso homenaje a la amistad de Martín Güemes y Manuel Belgrano, nacida y consolidada al son de la Patria.

 

 

            1. “Sus virtudes y servicios militares no son tantas ni de tanto valor como se ponderan vulgarmente”

 

Martín Miguel Juan de Mata Güemes, de padre español y madre jujeña, nació en Salta el 8 de febrero de 1785. A los 14 años ingresó como cadete del Regimiento Fijo con asiento en Salta, que posteriormente fue trasladado a la capital del Virreynato.

Durante la defensa y reconquista de Buenos Aires luchó formando parte de las tropas organizadas por Santiago de Liniers, en 1806 y 1807. Por su destacada participación fue premiado por el Rey de España. De regreso en su tierra natal, en 1808, el gobernador de la Intendencia lo incorporó a las fuerzas que guarnecían la plaza. En 1810 adhirió a la causa patriota organizando y costeando un destacamento integrado por salto-jujeños con el que controló al enemigo en la Quebrada de Humahuaca, interceptando correspondencia y armamento. En Noviembre del mismo año estuvo al mando de la Avanzada del Ejército Auxiliar con la que triunfó en Suipacha, primer y único triunfo patriota en el intento de recuperar el Alto Perú.

En 1812 Juan Martín de Pueyrredón, Jefe del Ejército Expedicionario solicitó ser reemplazado por razones de salud. Pueyrredón consideraba un infortunio tal cargo ya que, según sus palabras, era un cuerpo enfermo con sus miembros corrompidos. Varios integrantes de este Ejército, en vistas de la disciplina y éxito con que las milicias salto jujeñas se desempeñaban, sembraron por doquier intrigas y falsas acusaciones contra Güemes. Cuando Manuel Belgrano asumió el mando del Ejército le transmitieron estas apreciaciones, que fueron refutadas por Pueyrredón. Güemes tenía entonces 27 años, el general 42.

Belgrano priorizó el saneamiento de la desmoralizada fuerza adoptando medidas que consideró ejemplares. Una de ellas fue el traslado de oficiales entre los que incluyó a Güemes. El salteño fue trasladado primero a Santiago del Estero y luego a Buenos Aires. Allí solicitó conocer las causas de dicha medida que –según expresara- degradaba su honor y distinguidos servicios. El gobierno pidió informes a Belgrano quien convencido de su justicia respondió: “Si el Teniente Coronel don Martín Güemes procede con el honor que corresponde a su carácter, se abstendría se le hiciera saber las causas que dieron motivo, no a ser confinado, sino a que marchara para esa Capital a disposición de V. E., pues él no puede ignorarlas cuando su propia conciencia le debe acusar de que su vida escandalosa ha sido demasiado pública en Jujuy y después en esta Ciudad y la de Santiago del Estero”. Sostiene después que, “las virtudes y servicios militares de este individuo, de que ha sido informado V. E., no son tantas ni de tanto valor como se ponderan vulgarmente. Virtudes, ciertamente, no se le han conocido jamás, y sus servicios han sido manchados con ciertos excesos, o mejor diré delitos de que tengo fundamentos muy graves para creerlos, aunque no documentados. Por lo mismo considero que no podrá ser útil en este ejército, que trato de depurarlo de toda corrupción a toda costa...Si vuestra excelencia considera que este oficial, absteniéndose de su relajada conducta, puede ser útil a la Patria, lo será tan solamente en esa ciudad o en el Ejército de la Banda Oriental”. (Salta, 26 de febrero de 1813).

El gobierno dispuso que Güemes permaneciera en Buenos Aires durante todo 1813 en el Estado Mayor. Nótese que Belgrano expresó tener fundamentos graves para creer en ciertos excesos de Güemes, pero no documentos. Pareciera que el general hubiera querido sintetizar en el informe las mal intencionadas referencias que recibiera de los detractores del Oficial, de lo cual no podía dar fe. Quizás ello restó credibilidad a las imputaciones realizadas.

Cuando Belgrano afirma que las virtudes y servicios militares de Güemes no eran tantas ni de tanto valor como se ponderaban se suma al juicio de los detractores. El no podía ignorar los méritos del salteño que a partir de 1806 era ascendido por sus destacadas actuaciones, como integrante del ejército real primero y como soldado de la revolución después.

Sus expresiones se trocaron con el tiempo en valoración, admiración y afecto. En la carta que escribiera a Güemes luego de reasumir el mando del Ejército Nacional podría inferirse el arrepentimiento del prócer respecto a esta conducta: “Como yo he hecho ostentación de la amistad de Ud. en consecuencia de que habían hablado algunos de que Ud. no la tendría conmigo, así porque lo mandé a Buenos Aires, como porque a Rondeau dicen que Ud. le manifestó que no me admitiría, seguramente se han venido a valer de mí para que me empeñe con Ud. y yo me he gloriado de esto, conociendo que aquél ridículo concepto ya no existía”. (9 de setiembre de 1816).

En 1816 Belgrano consideraba ridículo concepto lo que cuatro años antes consideró delitos, quizás sorprendido en su buena fe. Este tipo de acciones determinó que por ejemplo el historiador salteño Bernardo Frías opinara que la ligereza del temperamento de Belgrano fue causa de apresuradas e injustas determinaciones.

Por su parte el Gral. Tomás de Iriarte, quien llegó a América integrando el grupo de oficiales encabezados por el mariscal José de La Serna en 1816 y dos años más tarde se pasó al bando patriota, escribió: “Entre los defectos capitales de un hombre público, el dejarse arrastrar de la primera impresión es uno de los más considerables. Belgrano ofrecía ese flanco y así fue engañado muchas veces por su excesiva confianza”.

Durante su permanencia en Buenos Aires Güemes conoció a José de San Martín. Cuando a raíz de las derrotas de Vilcapugio y Ayohúma se decidió reemplazar a Belgrano por San Martín, Güemes le ofreció sus servicios. San Martín elevó un informe favorable expresando: “La opinión y concepto de este oficial y sus servicios constantes por la causa me hacen interesarme a V.E a fin de que su solicitud tenga el éxito que solicita”. El gobierno accedió al pedido y nombró a Güemes Teniente Coronel el 7 de diciembre de 1813.

Güemes acompañó a San Martín desde Buenos Aires hasta Yatasto donde ambos se reunieron con Belgrano en enero de 1814. Allí, según el Dr. Martín Gabriel Figueroa Güemes, se reconciliaron Martín Güemes y Manuel Belgrano. San Martín encomendó entonces a Güemes cubrir la línea del Río Pasaje.

Al hacerse cargo del Ejército San Martín dijo: “Tengo la desgracia de haber tomado el mando de un ejército derrotado cuyos oficiales parece no han escapado de las manos del enemigo sino para prepararle la conquista del resto de las provincias. Las armas de la Patria cuyo mando se me ha confiado no podrán prosperar de aquí en adelante hasta que el ejemplo del escarmiento contenga a unos y despierte en otros la noble pasión de la gloria que es la que hace obrar prodigios de valor y fortaleza”. Estos dichos, sumados a los de Pueyrredón y a las lecturas de documentos de la época llevaron al Dr. Martín Gabriel Figueroa Güemes a sostener que la separación de Güemes de tal Ejército fue un hecho glorioso para él, ya que fue víctima de la difamación y la envidia de sus denigrados oficiales, y luego reivindicado por San Martín.

 

 

            2. Correspondencia de Güemes y Belgrano

 

Se define como correspondencia el acto de corresponder. El conjunto de cartas que se escribieron Güemes y Belgrano, además de constituir documentos de alto valor confidencial e histórico, expresa lo que literalmente significa la palabra corresponder: pagar con igualdad afectos, beneficios o agasajos. Amarse recíprocamente.

En la obra Güemes Documentado se registran 129 cartas que Belgrano dirigiera a Güemes y éste 14 a Belgrano. La diferencia numérica de las piezas sugiere que muchas de las cartas que escribiera Güemes no han sido recuperadas. Güemes era entonces gobernador de la Intendencia de Salta y comandante general de sus fuerzas. Belgrano era Jefe del Ejército Auxiliar del Alto Perú acantonado en Tucumán.

La primera carta que se conoce que Manuel Belgrano escribió a Güemes es del 3 de agosto de 1816 y fue escrita en Tucumán. La última fue redactada en Pilar, el 10 de setiembre de 1819. En un mismo mes Belgrano dirigió a Güemes numerosas cartas. Por ejemplo: desde Tucumán, en agosto de 1816, le envió siete cartas (fechadas el 3, 8, 13, dos el día 18, 21 y 26). En 1819 le escribió solamente once. Su lectura nos enriquece al revelarnos su encuentro espiritual y sus vivencias. Por ellas se conocen tácticas y estrategias militares, sucesos, personajes de la época, recursos, penurias, enfermedades, tratamientos, etc.

En la primera carta que se conserva, Belgrano escribe a Güemes: “Mi estimado paisano y amigo: El Congreso me ha pasado una representación de usted y otra del Marqués para auxilios. En cuanto al dinero que usted solicita, dispondré inmediatamente y en cuanto a los caballos se harán las más vivas diligencias para obtenerlos, lo que me parece difícil es que estén gordos en la estación presente como Ud. sabe; pero no quedará por falta de encargo, y presenciar lo que se mande. El pensamiento de Ud. es excelente; conviene animar la moral del soldado con pequeñas victorias y creo que tal vez pueda tener Ud. una que le llene de gloria y no menos restituya el concepto a nuestras armas que por desgracia está muy abatido”. En esta carta, de carácter militar, hay dos palabras significativas para la presente evocación: estimado y amigo. Posteriormente las expresiones de afecto se van intensificando, como lo demuestran las siguientes transcripciones:

·                   “Mi amigo y compañero querido: antes de anoche llegó Redhead y tengo mis buenos momentos con él. Me río, me alegro, me entristezco, me incomodo; en una palabra mi alma recibe todas las impresiones que producen los asuntos que nos entretienen, todos, todos de patria y de Salta en particular...” Tucumán, 18 de febrero de 1817.

 

·                   “No se canse Ud. de querer a su Manuel Belgrano”. Tucumán, 3 de marzo de 1817.

 

·                   ...”Adiós, compañero querido, mande Ud. a su Manuel Belgrano”. Tucumán, 10 de marzo de 1817.

