LA CIENCIA EN LA EPOCA DE GÜEMES

Martín Miguel de Güemes nació en Salta en 1785 y murió en 1821. Su corta existencia se encuentra inscripta en un periodo de cambios importantes en la política y las ideas. Sabios como Azara, Bonpland y Haenke brillaban en aquella época, y desde Salta se hacían observaciones que interesaban a Humboldt.

Por Ricardo N. Alonso

¿Cuál era el estado del conocimiento en Salta en la época de Güemes? Comencemos señalando que el padre de Güemes, don Gabriel de Güemes Montero, era un hombre ilustrado y cumplía funciones de tesorero real de la corona española. Logró que su hijo tuviera una buena educación con maestros particulares que le enseñaron los conocimientos filosóficos y científicos de su tiempo.

Es interesante saber que en 1783 fue él quién desde Salta prestó apoyo económico y logístico a la misión científica enviada al Chaco por el virrey de Buenos Aires al mando del Teniente de Fragata Miguel Rubín de Celis, que constaba de 200 hombres y debía buscar el "Mesón de Fierro", un meteorito considerado entonces una rica mina de plata.

Rubín de Celis es recordado además por haber impulsado la creación de academias (como se solía designar a las universidades) con buenos profesores de química, geometría y mineralogía. Formaron parte de la expedición don Pedro Antonio Cerviño (1757-1816), quién dirigió la Escuela de Náutica fundada por Belgrano y donde enseñó matemáticas, geometría e hidrografía, junto con el salteño Francisco Gavino Arias (1732-1808).

Un acontecimiento importante ocurre 18 años antes del nacimiento de Güemes y va a tener gran impacto en lo referente a la enseñanza y a la ciencia. En 1767, por real orden de Carlos III, los jesuitas son expulsados de todos los territorios metropolitanos y coloniales. De esa manera se corta la enseñanza que trasmitían en las principales universidades americanas.
A partir de allí, la responsabilidad de la enseñanza pasa a otras órdenes religiosas, principalmente los franciscanos.

Azara, erudito observador

Un contemporáneo de Güemes es el gran sabio español Félix de Azara (1746-1821), quién permaneció 23 años en el Plata y en Asunción de Paraguay. A este erudito, observador científico, naturalista, cartógrafo y geógrafo se le debe la mejor descripción de la flora, la fauna y la gea de su tiempo para estas regiones del cono sur. En algunas de sus observaciones biológicas, Azara se adelantó al propio Darwin como ha sido reconocido por científicos modernos.

Otro sabio contemporáneo de Güemes, fue el naturalista checo Tadeo Haenke (1761-1817), integrante de la expedición de Malaspina, quién se quedó a vivir en Cochabamba donde llevó a cabo importantes estudios en botánica, química y mineralogía. Fue él quién desarrolló las investigaciones químicas y mineralógicas para el uso en la fabricación de la pólvora negra de los nitratos naturales de la costa chileno-peruana. Haenke publicó en el Telégrafo Mercantil un notable trabajo sobre la minería de nuestro país.

Este importante periódico era recibido en las casas principales de Salta. Allí se publicaron trascendentes trabajos sobre comercio, agricultura, industria, navegación, mineralogía, geografía, historia eclesiástica, civil y natural de esta parte de América, los que eran de lectura obligada entre la intelectualidad de la época. Basta recordar que ese periódico había nacido para inspirar al pueblo en la inclinación a las ciencias y las artes.

También contemporáneo de Güemes fue el sabio francés Amadeo Bonpland (1773-1858) quién llegó al Plata en 1817 y en 1820 se estableció en Corrientes y Misiones. Bonpland fue el compañero de viajes de Humboldt y con él publicó importantes trabajos. Botánico excepcional ha pasado a la historia de la ciencia universal.

Otros personajes destacables

En tiempos de Güemes en Salta es muy poco lo que se conoce como ciencia local. Un vecino erudito de Salta en esa época era don Filiberto de Mena. Gracias a sus biógrafos sabemos que era nativo de Chile y se afincó en Salta en 1755 y que ocupó varios cargos públicos delicados, desenvolviéndose en ellos con lucimiento. Escritor recomendable de condición andariega y de espíritu observador, viajó por el virreinato y acompañó al gobernador Campero en su expedición al Chaco en 1764. Dejó escrito un trabajo muy importante, fechado en 1791, donde trata de la arqueología, las minas de Salta y el terremoto de Esteco.
Entre las personas ilustres de la Salta güemesiana se destacaban varios médicos. El Dr. Miguel García y García, médico y filósofo nacido en Murcia se radicó en Salta en 1776 y murió en 1799. En su biblioteca se encontraban además de textos de medicina, otros sobre química, física y ciencias naturales que da cuenta de su afección a la lectura y de su saber científico.

El Dr. Diego Beltrán Ladrón de Guevara Estaquero y Cuadrado, originario de Andalucía, residió en Salta desde 1785 hasta 1799, año en que murió soltero a los 50 años. El Dr. Carlos Hurtado de Mendoza, licenciado, doctor y profesor de medicina, que tuvo importante actuación como facultativo.

El Dr. Manuel Díaz de Corcuera que parece haber sido uno de los primeros en suministrar la vacuna contra la viruela y que actuó en Salta entre 1779 y 1808. Otros médicos no originarios de España se habían radicado en Salta en 1805, entre ellos los facultativos escoceses Robert Martín Miln y Joseph Todd.


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