 

·                   ...”Corresponda Ud. a la amistad de su siempre Manuel”. Tucumán, 18 de marzo de 1817.

 

·                   “Compañero y amigo muy querido: siento que esté Ud. enfermo; no es extraño, Ud. no se cuida y al cabo se paga el mal trato que da uno a su cuerpo. Cúrese Ud. y póngase bueno que nos resta mucho que trabajar....” Tucumán, 10 de Julio de 1817.

 

·                   “Tenga Ud. presente en todas circunstancias que es su amigo: Manuel Belgrano”. Ranchos, 18 de marzo de 1819.

 

·                   “Continúo con alivio y siempre dispuesto a servir a Ud. con toda la amistad que le profeso”. Papagayos, 7 de Junio de 1819.

 

Desde Salta, Güemes corresponde a estas expresiones:

 

·                   El 27 de noviembre de 1817 le dice: “Sin poderlo remediar, he molestado a usted demasiado, pero merece toda disculpa su más apasionado compañero y constante amigo”.

 

·                   El 19 de diciembre de 1818 le escribe una carta que comienza diciendo: “Mi mejor amigo y compañero...” y finaliza: “Cuénteme Ud. siempre su verdadero amigo”.

 

·                   El 4 de Junio de 1819: “...Siempre es y será de Ud. amigo y compañero que lo ama”.

 

En varias cartas los próceres tratan el tema amistad con una maravillosa autenticidad. El 8 de agosto de 1816 Belgrano escribía a Güemes: “...me basta la buena voluntad de Ud. y su disposición y me complacen sus protestas de amistad, que nunca la hallará desmentida en mí, porque tengo por principio no dejar de ser amigo de aquel a quien una vez dí ése título”.

“... Amigo y compañero por lo que hay de más sagrado en la amistad, suplico a Ud. que le quite mi apellido a la partida a quien se lo ha dado ¿Por qué quiere Ud. que se me aumente el número de enemigos? Yo diré que Ud. no me quiere si lo conserva y espero deber a su favor condescienda a mi súplica”. Tucumán, 26 de diciembre de 1817. (En aquella época se acostumbraba dar nombre a las partidas que tenían asignada alguna misión militar. Fueron famosas por ejemplo: la Generala, la Coronela, etc. Del pedido del general se deduce que Güemes habría denominado “La Belgrano” a una partida gaucha.)

En 1817 nació en Salta el primer hijo del Gral. Martín Güemes y su esposa, Carmen Puch. Anoticiado Belgrano de tal suceso, escribió: “Sea mil veces en horabuena, mi amigo y compañero querido: felicito a Ud., a la señora doña Carmencita y a ambas familias por el nuevo Martincito; celebraré que siga bueno, como igualmente su mamá, a quien tendrá Ud. la bondad de hacerle presente mi complacencia por el feliz éxito, y por haber dado un hombrecito a la patria que herede las virtudes del padre y el amor de tan digna madre”.

Esta carta finaliza con una pregunta: “Aquí ha corrido la especie de una alarma que tuvo Ud. una noche ¿Qué hay en el particular? Ud. cuente siempre con su fiel amigo”. M Belgrano. Tucumán, 18 de setiembre de 1817. Esta “especie de alarma” que menciona Belgrano estuvo motivada por un intento de asesinato que padeciera el Gral. Güemes en Salta.

Estas breves frases y párrafos bastarían para probar que la relación que unió a los generales Manuel Belgrano y Martín Güemes superó el ámbito militar. El análisis del todo que integran demuestra que entre ambos próceres hubo una sólida e inquebrantable amistad.

 

 

            3. La trascendencia de una carta

 

El 6 de noviembre de 1816, desde Huacalera, Güemes decía a Belgrano: “Mi amigo y compañero de todos mis afectos: Hace Ud. muy bien de reírse de los doctores, sus vocinglerías se las lleva el viento, porque en todas partes tiene fijado su buen nombre y opinión. Por lo que respecta a mí, se me da el menor cuidado, el tiempo hará conocer a mis conciudadanos, que mis afanes y desvelos en servicio de la Patria no tienen más objeto que el bien general; créame mi buen amigo que éste es el único principio que me dirige, y, en esta inteligencia, no hago caso de todos esos malvados que tratan de dividirnos; Güemes es honrado, se franquea con Ud. con sinceridad. Es un verdadero amigo y lo será más allá del sepulcro y se lisonjea de tener por amigo a un hombre tan virtuoso como Ud. Así pues trabajemos con empeño y tesón, que si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria que es la única recompensa que deben esperar los patriotas desinteresados. Dejemos a esta gavilla de ambiciosos que revolotean en nuestra revolución, que si ellos logran algunas ventajas en sus proyectos, la idea de sus crímenes y delitos, los tendrán siempre agitados y llenos de descontento hasta que el Ser vengador que existe en los Cielos acabe con esas existencias perversas”.

El 18 de noviembre de 1816 Belgrano contestaba a Güemes: “Me honra Ud. demasiado con el adjetivo virtuoso; no lo crea Ud., no lo soy; me falta mucho para eso; tengo sí buenas intenciones y sinceridad y cuando me digo amigo y conozco méritos en el sujeto, lo soy y lo seré siempre, como lo soy de Ud, porque estoy al cabo de sus incomodidades, desvelos y fatigas por la empresa en que estamos, sin embargo de que me han querido persuadir de lo contrario, no los doctores sino una lengua maledicente que Ud. conoce, para quien nada hay bueno; que en cuanto vino de ésa me hizo la pintura más horrenda, que a no conocerlo yo, como lo conozco tiempo ha, me habría causado mucho disgusto...”.

Güemes, desnudando su alma y sus elevados sentimientos escribe a Belgrano: “Güemes es honrado, se franquea con Ud. con sinceridad. Es un verdadero amigo y lo será más allá del sepulcro. Emocionantes y conmovedoras palabras... Con el tiempo se cumplió lo que Güemes sentenciara en esta carta: “...si las generaciones presentes nos son ingratas, las futuras venerarán nuestra memoria...”.

 

 

            4. La constante amenaza

 

Durante todo el período en que se registra la correspondencia entre Belgrano y Güemes, las Provincias que hoy constituyen el portal Norte de nuestra Patria, Salta y Jujuy, permanecieron en estado de vigilia ya que el país vivía momentos cruciales.

Por un lado, los ejércitos realistas estaban concentrados en el Perú y el Alto Perú con objetivos claros: llegar a Buenos Aires, someter al gobierno central y recuperar para la corona el dominio del ex Virreynato. Por otro lado, el Ejército Patriota (al mando de José Rondeau desde Julio de 1814) se encontraba en pésimas condiciones: escaso de armas, municiones, provisiones y desmoralizado.

El 3 de mayo de 1816 fue designado Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón. Este, luego de revistar el Ejército Auxiliar que se encontraba en Jujuy, ordenó a Rondeau retroceder hasta Tucumán para reorganizarlo y dio a Güemes la misión de defender la integridad de las Provincias y la seguridad de ése Ejército. A partir de entonces (Junio de 1816) sus tropas asumieron el rango de Ejército al servicio de las Provincias Unidas.

Al decidir esto Pueyrredón consideró que Güemes, que había derrotado a las tropas de Joaquín de la Pezuela (Tuscal de Velarde, 1814 y Puesto del Marqués, 1815) podía contener a las fuerzas españolas impidiendo su avance. Pero la orden no fue acompañada por los recursos necesarios. Martín Güemes, gobernador de la Intendencia de Salta desde Mayo de 1815 y Comandante General de Avanzadas (cargo dado por San Martín en 1814) se vio obligado a adoptar medidas que afectaron a estancieros y comerciantes, resintiendo la economía de la otrora esplendente Intendencia y dividiendo a la sociedad en Güemistas y Antigüemistas. Entre esas medidas estaban la prohibición del comercio con el Alto Perú (que favorecía a los realistas que se abastecían de mulas en territorio salteño); la eximición del pago de arriendos a los gauchos que estaban al servicio de la Patria («estos pagan con su sangre», decía Martín Güemes); la institución e incremento del tipo y monto de contribuciones obligatorias, etc.

La crítica situación en que se encontraba el Ejército Nacional cuando en 1816 Belgrano asumió el mando, queda descripta por su pluma en las siguientes palabras: “Yo estoy decidido a no mover el Ejército mientras no se halle en estado de imponer por su subordinación, por su disciplina y por su número para que halla como aprovecharse de la victoria o resarcir pérdidas si las hubiere, y eso instantáneamente. He pensado seguir el sistema de Fabio y nada me importará que griten los que ya quieren ver al enemigo fuera, sin hacerse cargo de nuestro estado”. Belgrano, 26 de agosto de 1.816.

Los salto jujeños soportaron todo el peso de los avances de los experimentados, bien equipados y pagados ejércitos enviados por España. Estos pueblos fueron arrasados pero cumplieron con el objetivo: no permitir que el invasor llegara a Buenos Aires. Desde 1814 hasta 1821 las tropas de Güemes resistieron y expulsaron nueve invasiones. Las más violentas se produjeron mientras San Martín libertaba Chile y preparaba la expedición al Perú.

En 1817 José de la Serna, al frente de 5.500 profesionales de la guerra desbastó la Intendencia de Salta pero se vio obligado a retirarse ante el asedio y ataque por sorpresa de las milicias gauchas. El mismo año estas milicias rechazaron el intento de Pedro de Olañeta; en 1819 impidieron el avance de José Canterac y en Junio de 1820 derrotaron un ejército de 6.500 hombres comandados por Juan Ramírez de Orozco. José de La Serna había desembarcado en Arica en setiembre de 1816 y se había propuesto ocupar Buenos Aires en mayo de 1817. Con el poderoso ejército organizado avanzó sobre Jujuy y Salta, donde fue sitiado. Veinte días después de invadir la ciudad se vio obligado a emprender una dramática retirada, siendo permanentemente acosado por las tropas de Güemes.

Los invasores perdieron casi 4000 hombres (entre muertos, pasados y prisioneros); centenares de caballos, mulas, municiones y pertrechos. Regresaron al punto de partida en dramáticas condiciones y el ansia de venganza posibilitó su reorganización y nuevos avances. Si Güemes hubiera tenido los caballos que reclamaba, los vencidos no hubieran escapado y la larga y cruel lucha por nuestra Independencia hubiera finalizado antes.

Desde Tucumán Manuel Belgrano testimoniaba la labor de Martín Güemes. Luego del heroico triunfo sobre el temible Ejército de La Serna, que se retiró humillado el mismo mes que había prometido tomar Buenos Aires, Belgrano solicitó el ascenso de Güemes al grado de Coronel Mayor, condecoraciones para él, sus oficiales y tropa y una pensión vitalicia para su primogénito.

El ascenso y la pensión fueron concedidos. La condecoración fue diseñada por Belgrano y aprobada por el gobierno pero nunca se materializó debido a la cantidad que debía entregarse, (6.610) a la renuncia de Pueyrredón al cargo de Director Supremo y a la falta de recursos para solventarla.

Insistentemente Güemes solicitaba a Belgrano y a Pueyrredón armamentos, víveres y ganado, para continuar defendiendo a las Provincias Unidas. Al no ser atendidas sus necesidades quedó abandonado a su propia suerte. El solo, extremando el sacrificio de su pueblo defendió la libertad de la Nación. Su soledad, respecto al resto del país que podía dedicarse a otras actividades porque Güemes contenía a los realistas, determinó que cuantas veces el ejército real fuera repelido, sus despojos regresaran al Perú.

Tras la expulsión de La Serna, Salta se encontraba en una desesperante situación. En oficio al Director Supremo el Cabildo de la Intendencia escribía: “El interés en contener al ejército enemigo en estos baluartes es común e importantísimo a todas las Provincias Unidas; espera el celo enérgico de V. E. los exhorte, incite y ordene, usando de sus altas facultades, que a proporción inmediatamente nos auxilien...”. En otro párrafo expresaba: “Salta está aniquilada; en conflictos tan graves que a V. E., que dignamente sirve la supremacía del gobierno, corresponde sin perder momentos deparar el remedio”.

El oficio concluye: “Este pueblo sufrirá dos meses el gravamen de esta contribución forzosa, sobre tantas que han precedido; si en lo sucesivo nuestros hermanos no nos auxilian mensualmente a proporción de la opulencia de sus provincias, nos veremos con el mayor dolor compelidos a abandonarlo al furor de los tiranos y buscar albergue, como las fieras, entre las selvas, bosques, montes o cerros”. (27 de setiembre de 1817). El mismo día Güemes escribía a Belgrano diciendo: “No puedo por más tiempo disimular las urgentísimas necesidades que afligen a esta Provincia. El estado actual de su fortuna no me presenta más que un semblante de miserias, lágrimas y agonía. La Nación sabe cuántos y cuán grandes sacrificios tiene hechos la provincia de Salta en defensa de su idolatrada libertad y debe saber que se halla siempre dispuesta a otros mayores. Que a costa de fatigas y de sangre ha logrado que los demás pueblos hermanos conserven el precio de su seguridad y sosiego; pues en premio de tanto heroísmo exige la gratitud que emulados de unos sentimientos patrióticos contribuyan con sus auxilios a remediar su aflicción y su miseria. Confieso señor excelentísimo que si no me proporcionan de cinco a seis mil caballos y diez mil cartuchos no podré empeñarme en una defensa vigorosa ni responder de la provincia. Si las victorias adquiridas sobre las armas de nuestros opresores cambian su fortuna, jamás podrá la Nación enrostrarme el menor cargo”. Güemes. Salta, 27 de setiembre de 1817.

Belgrano remitió el oficio de Güemes a Pueyrredón, quien respondió el 28 de noviembre de 1817: “...decidida la Superioridad a socorrer en cuanto pueda a aquélla benemérita provincia, espera le ilustre V. E. con más extensión sobre el modo, oportunidad e inoportunidad del momento y calidad de auxilios que hayan de remitirse procurando reducir todo lo posible las cantidades solicitadas”.

Mientras los escritos iban y venían el Gral. Pedro Antonio de Olañeta tomaba Humahuaca. Luego continuó su avance hacia Jujuy, de donde se vio obligado a replegarse a fines de enero de 1818, debido al hostigamiento de las tropas Güemistas. Güemes y Belgrano vivían la misma angustia: la falta de recursos y sensibilidad de quienes se desentendieron de una guerra que se peleaba por todos. Las cartas y oficios son importantes documentos que ayudan a comprender la difícil situación que enfrentaban.

En los escritos se aprecia que a la permanente amenaza del enemigo externo; la apatía del pudiente y a la falta de auxilios de las demás Provincias, se sumaba la grave sequía que azotaba la región. La falta de lluvia parecía aliarse a la pobreza general en que se encontraban los sufridos habitantes, incrementando la angustia ante el riesgo de mortandad de animales y pérdida de cosechas.

“Amigo y compañero mío: los tales movimientos del enemigo, la seca y el un mil millones de cosas han trastornado, por ahora, mis planes; pero si bajase esa canalla, no hay remedio, voy a batirlos; pues estoy cansado de vivir en apuros e incomodidades perpetuas, rodeado de necesidades y disgustos por todas partes...” decía Manuel Belgrano desde Tucumán el 26 de Noviembre de 1817.

Belgrano expone nuevamente la dramática situación el 3 de febrero de 1818: “Compañero y amigo mío: Qué circunstancias tan tristes en las que estamos, para poder hacer uso de mi genio! El egoísmo ha ocupado el lugar del patriotismo y aquél sólo es dable vencerlo con el dinero; éste no lo hay ¿a qué pues apelaremos? ¿cómo remediaremos esta falta de caballos? Aquí sigue la tremenda seca y no menos la de los corazones; sin embargo, voy a enviar a Ud. los únicos restos de la caballada que en número de ochocientos me enviaron de Córdoba, de los que remití a Ud. el año anterior trescientos”. En otro párrafo de la misma carta Belgrano dice a Güemes: “Compañero Ud. no necesita para mí de rodearse ni de luces, ni de sombras, mi corazón es franco, soy su amigo lo veo destinado al objeto común y esté cierto que lo que tuviere le he de dar. Está visto que los enemigos deliran; déjelos Ud. andar subiendo y bajando; ellos pierden siempre, como Ud. me dice y más han de perder, cuando llegue la tremenda. Sólo esperamos los buques que ya no han de tardar mucho; los verá Ud. temblar cuando se aparezca nuestra bandera bien sostenida, en el Pacífico”. (Tucumán, 3 de febrero de 1818).

Cuando Belgrano expresa: “los verá Ud. temblar cuando se aparezca nuestra bandera bien sostenida, en el Pacífico”, se refiere al desembarco del Gral. José de San Martín en las costas peruanas, según el Plan libertador del que los tres próceres participaban.

La falta de recursos obligó a Güemes a hipotecar sus propios bienes. El 27 de junio de 1818 informaba a Belgrano que iniciaba la marcha a Jujuy y que debido a la miseria había solicitado un préstamo por cuya garantía de pago ponía sus bienes y fincas. En el oficio que redactaba a fin de que Belgrano informara al Director Supremo dice: “Es tan apurante la necesidad de presentarme frente de la vanguardia con las tropas de que he dado parte a V. E. vestía con este fin, que hubiera querido anticipar los momentos de mi marcha. Escaso de todo auxilio para esta importante expedición, he premeditado algún tiempo el medio menos gravoso a un vecindario agobiado ya, con los repetidos sacrificios que en obsequio de la causa de nuestra independencia ha sufrido y sufre; y el único ha sido, el pedir a este comercio dos mil pesos, hipotecando en seguro de ellos, caso que a letra vista no sea abonada por el excelentísimo señor Supremo Director del estado, la libranza que he girado a favor de don José Joaquín de Bedoya, las fincas de mi propiedad, cierto de que V. E. interpondrá sus respetos a la acreencia de tan digna mira. Dios guarde a V. E...”. Belgrano elevó el oficio a Pueyrredón el 3 de Julio de 1818 expresando en un párrafo: “... él suplica su abono en los términos que del mismo oficio resulta. La superioridad de V.E. resolverá lo que estime más conveniente”. Parece ser que el Estado no abonó este ni otros préstamos ya que Güemes perdió la mayoría de sus bienes.

 

 

            5. Un vínculo a prueba de demonios

 

Güemes y Belgrano, por enarbolar los principios de amor y defensa de la libertad de nuestra Patria, fueron destinatarios de numerosas intrigas y traiciones. En sus escritos los próceres describen los sentimientos que generaban las actividades de sus enemigos internos. Güemes los llamaba gavilla de ambiciosos y advertía que sus crímenes y delitos los mantendrían agitados y descontentos hasta el fin de sus días.

En el caso de Güemes –incluso- se atentó contra su vida en varias oportunidades. La última traición lo llevó a la tumba, el 17 de junio de 1821, un año después de la partida de su querido amigo Manuel.

En 1817 un hecho puntual pone a prueba la sinceridad y franqueza de los próceres. A fines de noviembre el Gral. Martín Miguel de Güemes fue informado que un oficial de apellido Madrid, enviado por Belgrano con una partida al noreste de Salta, había recibido cartas que lo incriminaban como autor de órdenes y documentos apócrifos. Güemes sabía que sus rivales continuamente sembraban la confusión por distintos medios pero no aceptaba que el mencionado jefe hubiere creído, injusta y ligeramente, lo que recibió.

La carta en la que informa tal circunstancia a Belgrano es la más extensa de las que se conservan. La comenzó disculpándose por las incomodidades y dolores de cabeza que generaría en Belgrano su lectura. En algunos párrafos dice: “...Halla Ud. en su conciencia, el más leve rastro o indicio en que se apoye tan horrorosa falsedad? ¿Es éste el pago que da a mis servicios? Válgame Dios, compañero amado; estoy fuera de mí y no sé qué partido tomar... ¿Qué monstruo ha abortado este infernal bostezo? No nos cansemos compañero mío. Esta es la peor y más sangrienta guerra que nos devora. No merecemos ser libres: confesémoslo sin rubor. Esta es la prisión de jujeños por Belgrano, que dicen los enemigos en su proclama. Esta es la ocurrencia que hizo variar nuestros planes, y esta es la única esperanza que tienen aquellos para sojuzgarnos: la guerra intestina; porque conocen nuestra debilidad y porque saben que no castigamos los delitos, ni premiamos la virtud. No me niegue Ud. que somos tanto o más bárbaros que ellos”... Güemes finaliza la carta diciendo: “Sin poderlo remediar, he molestado a Ud. demasiado, pero merece toda disculpa su más apasionado compañero y constante amigo”. Martín Güemes. Salta, 27 de noviembre de 1817.

El 3 de diciembre de 1817 Belgrano le responde: “...Ahora quiero yo quejarme de Ud. con Ud. mismo. ¿Con qué razón, o por qué me ofende Ud. diciéndome “parece que se desconfía de mí”? No sea Ud. injusto compañero mío con su mejor amigo: la retirada de Madrid no proviene de un chisme, ni de demonio alguno que no tiene entrada conmigo; proviene de que no tengo caballos ni mulas que enviarle, de que las espadas no están concluidas, de que no hay cómo enviarle sobre doscientas monturas que necesita, de la falta de armamento de que se me queja y de la escasez de numerario en que me veo... Persuádase Ud. de que hablo con franqueza y le he de hablar siempre aunque Ud. no me quiera oír, debe Ud. haberlo visto en mi correspondencia. Lo que hiciere mal, según mi concepto, valga lo que valiere, se lo he de decir, no sólo por la causa común sino porque tengo interés en que Ud. salga con honor y brillo; yo he procurado dar a Ud. opinión en todas las provincias y fuera de ellas y es visto que me he comprometido a favor de Ud. porque lo he creído de justicia. Acuérdese Ud. de lo que le dije en el balcón del cuarto de Gurruchaga de lo que se decía sobre nuestras conferencias que todos ignoraban, y, a decir verdad, las ignoran, menos el Supremo Director que es amigo nuestro. Yo no creo que Ud. trate de engañarme, ni yo creo que Ud. se piense que yo trato de engañarlo: fuera de nosotros desconfianzas mutuas; la amistad que nos profesamos no puede reinar así. Mi corazón es franco y no puede ocultar sus sentimientos: amo además la sinceridad y no podría vivir en medio de la trapacería que sería precisa para conservar un engaño; sólo a las pobres mujeres he mentido diciéndoles que las quiero, no habiendo entregado a ninguna, jamás, mi corazón.” Cabe destacar que ésta es la única carta en la que Belgrano menciona su relación con las mujeres confesando que sólo a ellas ha engañado, brindando un nuevo elemento para el análisis de su vínculo con Güemes.

El 18 de diciembre del mismo año y sobre la misma intriga Belgrano escribía a Güemes: “Compañero y amigo querido: Madrid llegó después de infinitos trabajos en sus marchas. Lo primero que traté de indagar fue el origen de sus desconfianzas con un fiel servidor de la nación y además amigo mío, y sólo he sacado en limpio las voces de la vulgaridad y que no había quién no hablase de que se intentaba contra la división; pero que aunque él no daba crédito, como era regular, tomó las precauciones de seguridad que creyó propias de su obligación. De todo deduzco que los mal intencionados, los infinitos que andan esparcidos y en ejercicio de la chismografía para indisponer a unos y otros, y que la unión que existe entre nosotros se rompa esparcieron esas voces, y que no hubo sindéresis para discernir y por consiguiente despreciar voces vagas e insignificantes; bien puede pesarle a todos los demonios, pero en mí no tendrán jamás cabida”.

El hecho reseñado fue un nuevo intento para enfrentar a Belgrano y Güemes, sus autores se desconocen. Güemes expuso la situación a Belgrano sin ocultar su impotencia, confusión y dolor. Belgrano, por su parte, sintió afectada su sinceridad y así lo expresó: “...quiero quejarme de Ud. con Ud. mismo...”. Siente injustas y desconfiadas las palabras de Güemes y le aclara vehementemente la situación por la cual ordenó el regreso de Madrid a Tucumán.

Otro intento de enemistar a los próceres se registra en junio de 1818. Esta vez Güemes se lo informa a Pueyrredón, amigo de ambos. El 3 de setiembre de 1818, desde Buenos Aires, Pueyrredón escribe a Güemes: “...Pedí en su tiempo explicaciones a Belgrano sobre el contenido de la carta fechada por Ud el 3 de Julio, vea lo que me contesta: “No puedo decir a Ud. bastante cuanto he extrañado la pregunta que Ud. me hace acerca de la seducción de oficiales de nuestro Güemes y de ir a atacarlo: ambas cosas no me han pasado jamás por la cabeza y Ud. mismo debe hacerme justicia en vista de mis comunicaciones desde que empecé a tratar con aquél, sabiendo además que he procurado formar la opinión en su favor por cuantos medios han estado a mis alcances, a pesar de todos los enemigos que ha tenido, como es consiguiente a cualquiera que manda. Después de todo ¿a qué seducir a sus oficiales? ¿Por qué he de atacarlo? ¿lo tengo acaso por enemigo de la patria? ¿No soy yo quien le ha propuesto para premios como Ud. sabe? ¿No soy yo el que a virtud de las órdenes de Ud. le he franqueado cuanto ha necesitado? ¿No soy yo el que le he dado pruebas de una sincera amistad, demostrándosela de un modo positivo hasta enviarle cuanto ha necesitado, pidiéndomelo y no pidiendo, sin expreso aviso de usted?. Pero es cansarse en vano tratar de esta materia que la veo fundada en la multitud de chismes de los incendiarios: estoy cierto de que el mismo Güemes hará mi apología en este asunto. Protesto a Ud. que no conozco a sus oficiales y que con ninguno tengo correspondencia; si me han escrito les habré contestado en las materias que me hubiesen tratado; pero nadie me ha hablado en contra de él, ni yo lo habría consentido. ¿Es posible que haya quien piense que soy capaz de mover las armas según mi antojo y más contra un hombre a quien yo mismo elogio y a quien le he dicho que estoy para sostener el orden? Cosas de chismografía: dejémonos de esto y crea Ud. que Belgrano está con juicio: ¡así no me lo quitará la falta de plata con que no puedo atender a Salta, ni a nosotros!” (Tucumán, 18 de agosto de 1818). Los párrafos transcriptos son contundentes: ningún demonio, ninguna intriga, quebraría la firme amistad que se profesaban los envidiados héroes.

 

 

            6. La amistad y una preocupación común: La salud

 

La amistad que Güemes y Belgrano se profesaban fue aparejada a una constante preocupación por la salud del otro. Ambos padecían trastornos digestivos, respiratorios y articulares. El Dr. Armando Pérez de Nucci analizó desde el punto de vista médico la correspondencia de los próceres concluyendo que en ella se mencionan enfermedades y padecimientos, advirtiendo que Belgrano tenía cierta preocupación y conocimientos de diversas afecciones, permitiéndose a veces recetar a distancia.

En una oportunidad Belgrano había escrito a Güemes. “Compañero y amigo querido: Ud. no se cuida, cree que su cuerpo es de bronce y se equivoca; no se debe usted a sí solo, sino a su mujer, hijo y lo que es más, a la Patria y esto debe empeñarlo a tomar precauciones que lo liberten de esos ataques furibundos. Sé que está Ud. aliviado, quiera Dios que continúe en buena salud como lo deseo”... (Tucumán, 3 de octubre de 1817).

El 10 de octubre del mismo año Belgrano le decía: “Por aquello de poeta, médico y loco, todos tenemos un poco, vaya mi receta para el cólico bilioso; lo padecí un verano entero desde las 10 de la mañana hasta las 5 de la tarde y no tomaba más alimentos que agua de agraz helada y helados de agraz. Ud. felizmente no necesitará de tanto pues que ya se ha aliviado; pero a precaución, un vasito de helado de ése ácido o de naranja o limón, todas las noches, después de hecha la cocción y verá Ud. qué tono toma su estómago y cómo se robustece”. Tucumán, 10 de octubre de 1817.

El Dr. Pérez de Nucci expresa: “Para avalar la teoría de que Güemes padecía una dispepsia que estimo de probable origen biliar, se toman como referencia las continuas recomendaciones de Belgrano, sobre todo aquella en la que recomienda dieta y reposo, sin olvidar la mención directa al cólico bilioso”.

La última carta que Belgrano escribió a Güemes fue fechada en Pilar el 10/9/19. En ella expresaba: ”Mi compañero y amigo: voy a marchar dentro de dos días para el Tucumán a ponerme en formal curación hasta recuperar mi perfecto restablecimiento y ponerme en aptitud de trabajar, para concluir a los enemigos que nos amenazan, en unión de todos los que desean ver libre el país. Mis males siempre siguen, aunque hace tres días que he podido suspender los vómitos con el cuidado y auxilio de los medicamentos administrados por el profesor Berdia. De todos modos es su constante amigo. Manuel Belgrano”. El mismo mes Belgrano, ya gravemente enfermo, solicitó la presencia del Dr. José Redhead, quien vivía en Salta y atendía al Gral. Güemes. Güemes actuó inmediatamente posibilitando el traslado del médico. Feliciano de la Mota Botello, quien por entonces gobernaba Tucumán, escribió a Güemes que el Gral. Belgrano estaba reconocido por el envío del médico y que había hecho cuanto pudo por su alivio.

Cabe recordar que Bernabé Aráoz gobernaba Tucumán cuando Belgrano se hizo cargo del Ejército, en 1816. En su condición de gobernante obstaculizaba permanentemente el auxilio que necesitaban las tropas. Como consecuencia de ello, el general solicitó reiteradamente a Juan Martín de Pueyrredón la remoción de Aráoz. En setiembre de 1817 insistió expresando que si no se tomaba dicha medida él se vería obligado a retirarse del Ejército. Aráoz fue destituido y reemplazado por Feliciano de la Mota Botello, teniente gobernador de Catamarca.

En noviembre de 1819 sólo quedaba en Tucumán parte del Ejército Auxiliar, el resto había marchado hacia el centro del país por orden del Director. En esas circunstancias Abraham González y Bernabé Aráoz provocaron una revolución mediante la cual fue depuesto Motta Botello, asumiendo el cargo Aráoz.

El Gral. Belgrano había renunciado por razones de salud al mando del Ejército. Cuando se produjo la revolución se encontraba de visita en Tucumán. González, lugarteniente de Aráoz, encarceló y engrilló al prócer. El Dr. Redhead logró que se lo eximiera de tal tortura, por su jerarquía y estado de salud.

Al conocer tan ingrata noticia, Martín Güemes ofreció asilo a Belgrano para salvaguardar su persona y aliviar su enfermedad. El prócer agradeció el gesto y se dirigió a Buenos Aires asistido por el médico escocés. Vanos fueron los intentos del Dr. Redhead, Belgrano partió hacia la eternidad el 20 de junio de 1820, ocasionando un gran dolor en el corazón a su amigo. Simultáneamente Güemes era nombrado por San Martín, General en Jefe del Ejército de Observación sobre el Perú, quedando sin el respaldo afectivo de su camarada.

 

 

7. La eternidad como lugar para el reencuentro

 

Una prueba más de los infames sentimientos que generaba la relación entre los próceres la brinda el Dr. José Redhead, médico y amigo de ambos, quien escribió a Güemes: “Belgrano, al cabo, en medio de su talento, era el hombre más sencillo que he conocido. Lo engañaban como a un niño y no ignoro las maquinaciones que hubo en Tucumán y aquí para impedir una amistad estrecha entre usted y él”. (Buenos Aires, 7 de noviembre de 1820).

En esta carta Redhead dio un nuevo testimonio de la amistad que unió a Güemes y Belgrano. Uno de los personajes a quien molestaba esta relación fue el ambicioso Bernabé Aráoz. Aráoz provocaría al año siguiente una grave crisis al invadir Santiago del Estero para impedir que llegaran a Salta los auxilios necesarios para que Güemes pudiera marchar hacia el Alto Perú en apoyo de San Martín.

El gobernador de Santiago del Estero, Felipe Ibarra, comunicó a Güemes el 23 de enero de 1821 que procuraba armarse para defender su Provincia del ataque de Bernabé Aráoz agregando: “Este acontecimiento inesperado es el origen de no poder a V. S. remitirle el dinero de los azogues ni de dar curso a su venta. Este gobierno... reclama de V. S. los más vivos y eficaces auxilios para destruir este tirano que sin más atención que su ambición frustra todos los auxilios que podía remitírsele al ejército de su mando, para el progreso rápido de la Nación”.

Ante la situación, el Cabildo convocó a representantes de Salta y Jujuy a una Asamblea en la que se decidió declarar la guerra al gobernador de Tucumán. En consecuencia las tropas Güemistas marcharon hacia ése territorio. En medio del conflicto se produjo una revolución interna en Salta, liderada por comerciantes y antigüemistas, que derrocó a Güemes y lo condenó al destierro. La revolución fracasó. Al regresar Güemes a la ciudad los revolucionarios huyeron unos a buscar el amparo del Gral. Olañeta que nuevamente invadía las Provincias Unidas aprovechando la disputa y otros hacia Tucumán.

Los que huyeron hacia el Alto Perú se aliaron con los realistas y el 7 de junio de 1821 lograron sorprender a Güemes, hiriéndolo. Diez días después el general ingresaba en la eternidad. Allí se reencontró con el amigo de quien tanto anhelaron separar. Martín Miguel de Güemes tenía entonces 36 años, 3 pequeños hijos y una esposa que fue a reunirse con él diez meses más tarde.

 

 

Palabras finales

 

La enseñanza de la historia suele presentar episodios fragmentados lo que dificulta la comprensión integral de personajes, sucesos y el contexto socio político y económico. La ruptura de vínculos, que atenta contra la compresión, me estimuló a abordar un aspecto tan preciado como poco difundido en las páginas de nuestros libros: la amistad entre dos próceres.

Procuré mantenerme en los límites de ése título pero pronto comprendí que no podría, especialmente al analizar las cartas. Cada una de ellas me permitió descubrir el compendio que Güemes y Belgrano realizaron del momento histórico que vivieron. Con sus alegrías, angustias, dificultades, logros, consultas, recomendaciones, etc.

Llevo tiempo pregonando el noble sentimiento que unió a los próceres, pero sólo ahora puedo apreciarlo en profundidad. Al tratar de sistematizarlo una fuente me fue llevando a otra, ampliando el objetivo. Mientras avanzaba más contrastaba la oscura sanción de 1812 con cada carta que leía. Tanto que en un momento llegué a preguntarme: cómo pudieron consolidar una amistad sobre tal base?. Y la respuesta me la dio la integridad y grandeza de sus corazones que les permitió perdonarse mutuamente quizás sin que ninguno se lo pidiera al otro. Desde lo humano esta es una gran enseñanza que nos legaron. Desde lo militar es una prueba de virtudes. Por parte de Belgrano, el reconocer su error y por parte de Güemes aceptar y comprender este reconocimiento.

La normativa interna de una institución verticalista como lo es el Ejército obstaculiza la superación del resentimiento que genera en el subordinado una sanción arbitraria (Güemes consideró que su traslado era un confinamiento que degradaba su honor y distinguidos servicios). En el Superior, las prerrogativas y el ejercicio del mando se refuerzan cuando se adopta una medida disciplinaria que se cree justa (Belgrano había informado que los delitos habían manchado los servicios de Güemes y que sólo absteniéndose de su relajada conducta podría ser útil a la Patria pero no en el ejército bajo su jefatura).

Por otra parte, son excepcionales los reclamos a una sanción y también la resolución favorable de estos. Cuando Güemes recursó la medida, Belgrano la fundamentó y el Gobierno la mantuvo. Años más tarde la situación fue superada y relegada al olvido. Es posible que del vínculo entre ambos prevalezca como más difundido y como ejemplo de rectitud de Belgrano la sanción impuesta y no la unión que lo estrechara a Güemes durante años por el mismo objetivo: la libertad.

Quizás las 129 cartas que Belgrano le escribiera a su subordinado, compañero y amigo sean ignoradas por la mayor parte de esta Nación, cada vez más alejada de la memoria y de la gratitud diaria hacia quienes la forjaron. Por eso estas páginas, motivadas por las palabras con las que Güemes selló sus sentimientos diciendo a Belgrano que sería su amigo hasta más allá del sepulcro pretenden constituir un homenaje. Hoy que ambos están contemplando esta dolida Patria que apenas los recuerda sean estas páginas una clarinada para exaltar su gloria.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

CLARÍN: “Manuel Belgrano. Cartas, anécdotas y testimonios”. Buenos Aires, 2.002

INSTITUTO NACIONAL BELGRANIANO: “Vida del Creador de la Bandera Argentina”. Buenos Aires, 1995.

INSTITUTO GÜEMESIANO DE SALTA: Boletines Nº 7, 8, 9, 12 y 21. Salta, años 1982 a 1996.

 

COLMENARES, Luis Oscar: “Martín Güemes. El héroe mártir”. Ediciones Ciudad Argentina, 1998.

FERNÁNDEZ, María Cristina: Boletín Güemesiano Digital Nº 28. Buenos Aires, Junio de 2002

FIGUEROA GÜEMES, Martín Gabriel: “La Gloria de Güemes”, Eudeba, agosto de 1971.

-- “Verdades Documentadas para la Historia de Güemes”. Universidad Nacional del Litoral, Santa Fe, 1948.

GÜEMES, Luis: “Güemes Documentado”, T 5 y 6. Plus Ultra, 1980.

VILARDI, Julián A.: “Güemes y las once invasiones realistas por el Norte”. Edit. Lito, B. Aires, 1971.

 

 

 

 

 

SÍMBOLOS PATRIOS. CEREMONIAL Y PROTOCOLO,

HERÁLDICA Y VEXILOLOGÍA. PLÁSTICA

DE LA BANDERA NACIONAL

 

 

Raúl MEDINA ALVARADO ·

 

En adhesión al 186º aniversario del paso a la eterna gloria del Gral. Don Martín Miguel Juan de Mata Güemes, el Instituto Güemesiano de Salta me concede el honor de poder adherir a esta magna fecha, mediante un tema de caro sentimiento al hombre argentino, los Símbolos Patrios y dentro de ellos, en particular nuestra Bandera Nacional.

Entonces deberíamos comprender por Símbolos Patrios, al conjunto de representaciones físicas protocolares que muestran la identidad de un pueblo, el cual está ubicado en un espacio geográfico determinado, donde esos emblemas contienen el espíritu de esa sociedad. Dichos elementos son: Escudo – Bandera e Himno Nacional, pudiendo agregarse la Escarapela Nacional, que si bien fue establecida por una resolución del Consejo Nacional de Educación, podría por su historia ocupar el sitial de Símbolo Patrio; se puede agregar la Moneda Nacional, demostración de soberanía y que sobre las primeras de oro y plata en el año XIII, nos brindan hoy en las de un valor de un peso, la información gráfica visual para conocer el origen del escudo nacional.

Estos improfanos elementos no deberían ser confundidos por los Atributos del Poder Público como lo son el Bastón de Mando y la Banda Presidencial, las que a su vez tienen el complemento de temas musicales, que sirven para rendir honores a las autoridades correspondientes, según los protocolos oficiales.

Así como la Heráldica, que es el estudio de los blasones y tiene sus bases toponímicas o patronímicas, la Vexilología que estudia el origen y aplicaciones de las banderas de los Estados, tienen similares características. La primera técnica fue precursora de la segunda, algunos frisos de la antigua mesopotamia bíblica. Inicialmente estos símbolos fueron la simple materializaciones del espíritu social de una nación, de ellas surgieron imágenes que plasmadas por fuerza de imperio, determinaron un grado de jerarquía, propiedad y pertenencia social. En ellas, el pueblo demuestra sus valores; surge espontáneamente la necesidad de expresarse como la síntesis de las representaciones del sentir de su patria. Es un medio de expresión auténtica, sin compromisos, sin condicionamientos, en común acuerdo de partes, con intereses compartidos, con un solo objetivo, el ejercicio de la plena soberanía.

Si ya mencionamos a los símbolos como representaciones físicas protocolares de una sociedad, nos faltaría definir entonces que entendemos como Protocolo. Inicialmente debemos conocer que es Ceremonial; palabra derivada de “ceremonias”: conjunto de expresiones exteriores humanas, por la que se rinde cultos a lo divino o se idolatran cosas paganas. Esas manifiestas individuales, que nacen en el seno familiar, luego de práctica en forma grupal dentro del clan familiar, luego se traslada a la tribu y posteriormente a la nación, lugar donde es práctica habitual espontánea de toda esa sociedad. Esa práctica habitual, espontánea y social es lo que conocemos como Ceremonial. No está reglamentado por el Estado, sino tan solo por las conductas de los hombres que la practican, pero permitida esa práctica por parte del Estado a lo largo del tiempo, se transformará en costumbre lugareña y posteriormente en tradición de esa Nación.

Estamos entonces en presencia de una determinada conducta social, que por intereses en común, el Estado como organizador de esas sociedades, queda obligado, por su poder de imperio, a exigir el cumplimiento de esas ceremonias, con determinadas reglas, estableciendo límites a las autoridades que la practican y jerarquizando los cargos que las mismas ocupan. Estas acciones están plasmadas en la Constitución Nacional y su práctica es el Protocolo, que no es más ni menos que el ejercicio reglado de las ceremonias sociales.

De esta manera tenemos la base conceptual de Ceremonial y Protocolo. Ahora nos toca desarrollar el concepto de Bandera Nacional, su clasificación y protocolo.

El moderno estudio de las banderas, su empleo público, formas, antecedentes y aplicaciones en eventos oficiales, corresponden como ya mencionamos a la Vexilología, rama que integra el Ceremonial y Protocolo y es un estudio particular que apoya a la Historia, se nutre del Derecho y la Geografía. Fue creada en la década del 60, hasta madurar en esta época con la plena vigencia de una federación internacional que une a los expertos de todo el mundo, quienes se reúnen periódicamente para ajustar normas y mostrar hallazgos.

Podemos de esta forma hacer una breve recorrida sobre las distintas clasificaciones en cuanto a la forma y en el uso protocolar de la bandera:

1º) Algunas formas de banderas públicas

Bandera rectangular:

Bandera cuadrada

Banderas farpadas

Banderas cornetas

Banderolas.

Estandartes

Gallardetes

Gallardetón.

Grímpolas

Palón

Pendón

Repostero

Catavientos

 

2º) Banderas de los Estados Argentino

Bandera Nacional

Banderas Provinciales

Banderas de las Municipales

 

4º) Banderas de uso protocolar

Banderas de los Estado soberanos reconocidos por la ONU

Bandera de Ceremonia

Bandera de izar

Bandera Presidencial

Bandera del Ministerio de Defensa

Banderas de Guerra

Banderas Conmemorativas

Banderas Representativas

Bandera de Izado Permanente

Bandera de los Pasos Fronterizos Habilitados

Banderas Históricas Nacionales

Banderas Especiales: ONU – OEA – OTAN – UE- Olímpica – MERCOSUR

Bandera del Estado Pontificio del Vaticano

Bandera de Uso en los Vehículos Diplomáticos

Banderas de Ayudas Humanitarias

Bandera de los Pueblos Originarios

 

5º) Bandera de Uso Particular

Paños para ornamentar con los colores particulares

Banderas para las mesas de servicios y/o negociaciones

Banderas para uso comercial

Banderas de Instituciones No Estatales

Banderas para las Aeronaves

 

6º) Banderas de Uso Marítimos

Bandera del Palo Bauprés

Bandera para la Navegación y en Puerto

Señales Marítimas Internacionales

Servicios de Engalanado a bordo

 

Para el uso protocolar de las Banderas Nacionales existe una plástica, la cual funciona según determinadas reglas que son propias del Protocolo de Estado. Ellas tienen su origen en el Ceremonial y Protocolo y son empleadas sobre la base del Orden de Precedencia Protocolar (1) y Principios de Analogías del Ceremonial.

Una de las reglas de Cortesía y Urbanidad es la Precedencia, guía la cual establece en nuestro caso que la enseña nacional debe estar siempre ubicada, jerárquicamente, delante de cualquier otra bandera oficial o del ámbito privado. Asimismo, cuando ocupe lugar en el estrado, estará a la derecha del mismo o sea a la izquierda del observador. Si la presidencia de una autoridad ocupa el centro de esa tribuna, la enseña nacional estará a la derecha del mismo, en esa posición presidencial no debe ceder su lugar como bandera de estado nacional.

Si en el acto existiera más de una bandera oficial, habrá que analizar y determinar qué lugares ocupan cada una de ellas; inicialmente por razones de soberanía nacional no cede nunca su lugar de presidencia y el resto de la o las bandera/s será/n ubicada/s por par centrado si existieren dos, por alternancia en el caso que haya tres o más bandera o en función al orden alfabético o a la antigüedad en función a la fecha de presentación de las cartas credenciales de los países que representan. En un ceremonial moderno, todo dependerá del tipo de evento protocolar que se desarrollará.

 

 

 

 

(2) Un día de engalanado del mástil perteneciente al edificio del Estado Mayor General de la Armada – Ciudad Autónoma de Buenos Aires - Año 2006

Recomendación, las banderas oficiales de pie no son ornamentos, se colocan siempre antes del acto y no durante o posterior al acto, por el principio de respeto a la Enseña Nacional. Si existiere un abanderado y escolta, ellos deben siempre ingresar antes del inicio del acto protocolar y no se colocan banderas oficiales de pie, en este caso si se puede ornamentar con los colores patrios el evento. Este tipo de banderas se denominan repostero.

Pero antes de continuar con la aplicación de los principios generales del Ceremonial y Protocolo de Estado, en particular durante el uso público de nuestra Bandera Nacional, debemos hacer unas reflexiones. La primera es reconocer que en nuestro medio social se fue perdiendo la práctica del honor a la bandera, siendo ésta, empujada solo a la ejecución por parte de las fuerzas armadas y de seguridad de nuestra república en sus propios recintos, en algunos actos escolares y esporádicamente en instituciones culturales, cuando esa práctica debería ser una costumbre ciudadana, no solo para nosotros sino también para quienes adquirieron nuestra nacionalidad.

Menciono una simple observación: ¿Cuántas veces habremos visto, como ese paño sagrado que nos representa, que colocado en lo alto de un mástil, está hecho casi jirones y manchado por la suciedad del medio ambiente?. ¡Urgente, debemos hacer algo! para que la misma luzca humilde pero limpia y presentable ante los ojos de nuestros ciudadanos. ¿Es nuestro deber tener esta iniciativa para con esta cara enseña patria!

En la clasificación precedente se ha mencionado para los actos públicos la clasificación de Bandera de Ceremonia y Banderas para Izado, deseo recordar que ambas deberían mantener la misma jerarquía protocolar pero se diferencia en el uso público a la que se las someten; así vemos que por un lado se menciona el simple uso y por otra la pluralizamos, ¡Pues bien! Existe una única Bandera de Ceremonia, lleva los colores celestes blancos y celestes con el sol figurado en el medio, en conformación rectangular, preferentemente en paño doble en gro de seda; es la expresión máxima de la enseña en cualquier institución argentina; solo podrá ser lucida públicamente en ocasiones extraordinarias, portada por personas extraordinarias y con una serie extraordinaria de ritos establecidos por normas superiores, en este sentido por el protocolo institucional que correspondiere.

En el caso de las Banderas de Izar, las mismas son de un empleo mas amplio, no por ello pierden la identidad como símbolo del estado, sino que su demostración en el uso diario, está sujeta a otras formalidades, incluso difieren la textura del paño. Son utilizadas para identificar la propiedad de un lugar. Disponen de una normativa para el izado, arriado, traslado hacia y desde el respectivo mástil, con personas designadas para tal fin y fechas en la cual estarán izadas a pleno o a media asta. El tamaño debe ser en general, directamente proporcional al mástil donde flamea. Debe izarse a las ocho de la mañana y arriarse a la puesta del sol, en invierno a las seis de la tarde y en verano a las ocho de la noche, por norma universal.

Existen estados nacionales que demandan la mejor tela en la mejor calidad para sus propias banderas de izado / arriado como también para las de ceremonias, en este último caso difiere por que tienen adosados ribetes como por ejemplo los gusanillos de seda en hilo de oro, como forma de diferenciarse de las de izar. En nuestro país, las banderas de izar están determinadas su confección por normas Iram y su empleo están basadas en normas militares que provienen de la época de la colonia e independencia.

El uso y costumbre de nuestra enseña patria deriva, como se anticipó oportunamente, de la cultura colonial española, donde establecen las diferencias y jerarquías para la misma. En este caso recurro a la palabras escritas de uno de los mayores expertos en el tema en nuestro país, el licenciado Alberto Rubén Perazzo, quien en su libro Manual de Vexilología Universal – Editorial Dunken / Abril de 2005, en la página 13 hace mención a una clasificación de las enseñas basadas en la representatividad y orden de las mismas, tal el caso de “bandera”, donde dice que: -“deben ser usadas por los reyes, duques, marqueses, condes, vizconde, almirantes y barones”-. Bien sabemos que antes de los estados modernos, el mismo estaba representado por la realeza, de allí que esta acepción con el devenir del tiempo se fue transformando y trasladando a quienes hoy conformamos ese estado, los ciudadanos.

Otra es el palón: -“es propia de las ciudades, villas y comunidades” -. El pendón: “es para el uso de las comunidades religiosas tales como la Santiago, Calatrava, Alcántara y San Juan.”-. El guitón: “señala la presencia del rey o emperador”-.

Si bien estas enseñas fueron evolucionando con el tiempo, los cambios en general sobre su figura fueron pocos, hoy en este tercer milenio siguen teniendo plena vigencia las normas de origen europeo, que fueron transmitidas por los ejércitos conquistadores y los grandes navegantes marinos. Cada nación dispone de sus propios protocolos para todos los movimientos de las autoridades del Estado y consecuentemente sus símbolos y dentro de ellos en forma particular las que hacen al uso público de su bandera. Tal es el caso del guitón en nuestro país, enseña que se puede ver lucir diariamente en la azotea de la Casa Rosada; esta enseña indica el lugar y la presencia del Presidente de la Nación, en su calidad constitucional de Comandante de las Fuerzas Armadas Argentinas. En la época española, indicaba la presencia del Rey o Virrey, dependiendo geográficamente donde estábamos situados.

¿Y porqué es rectangular nuestra enseña patria? Siguiendo los conceptos del licenciado Perazzo y acorde a los principios vexilológicos, simplemente por que la bandera real de España tenía y mantiene esa forma rectangular, que por uso y costumbre la adoptamos en el tiempo de la independencia, llegando así hasta nuestros días. En general los documentos referidos a nuestra enseña patria hablan sobre el uso público y los colores, pero nunca de cambiar la forma rectangular.

Entonces a modo de conclusión, podemos decir con certeza que nuestra Bandera Nacional Argentina tiene preeminencia sobre cualquier otra bandera, sea esta de otro/s estado/s nacionales, provinciales, municipales o instituciones privadas.

Antes de finalizar y con respecto a este magno recuerdo, pude leer en Güemes Documentado, la clara identificación de algunos de los distintos abanderados que tuvieron los cuerpos militares a órdenes del Gral. Martín Güemes, tales como don Manuel Borije, quien es identificado por percibir su paga por tal cargo; Diego Ampuero y Celedonio López, ambos abanderados de los Infernales. Portaguiones del Regimiento de Granaderos a Caballo, como bien sabemos era uno de los escuadrones de caballería asignados al cuerpo de los Infernales: Nicolás Villalba, Miguel Antonio Cairo, Pablo Melgar y Antonio Tinajero.

Ahora, una pregunta que me intriga desde hace un tiempo a esta parte, ¿Entonces… qué bandera identificaba al Ejército de Observación a cargo del Gral. Martín Güemes o cuál fue la utilizada durante la Gesta Güemesiana? Descuento que los portaguiones llevaban confalón, enseña de menor grado que un estandarte, con la que cada escuadrón de caballería se identifica en todo momento; quizás hayan exhibido una “coronela”, conocidas como bandera de regimiento que como similitud está la Bandera del Ejército de los Andes. Recordemos que a partir del Congreso de Tucumán de 1816 ya teníamos una bandera que nos identificaba como país libre y soberano. ¿Pero cuál fue la ostentada en esta pírrica lucha?. Esta pregunta sería tal vez otro capítulo a indagar en la vida política y militar de nuestro Héroe Nacional.

Por último deseo compartir con todos ustedes las palabras del embajador Blanco Villalta, eximio maestro del ceremonial en todo el mundo y plasmado en su libro “Ceremonial – Una filosofía en el tercer milenio”: -“El ceremonial no crea jerarquías, solo las reconoce; tampoco inventa honores ni los otorga, ni fomenta el boato, solo establece un orden que haga posible las mas libres y cómodas relaciones. No complica, simplifica. No crea problemas, solamente los evita. Recordemos el pensamiento de la antigua China acerca de que los cánones del comportamiento son afines a una moral de la actitud”-. Así deberíamos mantener el tratamiento protocolar de nuestras enseñas patria.

(1) Decreto Nº 2072 / 2002 – Orden de Precedencia Protocolar en la República Argentina.

(2) Descripción de la fotografía:

2.1 – Al tope del mástil una bandera azul tipo indicativa, con cuatro estrellas que muestran la presencia en el lugar del Señor Jefe del Estado Mayor General de la Armada.

2.2 - Bandera Nacional para Izado, denominado de 3º tamaño, al tope del mástil.

2.3 - Hacia ambas bandas (lados) del mástil, sobre estays, banderas de señales internacionales y numerales, que sirven como engalanado del palo mayor, el cual perteneció a una embarcación tipo destructor.

2.4 - Hacia los laterales se observan drizas de apoyo al embanderado del mástil, utilizados para el izado de otras enseñas navales militares.

2.5 - Al pie del mástil, una Guardia Militar de Honor, con personal de marinería provista del respectivo pito marinero.

 

 

FUENTES CONSULTADAS

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

BERISSO, María: “Protocolo y Ceremonial. Oficial, Empresario y Social”. Editorial Espasa, Buenos Aires, 1999.

BLANCO VILLALTA, Jorge G.: “Ceremonial. Una filosofía para el tercer milenio”. Editorial Valletta Ediciones. Buenos Aires, 1999.

GOTELLI, Aníbal: “Ceremonial Moderno”. Fundación C.I.D.E.C. Buenos Aires, 2005.

GÜEMES, Luis: “Güemes Documentado”, Tomo 8. Editorial Plus Ultra, 1984.

JANKOWIC, Elena: “La etiqueta social en los negocios”. Editorial Deusto, Madrid, España, 1992.

MESSIA DE LA CERDA Y PITA, Luis F.: “Heráldica Española”. Editorial Edimat, Madrid, España, 1998.

MIRANDA, Bruce: “Mitford. El Libro Ilustrado de Signos y Símbolos”. Editorial El Ateneo, Buenos Aires, 1997.

OLIVER, Stefan: “An Introduction To Heraldry”. Editorial Grange Book, Londres, 1997.

PERAZZO, Alberto Rubén: “Manual de Vexilología Universal”. Editorial Dunken. Buenos Aires, 2005.

SILVA CONCHA, Mario: “Ceremonial y Protocolo”. Fondo de Cultura Económica, Santiago de Chile, 1997.

VILARRUBIAS, Felio A.: “Tratado de Protocolo de Estado e Internacional”. Ediciones Nobel, Madrid, España, 2000.

 

 

 

LA BANDERA DE IRUYA

 

 

María Inés GARRIDO de SOLÁ ·

 

No se puede hablar de la Bandera de Iruya, si no se la sitúa en el tiempo y en el espacio en los que se desarrollaron los hechos que la generaron. Para ello, tenemos que comenzar por destacar la ubicación geoestratégica de Salta, en el centro del Virreinato del Río de la Plata. Esto le trajo prosperidad económica, poder político, vinculaciones sociales y desarrollo cultural, gozando de una situación privilegiada.

El pronunciamiento de 1810 en Buenos Aires, llevó a los americanos a asumir el ejercicio del gobierno propio. Como era de esperarse, el virreinato del Perú, centro del poderío hispánico en América, llevó adelante todo intento por anularlo, mientras desde Buenos Aires subían los ejércitos para terminar con dicha amenaza. Salta se adhirió al pronunciamiento con su posición y recursos; lo que la convirtió en el epicentro de un prolongado y encarnizado enfrentamiento.

Las derrotas de Huaqui, Vilcapugio y Ayohuma sucesivamente demostraron que, si el objetivo era terminar con el centro del poder realista, el camino no era por estos rumbos. El enemigo concentraba aquí todo su poderío, con el propósito de bajar hasta Buenos Aires, para terminar con el único foco, aún en pie de la rebeldía americana.

Para defender a las Provincias Unidas del Río de la Plata y emancipar el resto de América había que abandonar ésta ruta, optando por la ofensiva por el oeste, venciendo la barrera natural de los Andes, para caer en Chile primero y en el Perú después. Para que esto fuera viable, había que mantener la defensiva en el tradicional escenario de confrontación, el alto-peruano y el salto-jujeño, con un doble propósito. Por un lado, para evitar el avance del enemigo y que con ello, anulara toda posibilidad de acción y por el otro, dividir su poderío en espacios distantes y distintos, a fin de impedir que con su concentración tornara imposible la nueva opción por el oeste. Concretada ésta etapa, operaría la ofensiva e invasión, tanto desde las Provincias Unidas del Río de la Plata, cómo desde Chile, juntándose en el Perú los ejércitos operantes, para terminar con el dominio hispánico en América.

Güemes participó activamente en uno de los frentes decisivos de la contienda, el salto-jujeño. Primero liderando las avanzadas, con la misión de contener al enemigo, lográndolo con éxito y tras la derrota del grueso del ejército regular en Sipe - Sipe, le fue confiada la defensa de las Provincias Unidas del Río de la Plata y la seguridad del ejército derrotado. Los hechos históricos son muy complejos para ser obra de un hombre, evidentemente son concretados por el sujeto colectivo, el que enaltece a quien lo guía en aras de objetivos supremos.

A partir de junio de 1816, Güemes actuó como conductor, no como comúnmente escuchamos, de una montonera de gauchos desorganizados, sino del accionar de un auténtico ejército de milicias campesinas, no estable, pero sí organizado. Contaba con un Estado Mayor, escuadrones y compañías, agrupados acorde al lugar de dónde procedían y con todos los servicios propios de un ejército en campaña.

Las acciones que llevaron adelante no respondían a la estrategia de una guerra regular, con tropas de línea o veteranos, que lucharan mediante batallas campales, sino que apelaron a la guerra de recursos. Sin recibir, ni dar batalla decisiva al enemigo: persiguiendo, acosando y castigándolo en sus posiciones y movimientos; guerra lenta y penosa, llevada adelante por hombres aunados con el paisaje en una conspiración perpetua. Obligaron al enemigo a actuar en un vastísimo espacio, alejado de sus bases de operaciones, sin ningún apoyo logístico y enfrentado al desgaste de la guerra de recursos, la que a lo largo de la historia siempre resultó triunfante.

El espacio social en el que se desarrollaron las acciones no fue la frontera norte de las Provincias Unidas, cuyos límites en esa dirección, heredados del antiguo Virreinato estaban en el confín de la actual república de Bolivia. Por lo que a Güemes erróneamente se le sigue llamando defensor de la frontera norte de las Provincias Unidas, cuando en realidad fue el supremo defensor de su independencia. Los cientos de combates que libraron sus hombres, acontecimientos de efímera duración, formaron parte de un proceso histórico, obra del sujeto colectivo: el pueblo en armas, el que luchó y murió con valor y honor por la libertad de ésta tierra y la de su gente. El ejército regular no volvió a operar y los intentos enemigos de llegar a Buenos Aires, sólo se disiparon cuando San Martín desembarcó en Lima.

Ahora era necesario pasar a la ofensiva, desde el centro de las Provincias Unidas del Río de la Plata avanzando hacia el norte, con el apoyo de los altoperuanos. Mientras San Martín desde Lima se proyectaba hacia el interior para atrapar entre ambos, en un movimiento envolvente, a las fuerzas enemigas. Este desafío era de difícil ejecución, pues la guerra civil enfrentaba a las provincias hermanas, llevándolas a la disolución nacional en 1820. Sólo se podía confiar en la demostrada eficiencia y disposición de Güemes y de quienes lo secundaban, en la larga contienda sostenida con recursos propios. San Martín lo nombró jefe del ejército, que debía accionar desde éste frente, logrando poner en marcha la avanzada que llegó a Inquisivi, en febrero de 1821. El enemigo asignó vital importancia a este doble frente ofensivo de San Martín y Güemes, tratando de evitarlo por todos los medios, a fin de neutralizar el eventual avance combinado. Para ello se inclinó por decisiones extremas, tales como la de apresar o matar a Güemes, logrando lo segundo en un desesperado y último avance sobre Salta.

Tras la muerte de Güemes en el frente salto-jujeño se acordó una tregua, la que comprometió la situación de San Martín, al permitir que las fuerzas enemigas, que operaban aquí pasaran a reforzar a las del Perú. Esta nueva situación afectó el desembarco de un ejército por los puertos intermedios, las operaciones en las Sierras y las de los patriotas del Alto Perú. Las sucesivas derrotas en estos frentes, llevaron a San Martín a entrevistarse con Bolívar en Guayaquil, dejando en sus manos el triunfo final frente al enemigo.

Con lo expuesto quedó demostrado que Güemes constituye con San Martín y Bolívar, la trípode gloriosa sobre la que descansa la independencia americana. En pro de la misma causa, actuaron en tres escenarios distintos: el centro de las provincias Unidas del Río de la Plata, Chile y Perú, Venezuela y Nueva Granada. Las tres campañas fueron fundamentales y se complementaron, en pro del visionario destino americano. Pensado, no sólo en lo militar en pro de la emancipación, sino fundamentalmente en lo político, en favor de la unidad.

La Bandera de Iruya es un testimonio de la actuación de los hombres del general Martín Miguel de Güemes, en la lucha por la independencia de la Gran América. Pero también lo es, de quienes en la época de don Juan Manuel de Rosas, defendieron la soberanía del actual territorio nacional, frente a la agresión extranjera.

Los episodios analizados no son suficientemente conocidos y demuestran cómo los hombres de ésta tierra no dejaron nunca de combatir por la Patria, desde la tierra que los cobijaba. Hemos analizado el primer contexto temporo-espacial, en el que se generó la Bandera de Iruya, el que se corresponde con su franja central, a la que dedicaremos toda nuestra atención. Dejamos para más adelante el abordaje del segundo contexto temporo-espacial, el que se corresponde con las franjas laterales, lo que nos permitirá develar el misterio de su origen.

La Bandera se encuentra depositada en la Iglesia de San Roque y Ntra. Sra. del Rosario en Iruya, Provincia de Salta.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La misma está compuesta por una franja central y dos laterales. Las laterales no se corresponden con la central, ni en la textura de la tela y menos en su estado de conservación. A ello se suma la memoria colectiva, la bibliografía y la documentación existente, todo lo cual impone su tratamiento por separado. La franja central coincide con los estandartes de guerra en la época de la Independencia. Su antecedente es la "coronela" con el Escudo Real estampado, usada por los regimientos del ejército español.

En Mayo de 1810, como ya dijimos, los americanos asumieron el ejercicio del gobierno propio en el Río de la Plata y la Asamblea General Constituyente a comienzos de 1813, hizo lo propio con la soberanía política, en representación del pueblo.

En Salta y Jujuy al conmemorar el tercer aniversario de las decisiones citadas, para presidir los festejos en mayo de 1813, ya no cabía la presencia del pendón real, por lo que se enarbolaron los “estandartes de la libertad”. En ellos se reemplazó el escudo de las armas reales por el sello de la Asamblea, el que representaba al nuevo soberano[54]. En el de Salta al sello del nuevo soberano se sumó el escudo de la ciudad, en el lugar de las insignias de los regimientos. Se enarboló únicamente en esa conmemoración.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

También el sello de la Asamblea es el que aparece -con pequeñas variantes-, en la franja central de la bandera de Iruya.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Lo primero que concentra la atención, es la elipse trazada verticalmente y su campo cortado en dos partes iguales, por el diámetro menor de la figura. El cuartel superior es del color natural de la tela, amarillenta por el paso del tiempo; el inferior es más oscuro, hoy amarronado, lo que evidencia que fue coloreado, pero con los colores invertidos en relación al original celeste y blanco, que es el que todos conocemos. En el cuartel inferior se mueven de ambos lados, dos brazos - no desnudos-, uno inclinado ligeramente de abajo hacia arriba y el otro a la inversa, y sus manos encajadas sostienen la pica, cuya base no llega al pie de la elipse. La pica alza un gorro frigio, con su tradicional color rojo, a una altura de la parte central del cuartel superior, que remata cerca de la extremidad superior de la elipse. El campo está flanqueado por una rama de laurel por un lado y por el otro de una que parece ser de una especie distinta, quizás de mirto. Las ramas unidas abajo por un lazo de cintas y abiertas arriba, coronadas por un sol esplendente -no naciente-, en forma de disco con cara completa, rodeada de rayos rectos -no alternados con ondulantes-, pero si con un áurea resplandeciente de gran tamaño.

La presencia de trofeos militares: un tambor y puntas de bayonetas, en el lugar que antes ocupaban las Armas Reales, se corresponden con la moneda de oro mandada a acuñar por la Asamblea General Constituyente, en la Casa de la Moneda de Potosí a principios de 1813. Este detalle refuerza la fecha de origen del estandarte[55]. Los estandartes se hacían con la tela disponible, en este caso, es rústica como si fuera liencillo, raído en partes por el paso del tiempo.

Los colores identificables son sólo el amarillo y el rojo, el resto es amarronado, por la acción del tiempo o por la falta de disponibilidad de otros, ya que sólo disponían de los que la naturaleza les brindaba. Su forma es rectangular, pero los bordes unidos a las franjas laterales no se muestran raídos ni deshilachados y el escudo no está centrado, lo que evidencia que fueron recortados, haciendo que luzca mayor el alto que el ancho. Sus medidas son aproximadamente: 1,88 mts. de alto por 0,67 cm. de ancho. Estas dimensiones son coincidentes con las de los estandartes de la época. Los estandartes no eran extraños en los ejércitos de la independencia.

Los Valles y serranías de Santa Victoria e Iruya, por su posición geográfica, participan activamente en las guerras de nuestra independencia. Desde septiembre de 1810 la región se pone en pie de guerra (...) Como lugar casi obligado de tránsito (...) Durante la gloriosa guerra gaucha, Iruya y Santa Victoria tuvieron un papel descollante (...) En el primer escenario, las partidas gauchas batieron al enemigo en múltiples ocasiones, especialmente en Colanzulí el 25 de noviembre de 1817 y en Iruya el 12 de mayo de 1819.

El estandarte es un hecho, que identificara a las milicias campesinas lugareñas, en los combates librados contra las fuerzas españolas. Múltiples son las fuentes que dan testimonio de ambos combates. El primer combate aparece citado en un parte de guerra, de uno de los más dilectos capitanes de Güemes, el coronel Manuel Arias, se dirigía al primero el 28 de noviembre de 1817 diciéndole entre otras cosas: “De mi parte he tenido dos hombres muertos (...) Estos han labrado con su sangre la defensa de nuestra libertad. Una partida que tenía por Colanzulí y que no se me ha reunido, ha tomado dos prisioneros de los granaderos de reserva, ambos con sus fusiles y municiones, y un muchacho pequeño que venía incorporado al enemigo”[56].

Reconocidos historiadores de Salta y Jujuy - Atilio Cornejo, Emilio Bidondo, Ricardo Rojas y Ricardo Solá entre otros-, citan ambos combates en sus más destacadas obras[57]. También aparecen citados en las Publicaciones Oficiales, como la del Ministerio de Acción Social y Salud Pública de Salta, sobre los Departamentos de Santa Victoria e Iruya[58].

Las fuentes son incontestables en cuanto a la existencia real de los estandartes de la libertad, en las luchas por la Independencia y de los combates, que tuvieron al de Iruya frente a sus sufridos gauchos. Aunque no aparezca citado expresamente el estandarte, tras el cual marcharon los héroes de ambas jornadas, la correspondencia con la época, el lugar y la situación es total y por otra parte era común que no se los mencionara. Es más, no había razón alguna para hacerlo por ser un distintivo que identificaba y motivaba a quienes marchaban y luchaban en su lugar de origen.

Con respecto a las franjas laterales, ni la textura de la tela, ni su color, ni su estado de conservación se corresponden con la época de los combates de Colanzulí e Iruya respectivamente. Por las fechas de los combates -1817 y 1819-, podría plantearse el interrogante ¿por qué el uso de un estandarte de guerra cuyos elementos se remontan a 1813, cuando el Congreso reunido en Tucumán, tras declarar la independencia el 9 de julio de 1816, había reconocido como distintivo de la nueva nación a la bandera celeste y blanca?

Es decir, ¿por qué no marcharon al combate los bravos gauchos, que en el frente salto-jujeño y altoperuano, defendieron la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, tras la bandera celeste y blanca?. En esto, no sólo influyeron las distancias, la dificultad de las comunicaciones y el ser escenario de la guerra, sino que quedó expresamente establecido por el Congreso, que la misma: “se usaría como bandera menor por parte de los ejércitos, buques y fortalezas”[59]. Es imprescindible aclarar que los gauchos no formaban un ejército regular en operaciones, sino heroicos cuerpos de las milicias campesinas locales. Estas mediante la guerra de recursos, llevaron adelante la gloriosa defensa de la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, conducidos por Güemes y sus capitanes, entre los que se destacaban Manuel Arias y Luis Burela, cuyos hombres fueron los que definieron a favor de la libertad el primer y segundo combate respectivamente, presididos por el motivador estandarte[60].

Diez años después, en 1829 el general Andrés Santa Cruz se hizo cargo del gobierno de Bolivia y en agosto de 1836, por la fuerza de las armas reunía en un sólo estado a las repúblicas de Bolivia y del Perú. Durante los años 1837 y 1838, los territorios que fueron escenario de la guerra por la Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata, nuevamente eran testigos de hechos de armas.

Ahora en ocasión de la guerra invasora que el mariscal Santa Cruz emprendió contra las provincias del Norte, en una tentativa por incorporar una parte de su territorio a Bolivia, constituida en nación independiente once años atrás, por determinación del libertador Bolívar. El ahora mariscal Santa Cruz, frente al gobierno de la Confederación Peruano-Boliviana, a mediados de 1836 empezó a hacer sentir su presión expansionista sobre Chile y